
Si te has leído la Casa Desolada (Bleak House) de Charles Dickens, eres fanático de Fire Force o fuiste traumado por el episodio de South Park, conoces la Combustión Espontánea. La SHC, como le dicen por sus siglas en inglés, es un misterioso fenómeno que ha sido reportado alrededor de unas 200 veces en más o menos tres siglos de registros. Por lo general, los reportes de este extraño suceso van así:
Alguien va a visitar la casa de un pariente, usualmente un nieto visitando a su abuelo que vive solo. Apenas cruzan la puerta, un fétido olor a carne quemada y grasa les llega a la nariz, pero no encuentran fuente de humo o llamas. Buscando a su familiar, eventualmente llegan al origen del hedor. Si no fuera por un círculo quemado en el piso (sobre todo si es de madera), una mancha negra en el techo y un montón de cenizas en un lugar en específico, no habría forma de saber que hubo un incendio allí.
El estado de la víctima casi siempre es el mismo: el montón de cenizas antes mencionado con las extremidades intactas. ¿Y lo más extraño de los casos? No había chimenea, vela o fuego alguno que pudiera comenzar el incendio. La falta de origen de las llamas y lo localizado del daño hizo que los detectives asumieran que se trataba de Combustión Espontánea: la persona simplemente ardió de la nada como si fuera la Antorcha Humana.
Pensarás: «Bueno, esto habrá sido en los 50 o 60, cuando la ciencia aún era un poco primitiva». Pues el caso más reciente se dio el 22 de diciembre de 2010 en Galway, Irlanda. Michael Faherty, un hombre de 76 años, fue encontrado hecho cenizas en la sala de su casa. Tras un año de investigación, el forense Dr. Ciaran McLoughlin solo pudo concluir que se trataba de SHC.
El primer caso de Combustión Espontánea de la que se tiene registro se remonta a finales del siglo XV. En 1641, el médico y matemático danés Thomas Bartholin publicó la colección «Historiarum Anatomicarum Rariorum» (Historias Anatómicas Extrañas), donde menciona el caso de Polonus Vorstius. Vorstius era un caballero medieval italiano que, de acuerdo a los relatos de la época, tomó un vino muy fuerte en 1470. Poco después de terminar su copa en su posada en Milán, empezó a vomitar llamas que lo consumieron por completo.
En 1673, el autor francés Jonas Dupont relató en su libro «De Incendiis Corporis Humani Spontaneis» (Sobre los Incendios Espontáneos del Cuerpo Humano). Se supone que este fue el libro que leyó Charles Dickens para escribir la muerte del Sr. Krook en Casa Desolada.
En 1725 se dio uno de los casos más famosos de SHC, cuando el dueño de una posada francesa se despertó al sentir un olor a humo. Cuando volteó a donde se encontraba su esposa acostada sobre un montón de paja, solo encontró cenizas, una calavera y un par de huesos de su espalda y piernas. Ni los objetos de madera cercanos ni la paja habían sufrido quemadura alguna. A pesar de que fue arrestado y acusado del asesinato de su esposa, Jean Millet fue declarado inocente. Esto tras que un reconocido cirujano, Claude Nicolas Le Cat, le explicara a la corte su teoría sobre la combustión repentina de una persona.
Seis años más tarde, la condensa italiana Cornelia Zangheri Bandi falleció bajo circunstancias extrañas. La noche de su última cena estaba tomando brandi y echándose alcanfor para sus dolores. Su sirvienta la dejó en su habitación, pero cuando volvió en la mañana encontró el lugar lleno de hollín, con una pila de cenizas a más o menos un metro de la cama. Lo único que quedaba de la condesa eran tres dedos, una pierna y la parte frontal de su cráneo. Ni la cama ni los muebles de alrededor no estaban quemados, pero estaban cubiertos de una capa grasosa.
Uno de los casos más relatados de Combustión Espontánea es el de Mary Reeser. La señora de 67 años fue encontrada cremada por completo en la sala de su casa. Solo quedaba una pierna con la cual la pudieron identificar y el único mueble que sufrió daños fue la silla donde estaba sentada. No tenía chimenea, velas o alguna fuente de fuego cerca de ella.
Al comienzo, como te podrás imaginar, se creía que la Combustión Instantánea se daba a causa de circunstancias sobrenaturales. En el caso de la Sra. Millet, la esposa del posadero francés, muchos terminaron por concluir que se trató de una «visita de Dios». Como en muchos de los casos la persona era alcohólica o acababa de consumir alcohol, la SHC empezó a ser utilizada como una historia preventiva contra los riesgos de beber licores muy fuertes, o caer en la adicción a ellos. También era común que la víctima fuera obesa, haciendo que muchos usaran los miedos de explotar repentinamente en llamas como «advertencia» para los que llevaran una vida poco saludable.
En 1976, el escritor inglés Michael Harrison publicó su libro Fire from Heaven, en el que sugiere que la Combustión Espontánea está vinculada con los poltergeists. De acuerdo con sus investigaciones, «la energía causada por los espíritus proviene de los humanos, por lo que la SHC pertenece al rango de los fenómenos de los poltergeists«. Lo que sea que eso signifique, pero bueno, es una de las posibles explicaciones… supongo…
Larry E. Arnold propuso en su libro de 1995, Ablaze!, la existencia de una partícula subatómica llamada pyrotron. Esta está tan cargada de energía que bajo circunstancias especiales, como situaciones de mucho estrés o el aumento del alcohol en la sangre, causa la Combustión Espontánea en los seres humanos. Creo que no hace falta que lo diga, pero por si acaso, no existen pruebas científicas de la existencia del pyrotron.
Lo curioso es que la creencia de que la SHC solo ocurre entre alcohólicos y personas pasadas de peso no es tannnn descabellada. En casos extremos de alcoholismo y diabetes tipo 1 (a veces también en tipo 2) se puede dar cetoacidosis. Esta es una condición metabólica en la que la persona empieza a producir muchos cuerpos cetónicos, lo que resulta en una disminución del pH sanguíneo. Los cuerpos cetónicos son químicos que le dan energía al cerebro, comúnmente el ácido betahidroxibutírico y acetoacético.
En cantidades normales no solo son perfectamente sanos, sino que son parte natural de los procesos metabólicos humanos. Pero cuando se empiezan a producir de forma descontrolada, los cuerpos cetónicos quedan varados en la sangre haciéndola más ácida. El ácido acetoacético en particular se puede descarboxilar en acetona (sí, el removedor de pintura para uñas que es sumamente inflamable).
Por ello, desde hace poco más de una década, empezó a rodar la teoría que en verdad la Combustión Espontánea era resultado de una cetoacidosis alcohólica en la que la sangre de la persona tenían cantidades exageradas de acetona y otros compuestos inflamables. Sin embargo, las evidencias de esto son cuestionables porque, para empezar, no tenemos análisis suficientes de los cuerpos que han sufrido SHC por… bueno… razones obvias (es difícil hacerle una autopsia a un montón de cenizas). Además, no es raro encontrar acetona en la sangre humana, pero las cantidades no son suficientes como para prender a una persona en llamas acercándole un encendedor a una herida abierta.
Podría escribir párrafos y párrafos explicando por qué las teorías expuestas anteriormente tienen, cuanto mucho, una pizca de razón científica que igual resulta improbable. Sin embargo, creo que lo pone mejor un escritor de la revista científica Skeptical Inquirer, Benjamin Radford:
Si la Combustión Espontánea fuera un fenómeno real (y no el resultado de una persona muy cerca a una llama), ¿por qué no ocurre más seguido? Hay 8 mil millones de humanos en el mundo, y nunca vemos reportes de personas explotando en llamas en medio de un partido de fútbol, caminando en la calle, o tomando café.
Benjamin Radford
Empecemos por la parte de «espontánea». En los casos de siglos pasados decían que no había fuentes de llamas cerca de la víctima, pero omiten el hecho de que también eran fumadoras. Si el fuego es capaz de convertir hasta los huesos en ceniza, ¿no podría hacerlo también con un fósforo o un cigarrillo? En el caso de Mary Reeser, la señora tomaba pastillas para dormir, la condesa Cornelia tomaba brandi con alcanfor, y muchas de las otras víctimas de SHC eran adultos mayores. ¿No es más creíble que se hayan quedado dormidos, sufrieran de un paro cardíaco o algo hiciera que se les cayera un fósforo en la ropa y no hayan podido extinguirse debido a las perdidas de funciones de la edad o la ebriedad?
La otra parte extraña de este fenómeno son los restos en sí. Como ya mencioné anteriormente, hasta los huesos de la víctima terminan siendo cenizas. Es importante este hecho porque ni siquiera en las cremaciones los huesos se queman por completo. Esto debido a que son compuestos mayormente de minerales como el calcio, lo que los hace resistente a altas temperaturas. Por el otro lado, al lado de las cenizas estaba las piernas o brazos de la víctima, completamente intactos.
La respuesta es relativamente simple, pero bastante perturbadora: el «efecto mecha». Si sacas una mecha de una vela y la enciendes, el algodón se quemará hasta volverse cenizas, que son las pequeñas cantidades de minerales no inflamables dentro de cualquier materia orgánica. Sin embargo, cuando enciendes la mecha de una vela, el calor generado por la quema del algodón derrite la cera. A través de la capilaridad de la mecha, la cera sube por el algodón y sirve como combustible para la llama. Mientras más cera se derrite, más se quema la punta de la mecha, haciendo que la llama se acerque de nuevo a la cera y se repita el proceso.
Si hice esta explicación tan detallada de como funciona un objeto tan cotidiano como una vela es porque este concepto llevo a una serie de experimentos durante el comienzo del siglo XX que dio con la clave detrás de la Combustión Espontánea. Casualmente, mucha de nuestra ropa (sobre todo en épocas pasadas) está hecha de algodón, y es bien sabido que la grasa animal sirve de combustible (para el desagrado de las ballenas que mataron para usar su aceite en lámparas). Creo que ya empiezan a encajar las piezas, pero aquí está la hipótesis de «vela inversa» que lograron comprobar múltiples científicos, en sus detalles más gráficos:
- La víctima enciende un pedazo de su ropa en llamas. Esto puede ser porque se quedó dormida con un cigarro en la boca, sufrió un ataque al corazón mientras prendía un fósforo, o estaba demasiado cerca de una fogata.
- Ya sea porque la víctima ya está muerta, sufre de problemas de movilidad o está bajo los efectos del alcohol, no pueden responder a la situación y extinguir la llama.
- El fuego consume lentamente la ropa, hirviendo la humedad de la piel hasta que se resquebraja. A este punto se empieza a renderizar la grasa del cuerpo, similar a como se hace con la manteca de cerdo.
- La ropa se empaña con la grasa, lo cual mantiene alimentado al fuego que se va extendiendo a donde haya algodón. Similar a una vela, esta llama sobrevivirá mientras haya combustible, lo que puede durar horas.
- Al igual que una vela, la mayoría del calor va hacia arriba. Es por ello que puedes leer un libro frente a una fogata sin que las hojas se enciendan, pero si lo pones encima de la llama o en contacto directo con ella sí lo hace. Y es por ello que el daño en la habitación en un caso de SHC solo ocurre debajo de la víctima.
- Como el fuego puede durar horas, los huesos terminan quebrándose en fragmentos cada vez más pequeños hasta mezclarse con las cenizas.
- Los brazos y piernas, que suelen estar descubiertos de ropa, no son tocados por la llama. Simplemente se separan del torso mientras este sigue ardiendo.
- Lo único que queda del incendio una vez se consume la grasa, la ropa y el cuerpo son cenizas. La habitación también quedará llena de hollín y una especie de film de grasa, parecido a lo que queda si dejas una lámpara de aceite abierta.
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De esta manera, se pueden explicar las características que hacen a la «Combustión Espontánea» tan misteriosa. Se le dice efecto mecha o vela inversa en este caso porque, a diferencia de una vela tradicional, la mecha (la ropa de la víctima) queda por fuera y el «combustible» (la víctima) por dentro. Al igual que en una vela, este tipo de llama no es tan viva como la de un incendio, por lo que no se expande (de nuevo, puedes hacer una fogata en medio del campo y no quemar todo a tu alrededor). También puede durar horas y hasta días, lo que explica por qué la mayoría de los casos son personas mayores o relativamente marginales. Si la persona se encendió con un cigarro o una fogata, para el tiempo que el fuego se apague no quedara combustible ni fuente alrededor, por lo que la gente se creía que era espontánea.
Afortunadamente no me tienen que creer, la BBC Earth Science publicó un video en 2016 donde hacen el experimento con un puerco entero cubierto por una sábana. Aquí les dejo la conclusión a la que llegaron:
Aunque no existe la Combustión Espontánea, es posible que el cuerpo humano se «cocine desde adentro». Hay una condición llamada Hipertermia Maligna (HM), que se puede producir en ciertas personas como respuesta a la administración de analgésicos inhalatorios o Succinilcolina (un bloqueador neuromuscular que se usa en la anestesiología). En individuos con cierto gen, estos medicamentos causan que se libere calcio en los músculos, lo que hace que se contraigan. Los niveles desconcentrados de calcio causan una rigidez que nunca se relaja, lo que genera cierto calor constante que de no ser tratado a tiempo puede causar la muerte del paciente.
Este simplemente fue un dato curioso, tal vez no de una combustión, (¿más bien calentamiento?) relativamente espontánea en el cuerpo humano. Y si por algún motivo quieres seguir leyendo sobre víctimas de incendios, te dejo nuestro artículo sobre los Juicios de Salem, que a pesar de no estar rodeado de tantos misterios, dejaron una marca en el sistema legal de la época.