La época de la conquista colonial de América en general está dotada de mucha sangre y barbarismo, irónico término que utilizaron los europeos para justificar la masacre de los pueblos nativos del Nuevo Mundo. Sin embargo, si vemos específicamente hacia el norte del continente, encontramos que los anglosajones aplicaban un estilo de colonización particularmente distinto al español, francés o portugués.
Mientras que los europeos de continente sí pretendían expandir el catolicismo a través de lo que hoy en día es Latinoamérica, los colonos ingleses estaban más vinculados al protestantismo evangélico. Para ellos, más importante aún que la conquista de territorio y riquezas era esparcir la palabra de Dios y los ideales puritanos que traían del viejo mundo.

Tal vez porque Inglaterra entró relativamente tarde al «juego» y España ya había establecido múltiples colonias a lo largo de América, tal vez por las dificultades que encontraron en sus primeras colonias; pero las Trece Colonias Británicas se establecieron a lo largo de la costa este de lo que actualmente son los Estados Unidos (excluyendo la Florida que era territorio Español). Y es precisamente en una de las primeras colonias en lo que se conocía como Nueva Inglaterra donde ocurren una de las persecuciones política-religiosas más infames de la historia: los Juicios por Brujería de Salem.
Hace más de 330 años, por poco más de un año entre febrero de 1692 y mayo de 1693, más de doscientas personas fueron acusadas de brujería en el Pueblo de Salem, Colonia de Massachusetts. Treinta de ellas pasaron por una serie de cortes hasta que se dictaminó su culpa. De esas, dieciocho fueron colgadas y una murió siendo torturada. Catorce de las víctimas finales fueron mujeres, en su comienzo vagabundas, pero para el final los acusados fueron los objetivos de riñas entre familias del pequeño poblado del nuevo mundo.
Para entender bien cómo las personas de un pueblo se pueden voltearse unos contra otros y cómo se ejecutan a diecinueve personas ante un tribunal por sueños premonitorios y acusaciones celosas, hay que entender un poco del contexto colonial inglés en América. Ya hablé un poco de los ideales puritanos que traían del antiguo mundo, entre ellos la demonología cristiana y la persecución de brujas.
En Europa, las cacerías de brujas estaban un poco pasadas de moda para mediados del 1600. Muchos escolares y el público en general protestaban contra los barbáricos métodos para detectar si alguien era una bruja. La época de tirar a pueblerinos amarrados a un río para ver si flotaban parecía terminar. Sin embargo, para los colonos de nuevo mundo, el temor del Diablo seguía muy implantado en su cultura.
Esto tal vez se debía a que veían a los nativos americanos como demonios, y a los esclavos como seres inferiores que veneraban dioses paganos (repito, la época colonial no fue nada bonita). Algo que vimos de la historia de Roanoke es que los ingleses se veían frecuentemente enfrentados por guerreros aborígenes mucho más hábiles que ellos. En la frontera norte de la Colonia de Massachusetts, los puritanos estaban perdiendo territorio ante los nativos. De hecho, el pueblo de Salem tenía una gran población que había quedado huérfana de estas guerras.
También vale la pena mencionar las creencias misóginas de la época. Las mujeres tenían derechos limitados. No podían entrar en contratos legales ni poseer tierra en su nombre. Legalmente, las representaba un relativo varón o su marido. El matrimonio y la proliferación de la familia eran la principal expectativa que se tenía para las mujeres. Tampoco tenían acceso a una educación formal, pocas siquiera sabían leer y escribir.
Por último, hay que recordar el verdadero motivo por el que la mayoría de los colonizadores se iban de Inglaterra. Los protestantes querían deshacerse de todo lo que consideraban como prácticas católicas romanas de la Iglesia de Inglaterra. Pero al ver que no lo conseguían en el viejo mundo, vieron a América como la oportunidad perfecta para convertirla en la «Tierra de los Elegidos».
Todos estos factores convergieron alrededor de 1690 en una tensión palpable entre los colonos de Massachusetts. En 1689, la corona inglesa intento poner a su propio gobernador, viendo que Nueva Inglaterra estaba en peligro de ser conquistada por los nativos. Sin embargo, el pueblo lo rechazó por completo, diciendo que carecía de valores puritanos. Los líderes, que más que políticos eran religiosos, de los distintos pueblos se vieron forzados a demostrar su poder para mantener la cultura protestante de la colonia.
Uno de estos líderes era el Reverendo Samuel Parris, que había sido nombrado Ministro de Salem en 1689. En enero de 1692, la hija de nueve años de Samuel, Elizabeth Parris, y la sobrina de once, Abigail Williams, empezaron a mostrar síntomas extraños. Al poco tiempo, las convulsiones repentinas parecieron esparcirse a Ann Putnam Jr., de doce años, y Elizabeth Hubbard, de diecisiete. Y es aquí donde empieza la cacería de brujas.
Samuel Parris pidió el consejo del ministro de un pueblo cercano, John Hale, y los dos concluyeron que los episodios de convulsiones de las chicas estaban «fuera del poder de un ataque epiléptico o afectación natural». Llaman a un doctor (que se cree era William Griggs, pero no se sabe con seguridad) y este tampoco puede encontrar evidencia de enfermedad alguna. Los ratos que las chicas pasaban conscientes, se quejaban de pinchazos en todo el cuerpo y parecían sufrir alucinaciones.
Una vecina de Parris, Mary Sibly, se enteró de las afectaciones de las cuatro jóvenes y le pidió a un esclavo indígena de Samuel, John Indian, que hiciera un «pastel de brujas». La idea era hacer un bizcocho con harina de centeno y la orina de las afectadas, este se le daría de comer a un perro y si este empieza a sufrir los mismos síntomas que la víctima, estaban en presencia de brujería. Posteriormente, el perro se supone que señalaría hacia la bruja. Creo que no hace falta que diga lo absurda que es esta idea.

En cualquier caso, bajo tales métodos de «brujería blanca» se señaló a Tituba, la esposa del mismo John Indian, como la bruja que estaba afectando a las chicas. Cuando Mary fue a mostrarle el resultado de su investigación detectivesca a Parris, este la reprendió por tratar de «pelear contra el Diablo con el Diablo». A pesar de esto, igual aceptó aprisionar a Tituba. Se suponía que la esclava se pasaba su tiempo libre tentando a las jóvenes Elizabeth Parris y Abigail Williams con la adivinación de sus futuros y promesas de poder controlar la mente de los hombres y garantizar un futuro próspero.
Lo que hizo que se cementara a Tituba como bruja fue lo que en esos tiempos se le conocía como «evidencia espectral». Básicamente, durante los ataques epilépticos o cuando pudieran conciliar el sueño, las personas que habían sido embrujadas tenían visiones de quien las había afligido volando o riéndose de ellas. Elizabeth Parris identificó a Tituba como su bruja, y las otras chicas dijeron ver a Sarah Osborne y Sarah Good. Estas visiones fueron suficientes para que capturaran y torturaran a una pobre nativa venezolana esclavizada en Nueva Inglaterra (Tituba), una joven que se había quedado vagabunda tras el repentino suicidio de su padre (Sarah Good) y una señora de casi cincuenta años que rara vez atendía la Iglesia (Sarah Osborne).
Los arrestos formales se dieron el 29 de febrero, y entre el 1 y 7 de marzo interrogaron a las tres mujeres. Al séptimo día de tortura, Tituba se declara culpable y admite que las otras dos mujeres la asistieron. Ahí empezaría uno de los episodios de histeria colectiva más grande de la historia que llevó a una verdadera caza de bruja. Entre el 12 y 23 de marzo se arrestaron a otras tres mujeres: Martha Corey, Dorothy Good y Rebecca Nurse.

Martha Corey era una fiel creyente purista y participaba constantemente en cualquier actividad de la Iglesia de Salem. A pesar de esto, mostraba escepticismo sobre la veracidad de los arrestos reciente. Cuando se le acusó, el resto de los pueblerinos de Salem se impactaron por completo. Si una mujer tan devota era una bruja, cualquiera podría serlo.
Dorothy Good era la niña de cuatro años de Sarah Good. Fue interrogada por los magistrados de Salem. Al parecer su respuesta les dio a entender que había ayudado a su madre a embrujar a las afligidas. Sí, el alguacil de Salem arrestó a una niña de cuatro años.
Lo que siguió en los meses de abril y mayo fue una serie masiva de arrestos que terminó en la captura de sesenta y dos personas. La mayoría de estos aprisionamientos se hacían a familiares que reclamaron la inocencia de algunas de las sentenciadas. El esposo de Martha Corey y las hermanas de Rebecca Nurse fueron acusados de brujería y de ayudar a sus parientes. Similarmente, se arrestó a toda la familia Proctor, Hobbs, English, Toothaker, Jacobs y Abbott. Los historiadores creen que la histeria colectiva llegó a tal punto que los acusados salían por puras riñas entre las familias de Salem.
El 10 de mayo, Sarah Osborne, una de las primeras acusadas, murió en la cárcel. El 27 de mayo, el gobernador de la Colonia de Massachusetts, William Phips, ordenó que se formara una Corte de Oyer y Terminer, que era un tribunal inglés que se reunía dos veces al año en cada condado. Esta era la corte de más alta jurisdicción criminal. El nombre significa literalmente «oír y determinar», pues esta se encargaba de, valga la redundancia, oír los casos y determinar la inocencia o ejecución de los acusados.

El 31 de mayo, un reconocido autor eclesiástico de la época, Cotton Mather, le escribió una carta a uno de los jueces de la Corte, John Richards. Este mostró su apoyo a la persecución de las brujas, pero advertía que no se le pusiera mucha creencia sobre las evidencias espectrales. Para él, «si el Diablo es capaz de darle habilidades sobrenaturales a quienes hacen un pacto con él, puede también mostrar la imagen de los inocentes en las visiones de los afligidos». Esto no detuvo a la Corte de Oyer y Terminar de ejecutar a diecinueve de los acusados.

La corte se reunió el 2 de junio de 1692, y se pusieron a trabajar de una vez. El primer caso en ser oído fue el de Bridget Bishop, quien fue una de las primeras aprisionadas el 19 de abril. Los jueces decidieron que Bridget no seguía el estilo de vida puritano, pues «vestía de negro o con atuendos extraños» y cuestionaron el abrigo que llevaba puesto, el cual se «veía rasgado en dos lugares». El mismo día fue condenada y ocho días después se dio la primera ejecución en la horca de Salem.
Inmediatamente después de esto, la corte fue suspendida hasta el 30 de junio para pedir el consejo de los magistrados y académicos más influénciales de Nueva Inglaterra. La respuesta colectiva les llegó el 15 del mes, redactada por el mismo Cotton Mather que ya había criticado el uso de evidencia espectral.
La carta consistía de una lista de ocho puntos. Los dos primeros hablaban del daño que le hacían las brujas a la población de cualquier pueblo y agradecían la sabiduría que les había dado Dios para perseguirlas. El último, mostraba el apoyo de la comunidad académica al rápido procesamiento de estos casos, lo que la corte vio como el visto bueno para seguir colgando «brujas». Lo que ignoraron por completo eran los puntos tres a siete, que cuestionaban las evidencias presentadas en la corte. Muchas la veían como suposiciones o en el mejor de los casos pruebas circunstanciales.

El 16 de junio murió otros de los acusados en prisión, y entre el 28 de junio y el 2 de julio se oyeron los casos de Sarah Good, Rebecca Nurse, Susannah Martin, Elizabeth Howe y Sarah Wildes. Las cinco mujeres fueron encontradas como culpables en juicios que no duraban más de medio día y fueron juntas a la horca el 19 de julio.
En agosto se juzgaron y condenaron seis personas más, entre ellas los esposos John y Elizabeth Proctor. La única que se salvó de ser ahorcada fue Elizabeth, a la cual se le perdonó temporalmente por estar embarazada. En septiembre se condenaron a dieciocho personas más, pero solo ocho pudieron ser colgadas. ¿Recuerdan a Martha Corey, la devota que fue acusada por cuestionar el arresto de las primeras «brujas»? Bueno, fue sentenciada el 8 de septiembre. El 19 de septiembre le tocaba el juicio a su esposo, Giles Corey, pero este se negó a «ser juzgado ante Dios y el País».

A Giles se le aplicó la «Peine forte et dure» (Pena fuerte y dura), un antiguo método de tortura que se le aplicaba a los que no aceptaban un juicio o se negaban a declarar. En este, al interrogado se le tumba en el suelo, poniéndole un tablón rectangular encima, que se asemeja a una puerta. En dicho tablón se coloca peso gradualmente (normalmente rocas), produciendo aplastamiento paulatino hasta que la persona muere o «confiesa». El caso de Giles fue el primero, y falleció el mismo 19, dos días antes de que colgaran a su esposa.
Otras personas corrieron con más suerte que Martha Corey. A Dorcas Hoar le dieron un indulto temporal para que se arrepintiera de sus pecados y se confesara. Mary Bradbury logró escaparse de la cárcel con ayuda de su familia y amigos. Abigail Faulkner Sr. también recibió un perdón provisional por estar embarazada.
El 3 de octubre, el Reverendo Increase Mather, padre de Cotton Mather y presidente de Harvard, denunció el uso de la evidencia espectral en el ahorcamiento de dieciocho personas y la muerte por tortura de un hombre. Pareciera que esto hizo entrar en razón al Gobernador Phips, el cual le escribió a la Corte Privada del Rey y Reina para decir que había detenido los procedimientos de la corte, hablando del peligro de colgar a personas inocentes bajo pruebas circunstanciales.

La verdad es que es más probable que Phips detuviera los juicios debido a que su esposa había sido acusada por esas épocas y estaba a punto de ser llevada ante los jueces. En cualquier caso, la Corte de Oyer y Terminer se disuelve y el gobernador prohíbe que se hagan más arrestos el 29 de octubre.
El 16 de diciembre de 1692 se establece la Corte Suprema de Assizes (un tipo de corte periódica que se daba para resolver casos que no podía tomar una corte de Oyer y Terminer). Esta estaría a cargo de terminar de procesar los casos de los aprisionados de Salem. Para el 23 de febrero de 1693, el gobernador Phips escribió una carta a Inglaterra diciendo que ya se habían oído los casos de cincuenta y tres acusados, y todos habían sido declarados inocentes.
Para el 11 de mayo, el resto de los acusados de Salem fueron limpiados de culpa. Todo parecía volver a la normalidad, se disolvió la corte y el pueblo de Salem siguió con su vida. Los diecinueve muertos fueron desenterrados de la fosa común que se les hizo y se les dio un funeral cristiano.
Cuatro años después, se declaró el 14 de enero de 1697 como un Día de Arrepentimiento, donde se ayunó y se condujeron rezos todo el día. Catorce años después del comienzo de los Juicios de Salem, Ann Putnam Jr., una de las primeras afligidas de embrujamiento, pidió disculpas por la parte que tuvo en la persecución de inocentes.
En las décadas que siguieron a este episodio de histeria colectiva, los familiares de los diecinueve difuntos lucharon contra el gobierno de Massachusetts para que limpiaran el nombre de los acusados que murieron durante la caza de brujas. En el aniversario de los 300 años de los Juicios de Salem, noviembre de 2001, la legislatura de Massachusetts pasó una ley exonerando a dieciocho de los fallecidos y limpiando sus nombres.
Por algún motivo no se incluyó el nombre de Elizabeth Johnson en los perdonados. Después de que unos estudiantes de octavo grado se dieran cuenta del error, Elizabeth fue perdonada por el Senado de Massachusetts el 26 de mayo de 2022, 329 años después de su muerte.












Sin duda alguna, los Juicios por Brujería de Salem han inspirado un montón de historias desde hace años. Existe literatura, tanto histórica como ficticia, que se basa en Salem desde al menos 1820. La primera película que se inspiró en la caza de brujas fue Dama de Salem, un drama histórico de 1937. En la actualidad, este pequeño pueblo de Massachusetts sigue apareciendo en nuestras pantallas: