El verdadero papá de los helados

Don Manuel Da Silva Oliveira y Eliana Pantoja en el rincón de los gratos recuerdos en la legendaria Heladería Coromoto

Recordar es honrar: Un homenaje al inolvidable hombre de los mil sabores de helados.

En febrero de 2006 tuve la bendición de conocer de primera mano la extraordinaria historia de Manuel Da Silva Oliveira, un portugués que llegó a Venezuela en 1953 como muchos migrantes europeos: Con las manos vacías, infinitos sueños por cumplir y unas ganas enormes de salir adelante hacia un futuro más próspero. Él vivió primero en Caracas y luego, a finales de los años 60, se estableció definitivamente en el estado Mérida, específicamente en la Ciudad de Mérida. A él no solo lo motivó la belleza del lugar, sino el hecho de que la mujer de su vida, Anastasia Pereira, con quien se casó y tuvo tres hijas, era oriunda de la capital andina.

Su vida, como la de todos los que se atrevieron a dejar su tierra natal, estuvo cargada de grandes retos. Eso de por si ya es interesante de conocer. Pero lo más increíble de la trayectoria de Don Manolo es que – sin proponerselo – logró en dos oportunidades figurar en el Récord Guinness por tener la heladería con la mayor cantidad de sabores en el planeta tierra.

Doble Record Guinness

La primera vez que sus extravagantes pero deliciosos helados entraron al libro de las marcas mundiales fue en 1991 por tener una variedad de 368 sabores. Luego, en 1996 revalidó su título al ofrecer 591 sabores, que más tarde se transformaron en 860 mezclas. Se mantuvo invicto hasta 2011 cuando  los hermanos Matt y Mike Casarez, de Migg y Mutts Craft Creamery, en Estados Unidos, establecieron un nuevo récord con 985 sabores.

Don Manolo, quien nació nació el 27 de octubre de 1930 en la Freguesía de Souto da Feira, Santa María da Feira, Aveiro, Portugal, falleció el 31 de julio de 2018 a los 88 años por causas naturales en la Ciudad de Mérida. Las autoridades locales le dieron Post Mortem la «Orden Mariano Picón Salas» en su primera clase por el indudable aporte turístico que hizo a la región. Sus huellas no solo quedaron impresas en el alma de esa urbe del interior venezolano, sino en todas las personas que lo conocimos. En mi caso, entrevistarle y saber detalles de su trayectoria de vida me enseño el valor de la perseverancia más tozuda para el cumplimiento pleno de tus verdaderos anhelos.

Por la fuerza inspiradora de su vida fue inevitable recordarle durante la grabación del podcast dedicado a lo más impresionante del Libro Guinness. Mira aquí la versión en Youtube o libera tus ojos y escucha aquí la versión en Spotify. Así que, en honor a su memoria republicamos aquella entrevista, originalmente realizada para un medio digital ya desaparecido (Lusohispano.net). El texto que leerás a continuación no ha sido modificado de ninguna forma. Así que toma en cuenta, especialmente cuando se señalen precios de materia prima o helados, que nuestra conversación se desarrolló en febrero de 2006, siendo publicado el artículo el día 17 de ese mismo mes. Es decir, cualquier precio señalado en bolívares (moneda oficial de Venezuela) está mucho más que devaluado o desfazado de la actualidad.

Hasta donde sabemos, su legado sigue vigente pues la Heladería Coromoto continúa funcionando y es atendida por su familia. Espero visitar nuevamente la bella Ciudad de Mérida y pasar por este espacio tan especial, cargado de tantos bellos recuerdos. Por lo pronto, recordemos con alegría. Haz clic sobre cada título para que despliegue el texto y las fotos que lo acompañan. Es posible que el contenido de un pequeño salto hacia el final de la página. En ese caso, solo muévete hacia la parte del texto que te interesa.

Los inicios del súper heladero

Cuando alguien en este país latinoamericano destaca en algo, le suelen decir que es el “papá de los helados”. Pero créanme queridos lectores, el auténtico y único dios de los helados está en la ciudad de Mérida y gracias a su destaca labor en la creación de inimaginables gelatos apareció dos veces en el libro Récords Guinness. Aventúrese con nosotros para conocer la historia detrás de los 829 sabores deliciosa y exclusivamente fríos.

Mérida es la capital del estado Mérida. Los paisajes que brindan el páramo andino, la frescura del clima, la historia de su pueblo y la calidez de su gente hacen de este rincón de Venezuela único en el mundo. En ese espacio tan visitado en Latinoamérica por turistas de todo el planeta destaca un sitio en particular: Heladería Coromoto, en la Av. 3, esquina calle 29, diagonal a la Iglesia El Llano. Su dueño: un emigrante portugués llamado Manuel Da Silva Oliveira.
A simple vista parece un negocio común y corriente, pero cuando uno entra se queda sorprendido con la lista de sabores. Lógicamente se puede degustar desde los tradicionales helados de chocolate, mantecado o ron con pasas; pero también de bacalao, caraotas, chipichipi, trucha, Viagra (polen y miel de abejas)… Hasta llegar a 829 sabores diferentes creados por el mismo Don Manolo – como muchos le dicen cariñosamente – en la parte de atrás de su establecimiento.

Así lucía la Heladería Coromoto en febrero de 2006

Único en su estilo
La mente de Don Manolo constantemente está creando nuevos helados. Es una eterna fusión de sabores y colores. A veces mezcla los ingredientes y luego le pone el nombre. Pero en muchas otras ocasiones se le ocurre un título para uno de sus helados y luego piensa en los elementos que utilizará.

Ya desde la 7 de la mañana está en su negocio. Creando, inventando, siendo único en el mundo. Luego de medio día de ardua actividad en los entretelones de la Heladería Coromoto, llegan las 2 de la tarde y abre al público su santuario de sabores hasta las 10 de la noche. Fuera de temporada es fácil comprar un helado allí. Recuerdo la primera vez que lo visité, el mismo Don Manolo comenzó a darme de probar de todos los sabores disponibles para poder tomar una difícil decisión. Pero cuando Mérida pulula de turistas, la cola para entrar a la gelateria puede superar fácilmente las dos cuadras y entonces él tiene que abrir más temprano: a las 12 del día.

Algunos nombres hablan por sí solos de los ingredientes. Otros son inspirados en algún evento político, deportivo, cultural, social o en la telenovela que esté de moda en el momento. Sus últimas dos invenciones son: “Venezuela ahora es de todos” – el lema del actual gobierno nacional – y “Andes 2005“– en alusión a los últimos juegos deportivos nacionales realizados en Mérida. El primero es una mezcla de chocolate en gota blanco y negro, cerezas rojas, verdes y melocotón. El segundo lleva licores y frutas.

Su próxima invención: “La Última Cena”. Don Manolo nos cuenta que soñó con hacer un helado que tuviera este nombre. Al día siguiente comenzó a pensar cómo fabricarlo y hasta habló con el Obispo de Mérida para pedirle su permiso y poner manos a la obra. El religioso no pensó dos veces para darle su consentimiento. Ahora ha definido que su nueva creación llevará ostias y vino de consagrar. Está un poquitín preocupado por lo delicado de conseguir los ingredientes, y hasta en un momento de la entrevista reflexionó “Dios mío, será que me voy a morir por esto”. Algo que nos demuestra lo importante que es para él su trabajo.

Muchos de los especiales de la casa son mezclas de distintos helados. Por ejemplo el pabellón criollo a la Coromoto no es otra cosa que una super copa con cinco bolitas diferentes: arroz, caracota (frijól negro), carne mechada, plátano y queso. En esta visita a Don Manuel me sorprendió ofreciéndome una cachapa deliciosamente helada. Esto no es más que una bolita de helado de jojoto y una bolita de queso. Y de verdad amigos, es divinamente celestial. Hasta las caraotas convertidas en Helado Coromoto, con todo y sus conchitas, tienen un sabor impresionantemente agradable.

Unos pocos de los 829
Cazuela de Mariscos, Zanahoria ,Yogurt con panela, Té con limón, Dinastía, Cidra, Tropiña, Ron Maní, Entre tus Brazos, Piña, Ron Ponche, Mi Consentida, Naranja Piña, Viagra, Chirimoya, Fresas Pasa, Palmito, Batata con queso, Festival de Cine, Pepino, Pampero, Anís, Mango con arroz, Mi Albahaca, Camacura, Capuchino, Pomarrosa, Yuca, Miss Venezuela, Amor Salvaje, Los Periodistas, Plátano con queso, Vino Rosado, Ponche Andino, Kaspirulera, Apio, Atún, Pantera Rosa, Viajando con Maltín Polar, Alcachofas, Tres en Uno, Té Rosa Silvestre, Higo, Ajonjolí, Batata, Lechosa, Frailejón, Espaguetis con Queso, Mondongo, Camarones al vino, Chayota, Rábano, Piña colada, Chicharrón, Dominó, Berros, Sapayon, Tarde de Toros, Miss Princesita, Noche de Bodas, El Gaitero, Vodka, Amor y Olvido, Cerveza, Miche Hinojado, Mandarina, Nido de Amor, Choco Menta, Eres mi Tormento…

Normalmente tiene en stock 75 sabores disponibles y en almacén otros 75. Estos sabores rotan constantemente para poder ofrecerle al público toda la gama de sus 829 originales creaciones. Lo más increíble de todo, nunca necesitó anotar las recetas de cada invento. Todas las tiene detalladamente guardada en su memoria.

Don Manolo llegó de Portugal en 1953. Como todos los lusos emigrantes, deseaba encontrar una mejor vida. Su primera morada la tuvo en Caracas. “Allí hice de todo. No me da pena decirlo: limpie pisos, baños, trabajé en la construcción, en distintos negocios de comidas, hice de todo para vivir”, nos cuenta con una dulce y gran sonrisa en sus labios. Un buen día viajó hasta Mérida para disfrutar de unas cortas vacaciones y desde entonces (1967) no pudo pensar en vivir en otra parte del mundo.

En la “Ciudad de los Caballeros”, como es apodada Mérida, conoció a la que hoy es su esposa. Junto a ella establecieron una venta de comidas, una especie de cafetín o lunchería. “Ella se levantaba a las cinco de la madrugada a cocinar arepas, empanadas… Trabajaba muy duro”, relata. Además, de ayudarlo en el negocio, su señora– merideña de nacimiento – también construía con su esposo una familia muy linda integrada por tres niñas.

Actualmente él trabaja junto a sus hijas y esposos. Es un negocio 100% familiar. Algo que le da mucho más orgullo que tener 829 sabores diferentes.

Siempre al frente de su negocio

De cafetería a heladería: un cambio pá’ locos

Don Manolo cuenta que hace como 25 años un familiar que vendía máquinas de helados le sugirió que cambiara de ramo y se dedicara a vender gelatos.

– El muchacho me dijo: «Manuel, por qué no compras una máquina italiana». En ese tiempo valían como 12 mil bolívares. Yo le dije, ¡no chico yo no quiero helados! Háblame de lo que tú quieras menos de helados. Me dijo muchas cosa, que era un negocio fácil, que para allá que para acá. Bueno, a la final me convenció y yo compré la máquina. Empecé con mantecado, fresa y chocolate. Me trajeron las garrafas de los ingredientes. Me enseño la cantidad de leche y la cantidad de líquido que yo tenía que echar. Y le dije: ¡Ah no chico, eso lo hace hasta un niño!

Un día estoy viendo la televisión y oigo que en Brasil hacían helados de aguacate. Y me dije: bueno, si lo hacen en Brasil ¿por qué no se puede hacer en Venezuela?… comencé probando con coco rallado. Lo mezcle con los ingredientes habituales y lo metí en la máquina igual que a los demás, pero se me trancó. Llamo al que me la vendió. Me dijo: ¡ay Manuel, dañaste la máquina!… eso no se puede hacer sino es con productos químicos… tuve que guindarme a pelear con lo italianos, hasta metí un abogado para cambiar la máquina. Ya había pagado la mitad y ellos me reconocieron una parte de lo que había pagado. Bueno, me mandaron una máquina nueva que tenía una batidora pequeña. Intente de nuevo hacer el helado de coco. Me salió bien y esta vez no se daño la máquina. Allí fue cuando me dije: por aquí es por donde voy a caminar, por lo natural”.

Helado de aguacate: la mayor de las odiseas

Pronto Don Manolo puso en práctica la inspiración inicial de su negocio. Guacal en mano lleno de aguacates se aventuró a preparar un helado de este fruto.
Resultado: ¡Pérdida total de 50 kilos de helado!

“No me salía. A las dos o tres horas de haberlo preparado por primera vez fui a ver cómo estaba quedando y resulta que no le entraba ni un cuchillo de lo duro que estaba”. Pero eso no lo desanimó. Continúo probando y probando. Seguía perdiendo el producto. La gente que trabajaba con él le decía que iba a parar en loco. Que perdería el negocio. Pero insistió e insistió porque sabía que sí lo hacían en Brasil también aquí se podía hacer… Hasta que ¡EUREKA!, lo logró.

Invitó a un grupo de conocidos y le dio a probar su creación sin decir qué era. El sabor causó un gran impacto. Toda una sensación. Pero más bocas abiertas quedaron cuando Don Manolo confesó el sabor: ¿Aguacate?… ¡No puede ser! Pues sí, así era. Y en ese momento comenzó la gran aventura de la Heladería Coromoto con cinco sabores: Mantecado, chocolate, fresa, coco y aguacate. Por cierto que él le puso “Coromoto” a su negocio porque es un gran devoto de nuestra Santa Patrona la Virgen de Coromoto.

La trayectoria de Manuel Da Silva Oliveira nos enseña como el que persiste logra superar todas las barreras. Es un relato que se repite entre muchos de los emigrantes que llegaron a Venezuela en las décadas de los 50 y 60 y se dedicaron a distintas actividades.

Pero más allá de los helados, en el caso de Don Manolo también su increíble historia incluye un nuevo e inesperado hijo, una Heladería Coromoto en Portugal y todo lo que vino luego de ser nominado en el Libro Record Guinness en 91 y 96 como la heladería con más sabores del mundo. Un reconocimiento que no solo lo hizo el heladero más famoso del mundo, sino que lo llevó a ser catalogado como “patrimonio de la Ciudad de Mérida”. Yo diría incluso que de toda Venezuela.

Antes de entrar en estos aspectos, me parece relvante aterrizar qué significa tener una heladería en esa capital, abrazada por el frío del Páramo Andino, custodiada por dos enormes picos: el Bolívar con sus 5.007 m. de altura y el Espejo que se eleva hasta los 4.765 m. Es en este punto de la geografía venezolana que se encuentra el teleférico más alto y largo del mundo. La temperatura promedio de la ciudad de Mérida es de 19º C., aunque en algunas oportunidades hace mucho más frío de lo normal y entonces es cuando uno piensa en un chocolatito caliente, un café, un té o cualquier otra bebida que le brinde abrigo interno al cuerpo.
Ahora me pregunto yo, ¿a quién se le ocurre montar una heladería en este escenario? Sólo a Don Manuel Da Silva Oliveira. 

Fama internacional

El dedicarse a hacer algo diferente no sólo le permitió a Don Manolo – ya con 75 años de edad – perpetuar a la Heladería Coromoto como la parada obligada de todos los turistas que visitan Mérida y la preferida de los lugareños, sino que lo llevó a convertirse en el heladero más famoso y entrevistado del mundo.

En 1991 el Libro Records Guinness incluyó Venezuela en su balance de las cosas más increíbles del mundo. La heladería de Don Manuel Da Silva Oliveira era catalogada como la que más sabores ofrecía. Así el país brillaba internacionalmente en positivo. La odisea se repitió en 1996. Para ese entonces ya superaba los 500 sabores.

Desde entonces Don Manuel ha vivido rodeado de periodistas, figuras nacionales e internacionales, estudiantes que vienen a conocerlo para cumplir gustosamente con alguna actividad escolar, y hasta turistas e incrédulos que dicen viajar a Mérida sólo para probar sus invenciones. Todos terminan con la boca abierta, bien por querer comer más de sus helados o bien por no dar crédito aún de la delicia que acaban de degustar.

Son tantos los reconocimientoscomo las creaciones de la Heladería Coromoto

Patrimonio de Mérida

La fama internacional de Don Manuel ha quedado impresa en todas las paredes de su heladería: fotos con las cientos de figuras que han querido conocerlo, billetes de todas las denominaciones y de todos los países, miles de cartas de admiradores y hasta un incontable número de placas y reconocimientos a su labor, a su creatividad ilimitada y a su dedicación.

Ese mérito también lo ha ayudado en los momentos más difíciles. Un buen día, el dueño del local donde Don Manuel tiene el negocio necesito vender la casa. Así que por supuesto la primera opción era para el heladero. Pero, como suele ocurrir en muchos casos, el hombre no contaba con los recursos para comprar la casa. Así que con mucho pesar consideró mudar o cerrar la Coromoto – en el peor de los casos.

Afortunadamente, las autoridades del Gobierno del Estado Nueva Esparta conocieron lo que ocurría. Ni cortos ni perezosos lo llamaron y le propusieron trasladar la Heladería Coromoto a la Isla de Margarita con su ayuda. Le ofrecieron un local y servicios gratis, así como la exoneración de algunos impuestos municipales.

Cuando el dueño del local acordaba con Don Manuel la desocupación de la casa, un periodista escuchó la conversación. Inmediatamente publicó una nota destacando que Mérida estaba por perder a su más famosa y querida heladería. El entonces Gobernador del Estado Mérida quedó horrorizado y mandó a llamar a Don Manuel para preguntarle por qué se quería ir de la ciudad. Cuando conoció los hechos, el Gobernador le explicó que no permitiría que los merideños perdieran uno de su más preciado patrimonio y se dedico a ayudarlo para que adquiriera con facilidad la casa donde siempre ha estado la Heladería Coromoto.

Las dos principales industrias de helados en Venezuela y algunos particulares han contactado a Don Manolo para comprarle sus fórmulas y hasta hacerlo socio de nuevas empresas. Propuestas van y vienen de otras tantas compañías internacionales. Todas con un extraordinario paquete de ganancias para el heladero más famoso del mundo. ¿Y él? Con una gran humildad termina rechazando las ofertas. ¿La razón? Muy simple:

– Yo les he dicho que ellos no pueden hacer eso. Ellos no pueden trabajar con los productos naturales. Ellos tienen que seguir trabajando con los productos químicos… porque no da margen de ganancia. Yo vendo un helado de chipichipi en 3 mil bolívares. Imagínese el costo de un helado de trucha cuando el kilo ahora está en más de 30 mil bolívares. Y el bacalao, ni hablar. ¿Y cómo van a hacer ellos los helados? ¿Cómo van a ponerse a pelar y a quitarles las espinas a las truchas que necesita un helado? Uno de los que vinieron a hacerme ofertas aseguró que podía hacer esto y habló de montar una heladería en carrizal. Yo le dije: Usted puede hacer eso, pero con seguridad que a los que enseñe a hacer el trabajo cuando se les dé la gana se van y montan por su cuenta una heladería de este tipo en otra parte… Y ahí sí se acabó la historia.

El inesperado hijo

La fama continúo creciendo en torno a la figura de Don Manolo. En el 2000 autoridades de Santa Maria de Feira-Portugal (lugar de nacimiento de nuestro legendario) decidieron viajar a Venezuela a entregarle el galardón “Feriense do Ano”. La noticia se conoció a lo largo y ancho de Portugal, y en algún lugar de esa población un hombre le preguntaba a otro:

– ¿Tú conoces quién es ese señor?
– No, cómo voy a saber quién es
– Ese es tu papá
– No puede ser, mi madre me dijo que él había muerto.
– No, no es así. Manuel Da Silva Oliveira es tu padre. Yo lo conocí. Y como verás está en Venezuela…

Resulta que en su juventud Don Manuel vivía en Portugal con su primera mujer. Al poco tiempo de ella quedar embarazada, él decidió venirse a Venezuela en busca de un mejor futuro. Pero ella – por una u otra razón – no quiso seguirlo. La separación fue inevitable. A pesar de las distancias, ella continuó informándole sobre su hijo, pero sólo hasta el primer año de vida del pequeño.

Nunca más Don Manolo supo de aquel bebé que había quedado con el resto de su familia en su Madre Patria. Hasta que, 47 años después, a las 3 de la mañana, recibió la inesperada llamada de su hijo – también bautizado como Manuel Da Silva – quien deseaba desesperadamente encontrarse con él y recuperar el tiempo perdido. Así, el heladero más famoso del mundo regresaba a Portugal a conocer su primogénito, sus tres nietas y ¡tres bisnietas! El reencuentro llenó a todos de lágrimas, alegrías y nuevas esperanzas…

El hijo de Don Manolo siguiendo los pasos de su famoso padre

Gelateria Coromoto-Portugal

Al poco tiempo el hijo de Don Manolo lo visitaba en Mérida. Quedo fascinado con el lugar y orgulloso del trabajo de su papá. Ahora las saudades eran por ser como su padre. Y él, sin pensarlo dos veces, le enseñó durante tres meses los pormenores de su oficio.

Con las lecciones bien aprendidas, mucho guáramo y el empujón de Don Manuel, el joven Da Silva dejaba de ser un obrero y emprendía en el 2002 la misma aventura que su padre pero en Santa Maria de Feira. Así Portugal lograba para sí una heladería única en su estilo. Una idea que nació y creció en Venezuela.
Desde entonces, la comunicación telefónica entre padre e hijo es casi diaria. Y, adivinen de qué hablan. ¡Se intercambian recetas de helados! Así que no será nada difícil superar en poco tiempo los mil sabores. Por eso creo que el Libro Guinness tendrá con ellos mucha tela que cortar.

Actualmente el hijo del heladero más famoso traslada la Gelateria Coromoto a la región de Faro, una zona con más movimiento turístico. Su inauguración está planteada para la próxima Semana Santa. Un evento al que Don Manolo tratará de asistir, si logra organizar el trabajo en su heladería pues en esta fecha el volumen de turistas deseosos de comer sus invenciones también rompe Records Guinness.

A brazo partido

Don Manolo nos confiesa que “Mérida es espectacular, pero hay que hacer como las hormigas: guardar en verano para comer en invierno. Aquí vienen muchos portugueses a decirme que quieren montar un negocio. Yo les he dicho que esto es muy bueno para vivir pero no para hacerse ricos. Esto no es Caracas que vende todo el año. Aquí hay buen movimiento sólo en temporada”. Una opinión que nos termina de convencer que el heladero más famoso del mundo hace su trabajo con total entrega, pasión y sentido de servicio.

El legado que les está dejando a sus hijos y nietos no tiene precio: el conocimiento labrado durante años para crear un producto con calidad insuperable. Con el tiempo uno podrá decir que es el mejor secreto de familia nacido en nuestro país.
Y a los Lusohispanos, Don Manolo no duda en aconsejarles que nunca dejen de luchar, de tener fe. Aunque las cosas no salgan bien al principio, a pesar de las dificultades, del desánimo momentáneo y de los malos momentos, siempre uno debe levantarse y alcanzar sus sueños. Defender sus creencias cuando más difícil se ponga la cosa. A pesar de todos y de todo. Siempre ha habido malos tiempos; y en todos los tiempos sólo los más persistentes alcanzan el éxito. Hasta un próximo encuentro legendario.

Publicado originalmente en Lusohispano.net el 17 de Febrero de 2006

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