ARTÍCULO

El fraude que resultó ser un… fraude

Sé que el título suena raro, pero cuando convences al mundo de que te robaste $2.5M en cheque falsos y resulta ser mentira, ¿como más decirle?

Si no te suena el nombre de Frank Abagnale, seguramente conozcas su «trabajo». Verán, Frank es el hombre detrás de la historia de Catch Me If You Can, el blockbuster dirigido por Steven Spilberg y protagonizado por Tom Hanks y Leonardo DiCaprio. Este film se supone que es una especie de «biografía dramatizada» de la vida de Abagnale, quien recaudó 2.5 millones de dólares con más de 17,000 cheques falsos. Se hizo pasar por piloto de PanAm, médico en Georgia, profesor de sociología en Utah y abogado en Luisiana. Se escapó de prisión en Estados Unidos y Francia, fue perseguido por el FBI y terminó trabajando como consultor para ellos. Todo esto entre los 16 y 21 años.

Claro, siempre que hablamos de una película «biográfica» de Hollywood, adaptada además de un libro, debemos asumir que tiene poca veracidad en su versión de la historia. El mismo Frank dice que el coautor del libro, Stan Redding, «dramatizó y exageró algunos aspectos de la historia». A pesar de esto, Abagnale se hizo un nombre apareciendo en programas de televisión y haciendo giras en universidades y empresas desde finales de los setenta. La Asociación Americana de Personas Retiradas lo nombró «embajador de prevención de fraude» en 2015 y fue host de su podcast The Perfect Scam entre 2018 y 2022.

En julio de 2022, esta organización publicó no mantener relaciones con Frank Abagnale, pues «muchas de sus historias han sido comprobadas como falsas». Pero esto no es nada nuevo. Una de las apariciones más famosas de este personaje fue en el Tonight Show de Johnny Carson en octubre de 1978. No pasaron más de dos meses para que los periódicos empezaran a desmantelar sus cuentos. Sin embargo, fue en 2020 que se pudo armar una cronología verídica de lo que hizo Frank durante sus supuestas «aventuras».

"Investigación muestra que estafador "reformado" no ha cambiado". The Daily Oklahoman, 14 de diciembre de 1978.
La Legendaria Historia

A pesar de que el mismo Abagnale admitió en su website en 2002 que la historia que relató su biografía estaba exagerada, nunca aclaró cuáles son las partes dramatizadas. Por ende, solo podemos basarnos en la versión de la realidad que cuentan el libro y la película. Muchos de estos «hechos» han sido replicados por Frank en sus charlas, haciendo mucho énfasis en que todo «ocurrió entre los 16 y 21 años» (recalco este punto por temas que tocaremos más adelante). He aquí pues, el recuento de la historia de Catch Me If You Can:

Nacido el 27 de abril de 1948, Frank Abagnale Jr. era el tercero de cuatro de hermanos. Sus padres, Frank Sr. y Paulette, se conocieron en Argel, capital de Argelia, mientras Abagnale servía en el país durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez concluyó la guerra, Paulette, de origen francés, decide irse con su amado a Nueva York y se establecen en Bronxville (no ha de ser confundida con el Bronx, la villa se ubica más al norte).

Frank Sr. tenía un negocio de papelería y empezó a involucrarse en la política durante la infancia de Jr. Las crecientes ausencias de su esposo terminaron llevando a Paulette a pedirle el divorcio cuando Frank Jr. tenía 15 años. Apegado a su padre, el joven decide mudarse con él a Mount Vernon. Entre la adolescencia y la separación de sus padres, Abagnale comenzó una vida de delitos menores.

Al comienzo era lo típico de un adolescente atrevido: robarse objetos de valor de las tiendas cuando el cajero estaba distraído, vandalismo menor, esas cosas. Sin embargo, a lo largo de los días que acompañaba a su padre en el negocio, Frank Jr. aprendió de las cuentas comerciales y, más importante aún, la funcionalidad de los cheques y tarjetas de crédito.

El chico logró convencer a su papá de que le prestara una tarjeta de crédito para echar gasolina o comprar repuestos para la camioneta que usaba para ir de la escuela al trabajo de medio tiempo que tenía. Cuando iba a una gasolinera, Frank convencía a los cajeros que le cobrasen por llantas y gasolina y le dieran el dinero en efectivo. A cambio, este les daría una parte de la transacción como «comisión». Cuando a Frank Sr. le llegó el corte de la tarjeta, eran $2,400, alrededor de $35,000 hoy en día. 

Decepcionados, los padres de Frank lo mandaron a una escuela para «jóvenes rebeldes». Obstinado con las tensiones de su hogar, Abagnale se escapa de casa cuando tenía 16 años. Sin fondos con los cuales sobrevivir, el muchacho falsificó su licencia de conducir para que dijera que tenía 26 años y se inventó un currículo para conseguir trabajos eventuales. A pesar de esto, las cuentas a fin de mes no le daban y decidió volver al mundo criminal, esta vez de forma más inteligente. 

Frank Abagnale Jr. empezó a falsificar cheques, sobre girando cuenta tras cuenta que abría con identidades falsas. En una ocasión, se encontró con un buzón de depósito que utilizaban las empresas de renta de autos del aeropuerto para entregar las ganancias del día. Se compró un traje de seguridad en una tienda de Halloween, le puso una señal que decía «Fuera de Servicio, entregue dinero al guardia de servicio» y se paró cerca del buzón a esperar a sus víctimas. Sorprendentemente, funcionó.

En un punto, el pequeño falsificador se percató que sería más fácil que le acepten un cheque si se hacía pasar por alguna profesión respetada, y pensó qué «piloto» sería el disfraz perfecto. Llamó a los cuarteles de Pan American World Airways, haciéndose pasar por un capitán novato que había extraviado su uniforme. La aerolínea le indicó donde podía retirar uno nuevo, fue a la sastrería y retiró un uniforme hecho a su medida endosándole el pago a PanAm con un número de trabajador falso (definitivamente que los 60 eran muy distintos).

Viendo lo fácil que había sido conseguir el uniforme, Frank no se conformó con solo falsificar cheques de la compañía. Pretendió ser el director de un periódico estudiantil que quería escribir un artículo sobre los pilotos de PanAm y convenció a un capitán que le mostrara su identificación de trabajo y licencia de vuelo. Con los detalles de estos forjó un par falso en su nombre y empezó a estudiar cuanto pudo sobre la profesión en la biblioteca. 

Fue así como se ganó del título del «Estafador Volador», fingiendo ser un piloto de PanAm y volando gratis a múltiples países desde donde supuestamente iba a volar un avión. A esto en inglés se le conoce como deadheading y es bastante común que aerolíneas lleven capitanes de la «competencia» en sus vuelos a otro aeropuerto. Entre los 16 y los 18, Frank visitó 26 países, acumulando más de un millón de millas en 250 vuelos.

Para evitar sospechas, Abagnale fue a una universidad de los Estados Unidos a reclutar azafatas para que trabajaran para él. Por algún motivo (evidente sarcasmo), esto no detuvo que PanAm investigara por qué hay cientos de vuelos bajo un piloto de su empresa que no existe. Viendo que su tiempo como capitán llegó a su fin, Frank huyó a Baton Rouge, Luisiana. 

Aquí se dio cuenta de que el Colegio de Abogados de Luisiana le permitía tomar el examen de certificación sin haber estudiado derecho. Con su memoria fotográfica y su CI de 140, Frank pudo pasar el examen y se volvió el asistente del Fiscal General. Allí estuvo por un rato y cumplió 19 años, pero pronto vendría un problema más.

Uno de sus compañeros se había graduado de Harvard, universidad donde Abagnale pretendía haber estudiado, y no le cuadra la historia del novato. Investigó con su escuela y descubrió que, en efecto, Frank Abagnale Jr. nunca pasó por la institución. Sin embargo, para cuando fue a llevarle la evidencia al Fiscal General, Frank ya había escapado a Georgia. Allá consiguió un apartamento, pero cuando le preguntaron por su profesión, decidió decir que era un doctor de viaje.

Una cosa llevó a la otra y terminó siendo cabeza del turno nocturno de pediatría del Hospital General Cobb. Su trabajo no era atender pacientes, más bien era una especie de administrador y supervisor del trabajo de los pasantes. Sin embargo, cuando una noche uno de los niños bajo su cuidado empezó a sufrir de privación de oxígeno. Por suerte el niño se recuperó, pero Frank se dio cuenta de que su inexperiencia ponía en peligro vidas reales. 

Viendo que ya estaba en la mira del FBI, Abagnale decide abandonar su vida de crimen en Estados Unidos y «retirarse» a Francia a sus 21 años. Ese mismo año, 1969, una de sus exnovias lo reconoce en un cartel de captura de la policía y contacta a las autoridades, lo que eventualmente lleva al arresto de Frank Abagnale. Primero pasó seis meses en una prisión de Perpiñán, donde contrajo neumonía, pero luego Suecia solicitó su extradición por cheques que había cobrado durando su tiempo volando para PanAm.

Pasó otros seis meses en Malmö hasta que el gobierno de los Estados Unidos anuló su pasaporte. Esto lo hicieron para que lo pudieran extraditar de Europa en vez de esperar a que pagara condena en los 26 países que lo buscaban. Sin embargo, cuando el vuelo donde iba Frank se detuvo a esperar su turno en la pasarela del Aeropuerto John F. Kennedy, el preso se escapó del avión a través del inodoro.

Abagnale viajó hasta Canadá, donde tenía depositado $20,000, y de allí pretendía agarrar un vuelo hacia Brasil. Cuando estaba a punto de subirse al avión, un oficial canadiense lo reconoció y lo detuvo. Fue enviado a una prisión federal de Atlanta, pero al oficial que lo fue a llevar se le quedaron sus papeles de ingreso. Al percatarse de esto, y sabiendo que en la época muchas prisiones de los Estados Unidos estaban siendo demandas por maltrato a sus reos, a Frank se le ocurrió una idea.

Convenció a una amiga que se hiciera pasar por su esposa y le llevara una tarjeta de presentación falsificada del Buró de Prisiones. Con esta, convenció a los guardias de que era un agente de la entidad para evaluar las condiciones y el trato del establecimiento. Los oficiales dijeron que se habían dado cuenta cuando llegó sin papeles de ingreso (motivo por el cual lo trataban particularmente bien) y le permitieron irse.

Volvió a Nueva York para intentar recuperarse económicamente y esperar que se calmaran un poco las aguas para huir a Brasil. Sin embargo, cuando pasó por enfrente de un carro policial sin darse cuenta, los oficiales lo reconocieron y lo arrestaron definitivamente en 1971. Habiendo pasado tres de los doce años que debía servir, Frank recibe una carta del FBI ofreciéndole su libertad a cambio que trabaje para ello contando los detalles de cómo falsificó los más de 17,000 cheques por $2,500,000.

Tras su tiempo en el FBI, Abagnale se acercó a un banco, les contó su historia y les ofreció un curso de prevención de fraudes. Si quedaban inconformes con su contenido, no tendrían que pagarle; y si quedaban satisfechos, solo les costaría $50 y que lo recomendaran a otros bancos. Así comenzó a hacer cursos y charlas para evitar que otros caigan en las trampas que solía cometer.

En 1976 fundó Abagnale & Associates, compañía que se encarga de enseñarles a distintas empresas y entidades sobre ciberestafas, robo de identidad y otras técnicas de fraude. Con el tiempo se casó y tuvo tres hijos y hasta la actualidad se dedica a esparcir conocimiento a través del mal ejemplo de su adolescencia. O al menos esa es la historia que él cuenta.

La Triste Realidad

Dicen que cuando algo suena muy bueno para ser verdad es porque lo es. La idea de un adolescente que se hizo pasar por piloto, doctor y abogado, haciendo millones de dólares, cuando lo atrapan se escapa por el inodoro de un avión y termina trabajando para el FBI es… absurda. Pero está bien, hay caso como el de D.B. Cooper que parecen de película, pero son reales. Además, no es como que hay evidencia que pruebe que Frank Abagnale no está contando la verdad, ¿cierto?

Bueno, esta fue la pregunta que se hizo Jim Keith en 1981. Keith era el gerente de seguridad de un JC Penney en San Luis, y cuando escuchó una de las charlas de Abagnale, no le cuadró el cuento. Consideraba que «el discurso estaba lleno de errores técnicos en cuanto a la fabricación de cheques». Salió de la charla con un mal sabor de boca y decidió investigar a Frank.

Primero encontró una serie de artículos de periódicos locales de San Francisco y Oklahoma que cuestionaban la veracidad de la historia de Abagnale (el del Oklahoma Times lo puedes ver al comienzo del artículo). En su camino se encontró con William Toney, un profesor de justicia criminal en la Universidad Stephen Austin en Texas. Toney tampoco creía los cuentos de Frank y decidió que, junto a la ayuda de sus estudiantes, buscarían todos los registros en periódicos sobre la supuesta mente maestra. Además, contactarían las distintas instituciones a las que supuestamente estafó.

Para empezar, es complicado pensar que Frank Abagnale Jr. tuvo una serie de aventuras entre los 16 y los 21; pues pasó mucho de ese tiempo detrás de barras. En diciembre de 1964, a sus 16 años, Frank se metió a la marina. Tres meses después fue dado de baja y a las dos semanas lo arrestan por hurto menor. En junio de 1965, lo detuvieron en California por robarse el carro de un vecino de su papá en Nueva York y conducirlo a través del país (ver imagen 1). 

Cuando lo sueltan en custodia de su padre y ya teniendo 17 años, Abagnale sí se hizo pasar por piloto. Sin embargo, el uniforme simplemente lo compró de una tienda en Manhattan con dinero de cheques falsos, por lo que lo arrestaron en Tuckahoe, Nueva York (ver imagen 2). Fue sentenciado a tres años en la Prisión de Great Meadow, pero solo sirvió dos antes de ser soltado en la custodia de su madre. Sin embargo, rompió los acuerdos de su libertad condicional al robarse un carro en Boston, por lo que lo mandaron un año más a la prisión.

Habiendo terminado de cumplir su condena, en víspera de Navidad de 1968 y con 20 años ya, se hizó pasar por piloto de Trans World Airlines y se mudó a Baton Rouge (esto va a ser importante más adelante). Se hizo amigo de un reverendo, pero cuando le contó que era un piloto que había pedido una licencia, el padre llamó a la aerolínea y comprobó que era una mentira. Por la serie de crímenes que cometió en dos meses lo sentenciaron a doce años de libertad condicional en febrero de 1969.

Esto no detuvo a Abagnale de escapar a Europa, donde se robó un carro en Klippan, Suecia y lo condujo hasta Montpellier, Francia. Allí lo arrestan nuevamente y pasa dos meses en la prisión de Perpiñán. Después estuvo dos meses más en Malmö por el auto robado y lo deportaron a Estados Unidos en 1970.

Ahora con 22 años, Frank se hizo pasar por capitán de PanAm y fue a la Universidad de Arizona a entrevistar a estudiantes que estuvieran interesadas en ser azafatas (ver imagen 3). A diferencia de la película, ninguna joven pasó la supuesta «prueba» del programa ficticio. Por una serie de cheques falsos, a nombre de PanAm, que Abagnale forjó entre julio y noviembre de 1970, fue arrestado en el Condado Cobb, Georgia. Fue sentenciado a diez años por falsificar cheques por un total de $1,448.60, equivalente a $11,225.45 en la actualidad.

En 1974 le dan libertad condicional (nuevamente, los 60 y 70 eran tiempos particulares) y le asignan vivir en Houston, Texas. Aquí intentó conseguir una serie de trabajos, pero era despedido de todos cuando se enteraban de su pasado criminal. Frank miente sobre su currículo para conseguir un trabajo en un campamento de verano llamado Manison, pero al poco tiempo lo vuelven a arrestar por robarse las cámaras de sus compañeros (ver imagen 4).

Su agente supervisor de libertad condicional le dio una última oportunidad, haciéndolo vivir en su propia casa. De aquí se le pierde la pista en los periódicos a Abagnale hasta 1977, cuando empieza a dar charlas con el pasado inventado. Alan C. Logan, autor de «El Mayor Engaño de la Tierra», y colaborador en la recopilación de toda esta información sobre Frank, sacó las cuentas de los supuestos logros de Abagnale. «El tiempo que no estuvo detrás de barras acumula unos catorce meses. Cobrar 17,000 cheques falsos en ese tiempo significaría cambiar 40 cheques al día.»

Bueno, quisas exageró los hechos y dramatizó las cifras un poco demasiado, pero es teatro. Y si se hizo pasar como piloto en varias ocasiones (y como doctor, pero eso más adelante). ¿Quién quita que otros hechos de su historia sean reales? Por ejemplo, si se hizo pasar por piloto de PanAm. Entonces debe ser verdad todo lo que voló haciendo deadheading de la aerolínea, ¿cierto?

He aquí donde entra la parte que Toney contactó a distintas autoridades de la historia de Abagnale, entre ellas PanAm. Andrew K. Bentley, el director de seguridad de la empresa en esa época, fue conciso en su respuesta. «He recibido su carta con respecto a Frank W. Abagnale Jr. Lamento decirle que no tengo el tiempo o la inclinación para refutar el mismo balbuceo que este individuo ha estado esparciendo por años«. También comenta sobre como «el público se alimenta del sensacionalismo, sin importarle lo absurdo que sean los cuentos«. Creo que no hace falta decir que es poco probable que Abagnale haya volado a 26 países con más de un millón de millas aéreas.

Vale, ¿y qué hay de la vez que se hizo pasar por profesor de sociología en la Universidad Brigham Young? Aunque no sale en la película, aparece en una escena postcréditos y Abagnale ha contado la historia en múltiples charlas. Bruce Chadwick, el director de la institución, también es brutalmente honesto con su respuesta. «Esta es la décima quinta petición que hemos tenido en los últimos años sobre Frank Abagnale. Hemos revisado los archivos de la universidad, entrevistado a miembros de la facultad, pasados y presentes, y no hemos encontrado rastro o evidencia alguna que el Sr. Abagnale haya estado asociado con la BYU«. 0-2 para Frank.

¿Por lo menos fue cierto su mítico escape de prisión? Ese ni sale en la película, ha sido el mismo Abagnale el que lo ha dicho al público. De hecho, aquí hay un artículo del 22 de febrero de 1979, un año antes de que saliera su biografía, del El Paso Herald-Post donde Frank comenta: «Estuve detenido en una de las prisiones federales de mayor seguridad por dos semanas cuando me hice pasar por un inspector de prisiones y salí caminando«. 

Pues el asistente del guardián de la Penitenciaria Federal de Atlanta afirma que ni siquiera estuvo encerrado ahí. Y así muchas de sus historias se van desmoronando. Los 2.5 millones de dólares fueron poco más de mil. Su supuesta época de actividad desde los 16 a los 21 fue más bien hasta los 27. Creo que no hace falta que les diga que es prácticamente imposible que haya escapado de un avión por el inodoro. ¿Y lo de que trabajó con el FBI? Podría nombrarle cada uno de los exagentes que han desmentido los detalles de la historia de Frank Abagnale, pero les ahorro el tiempo.

Desde el nuevo milenio, y en especial después de la película que recaudó más de 350 millones de dólares, Frank Abagnale se ha visto forzado a hacer aclaración tras aclaración sobre como «la biografía está exagerada en partes que no voy a especificar» o la clásica «hay detalles que no puedo contar para proteger a las víctimas». El Estafador Volador dio una charla en las oficinas de Google en noviembre de 2017, pero en agosto de 2022, desactivaron los comentarios del video de YouTube. Adicionalmente, aclararon que «Google no apoya ni promociona lo dicho en la charla, ni confirma la veracidad de lo contado».

La Dudosa Redención

Está bien, definitivamente se puede decir que la mayoría de la historia de Frank Abagnale Jr. es falsa. Pero esto hace surgir una pregunta: ¿si le haces creer al mundo que tuviste una vida tan interesante que te interpreta Leonardo DiCaprio, no es acaso esa la mayor estafa posible? Abagnale podría ser un caso impresionante de un contador de historias tan bueno que pudo convencer a muchos, al menos hasta que tuviéramos toda la información del mundo en la palma de nuestras manos. El detalle es que hay una parte crucial de su historia que también es mentira: la idea de que «solo estafó a grandes corporaciones, no lastimó al ciudadano común».

Se supone que Frank era una especie de Robin Hood que tal vez no robaba a los ricos para darle a los pobres, pero que atacaba únicamente a empresas multimillonarias. Dice él que la única vez que estafó a un civil fue cuando una prostituta le quiso cobrar $1,000. Abagnale le dijo que solo tenía un cheque de $1,400 y le pidió los $400 de cambio en efectivo. El cheque era falso y lo pudieron cobrar. Sin embargo, el camino que dejaba este estafador estaba repleto de inocentes lastimados.

Cuando se hace pasar por piloto de Trans World Airlines y escapó a Baton Rouge, conoció a Paula Parks Campbell, una azafata que conoció en un pueblo de Nueva York a Miami en 1969. La enamoró con una docena de rosas y una caja de chocolates de cinco libras. Un día se le apareció en la casa de sus padres y le dijo que estaba teniendo problemas con su apartamento. Sus suegros, tan amables, lo recibieron como si fueran su hijo.

¿Cómo les agradeció tal aprecio? Robándose alrededor de $1,200 dólares en cheques de los distintos familiares. Así fue también con las cámaras y objetos personales de sus compañeros en el Campamento Manison. Ah, y también está la vez que se hizo pasar por reclutador de PanAm. Dijo que era doctor, aparte de piloto, y ha admitido con mucho orgullo haber realizado «exámenes físicos exhaustivos» en las jóvenes estudiantes. Así que no, un hombre que se vendió como la gran cosa cuando no es más que un criminal común de pacotilla no es nada impresionante.

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