ARTÍCULO

D.B. Cooper: El infame pirata aéreo

El misterioso caso de la única persona que ha podido secuestrar un avión, desaparecer sin dejar rastros y hacer que tras 45 años el FBI se rindiera.

Era una tarde del 24 de noviembre de 1971 en Portland, Oregón. Un hombre de negocios va al aeropuerto u compra un vuelo de ida a Seattle, Washington, y paga 18 dólares bajo el nombre de Dan Cooper. Una vez a bordo del Vuelo 305 de la Aerolínea Northwest Orient, Cooper se sienta en la última fila.

Cooper le pide un bourbon con soda a la azafata y le entrega un papel diciéndole que tiene una bomba en su maleta de mano y tranquilamente le pide 200 mil dólares y dos paracaídas. Cuando aterrizan en Seattle, Cooper deja que bajen todos los pasajeros, recarguen el avión con combustible y parte con los pilotos y la azafata hacia Ciudad de México.

¿Lo increíble del caso? Ninguno de los pasajeros se enteró de lo que estaba pasando; nadie de la tripulación sufrió daños; de camino a Ciudad de México, Cooper salta en paracaídas del avión y tras 45 años, el FBI tuvo que cerrar el caso sin llegar a una solución.

Los involucrados

El secuestro

El día antes de Acción de Gracias, Dan Cooper sube a bordo del Vuelo 305, un Boeing 727-100. Se sienta en el asiento 18-E, en la última fila, le pide a la azafata, Florence, un whisky bourbon con 7-Up y enciende un cigarrillo (cosa que era común en la época).

El vuelo partió a tiempo, a las 2:50 pm, y al poco tiempo después del despegue, Cooper le entrega a Florence una nota doblada. Pensando que se trataba del número del asalariado junto a un «llámame,» la azafata mete la nota sin abrir a su cartera.

Cooper se le acerca y le comenta que es importante que lea la nota. En letras mayúsculas y buena caligrafía, leía «Señorita, tengo una bomba y quiero que te sientes al lado mío.» Una vez Florence se sienta al lado del hombre, este calmadamente abre su maletín y le muestra dos filas de cuatro cilindros de lo que parecía dinamita, pegados por cables a una batería.

El secuestrador le explicó sus demandas:

  1. 200 mil dólares en billetes de 20.
  2. Dos paracaídas frontales y dos traseros. Se cree que pidió dos pares para implicar que iba a tomar un rehén y evitar que le enviaran equipo defectuoso.

 

Cooper permitiría que el avión aterrizara y desembarcaran los pasajeros. Esto con la condición que cargaran el avión con combustible, le entregaran el dinero y paracaídas, y le dejaran salir con los miembros de la tripulación que los llevaría a un punto que les diría después.

Con una última advertencia que de notar movimientos sospechosos haría volar el avión, Cooper envía a Florence a la cabina a mandar sus demandas a través de la línea de comando. Esta última deja a su compañera Mucklow sentada al lado del secuestrador y le entrega un intercomunicador para mantenerse en contacto.

Scott, el piloto, le avisó al control de tráfico aéreo, quienes contactaron a la Policía de Seattle y el FBI. Donald Nyrop, el entonces presidente de la aerolínea, aprobó el pago del secuestro y solicitó que le dieran colaboración total.

Lo que tenía que ser un vuelo de 30 minutos, tuvo que dar vueltas en el aire durante casi tres horas. A las 5:24 pm le avisaron a Scott que ya estaban listos los paracaídas y el dinero y a las 5:46 pm aterrizaron en el Aeropuerto de Seattle. Mientras estaban en el aire se les dijo a los pasajeros que se debía a una «falla mecánica que estaban resolviendo» y Mucklow se quedó hablando con Cooper para evitar complicaciones.

Una vez en el aeropuerto, Mucklow se encargó de hacer los viajes a buscar el dinero y los paracaídas, y Cooper cumplió su promesa de dejar bajar a los pasajeros. Mientras esperaban a que recargaran combustible, la tercera azafata, Alice Hancock le preguntó a Cooper si podían bajarse también, a lo que el secuestrador accedió, pero pidió que se quedara Mucklow para asistirlo en lo que venía.

Cooper habló con el piloto y copiloto y le dio un plan detallado: tomarían curso a Ciudad de México a la velocidad más baja que le permitiera la nave, aproximadamente 100 nudos (185 Km/h) y a una altura de 3000 metros. Además de esto, el equipo de aterrizaje debía estar desplegado, los alerones estarían a 15 grados y las escaleras traseras irían abiertas durante el viaje.

El copiloto, Rataczak, le informó a Cooper que a esas configuraciones, el avión no tendría combustible suficiente para llegar a México y se pusieron de acuerdo en aterrizar en el Aeropuerto de Reno, Nevada, para recargar el avión. También le intentó advertir que es muy riesgoso despegar con las escaleras desplegadas, a lo que Cooper le contestó «se puede hacer, hazlo» pero le dijo que no se preocupara y que él abriría las escaleras en el aire.

Alrededor de las 7:40 pm el Vuelo 305 vuelve a despegar. Una vez en el aire, Mucklow le entrega los paracaídas a Cooper y le entrega unas instrucciones impresas, mas este le dice que no las necesita. El secuestrador le indica a la azafata que se meta en la cabina, cierre la puerta y no salieran y esta le suplica que se lleve la bomba con él. Cooper se amarra un bolso que improvisó con uno de los paracaídas de reserva con los 200 mil dólares, agarra su maletín y le dice que no se preocupe.

Todo esto pasó en aproximadamente cinco minutos, y una vez Mucklow se encontraba en la cabina junto a los pilotos, perdieron cualquier contacto con Cooper. A las 8:13 pm la tripulación sintió un cambio abrupto en la presión del aire y sintieron como la cola del avión se levantaba, por lo que supieron Cooper había abierto las escaleras traseras.

Mientras se acercaban a Reno, la cabina intentó comunicarse con Cooper a través del intercomunicador, pero el silencio les indicó que ya había saltado. A las 11:02 pm aterrizaron en Reno y tras la llegada del escuadrón antiexplosivo del FBI, determinaron que, en efecto, Cooper se llevó la bomba con él.

La policía consiguió la corbata de Cooper en el avión y cinco huellas dactilares latentes, junto a unos cuantos cabellos del secuestrador. Sin embargo, como no existía la tecnología en la época para rastrear a Cooper a través de pruebas de ADN o similares, no se pudo llegar a mucho con esto.

Mientras la policía daba las declaraciones del secuestro, un reportero apurado escuchó Dan Cooper y anotó «D.B. Cooper,» lo que hizo que los otros medios que sacaban la noticia de su reportaje lo repitieran y popularizaran este nombre.

La desaparición e investigación

Debido a la cantidad de variables era difícil determinar una zona de aterrizaje exacta. Aunque el FBI envió dos jets a que siguieran al vuelo 305, las fuertes lluvias de la época y la oscuridad de la hora no les permitieron ver el momento en el que Cooper saltó; y sus radares no captaron que se accionara un paracaídas.

A través de los registros de locación por hora de las tres naves y los reportes de la tripulación, se determinó que Cooper había saltado al sur del Monte Santa Helena. La poca visibilidad y las  heladas temperaturas de diciembre en la zona les indicó a la policía que era poco probable que Cooper sobreviviera el aterrizaje, y aunque aterrizara vivo, era probable que muriera congelado en un lago.

Las autoridades se limitaron a repartir los seriales de los billetes que le entregaron a Cooper a distintos hoteles, casinos, bancos y bares a través de todo el país y mantenerse alerta ante reportes del criminal.

El problema es que las noticias de D.B. Cooper se esparcieron por doquier y aparecieron múltiples secuestradores que imitaron el modus operandi de Cooper. Muchos de estos secuestros y saltos en paracaídas ocurrieron en condiciones climáticas iguales o peores a las de Cooper, y todos los criminales sobrevivieron y fueron atrapados posteriormente.

Esto llevó al FBI a seguir investigando y tras una infinidad de búsquedas en los alrededores sur del Monte Santa Helena y los pueblos cercanos, no encontraron ni el cuerpo de Cooper ni cualquier tipo de evidencia de su aterrizaje. A comienzos del 73 y sin rastro alguno de los billetes de Cooper, los periódicos de Portland y Seattle ofrecieron recompensas de $5,000 y $1,000, respectivamente. Para el 74, no se había podido corroborar un solo billete verdadero.

La investigación se enfría por seis años, hasta que el 10 de febrero de 1980, un niño de ocho años de vacaciones con su familia en el Río Columbia (a más de 32 km de la zona de aterrizaje teorizada) desenterró tres paquetes de billetes de 20 dólares. Los billetes estaban sumamente corroídos por los elementos, y sumaban en total $5,800. Tras reportarlo a las autoridades, estas pudieron confirmar que se trataban de los billetes del secuestro de D.B. Cooper.

Las investigaciones de expertos sugerían que, por el patrón de desintegración de los billetes, estos habían sido enterrados por el río y no intencionalmente por Cooper. Sin embargo, había un factor que no concordaba con esta teoría. Los $5,800 estaban en tres paquetes: dos de cien billetes de $20, como se los habían entregado a Cooper, y uno de noventa billetes.

No tenía sentido que Cooper hubiera fallado en su aterrizaje y hubiera perdido tres paquetes de billetes, que estos se mantuvieran juntos y para colmo desapareciera un billete de uno de los paquetes. Tras investigaciones más profundas, pudieron establecer que había una capa de arcilla en el banco de río por debajo de donde encontraron los billetes que se formó en el 74. Por ende, los billetes tuvieron que ser enterrados por alguien tres años después del secuestro.

A pesar de todas las pruebas de la supervivencia de Cooper tras el salto en paracaídas, nunca pudieron encontrar evidencia alguna de su existencia. No apareció ni un solo billete de los $194,200 que faltaban, no había evidencia de Cooper y tras 45 años y más de mil «sospechosos serios», el 8 de julio de 2016, el FBI anuncia que suspenderán las investigaciones en el caso de D.B. Cooper.

Los 66 volúmenes del caso fueron guardados para la posteridad en el cuartel general del FBI en Washington y están disponibles para el público.

Las teorías

Como mencioné, durante los 45 años de investigación, el FBI señaló a más de mil sospechosos serios (y sabrá Dios la cantidad de personas que proclamaron ser D.B. Cooper por cinco minutos de fama). Sin embargo, acá te dejo cinco de los más destacados.

Un veterano militar con entrenamiento en despliegue en paracaídas y un pasado criminal. Antes de cerrar la investigación en 2016, el FBI llegó a la conclusión que no había prueba suficiente para decir que Robert era Cooper. A pesar de esto, un colega militar suyo reportó decodificar mensajes enviados por Cooper que parecían implicar a Robert. Rackstraw falleció en 2019, y dejó una serie de mensajes crípticos sobre el secuestro.

Un año después del secuestro, McCoy secuestraría un 727 y seguiría el modus operandi de Cooper. A pesar de las similitudes, McCoy no se parecía en lo absoluto a los dibujos de Cooper y tras escapar de la cárcel en el 74, muere en un tiroteo con la policía.

La sobrina de Lynn, Maria Cooper, reportó en 2011 que el mismo año del secuestro aéreo escuchó a su tío decir «lo logramos, se acabaron nuestros problemas de dinero, secuestramos un avión.» El FBI investigó el caso, pero no pudieron concluir que Lynn, quien murió en 1999, fuera D.B.

Un paracaidista militar que trabajaba en la aerolínea del Vuelo 305, Kenneth fue acusado por su hermano de ser el secuestrador. Al parecer, un año después del secuestro, Kenneth se compró una casa en efectivo, a pesar de haber pasado años en deudas financieras. Falleció en 1994.

Smith era un veterano de la Marina Estadounidense que tras retirarse después de la Segunda Guerra Mundial empezó a trabajar en la industria locomotriz. En 1970, la empresa que lo contrataba entró en bancarrota y lo dejó al borde de la pobreza. En la corbata que consiguieron las autoridades había virutas de aluminio y titanio puro, cosa que era muy raro en la época, pero que podían provenir del trabajo de Smith en las vías de ferrocarril.

Sin embargo, toda esta información sale de un artículo que escribió un analista de data de la Armada el mismo año del fallecimiento de Smith, 2018. Dada la situación, el FBI consideró inapropiado hacer algún comentario sobre las sospechas hacia Smith.

Aparte de estos cinco, hay miles de historias de personas que se levantan y le dicen a su pareja que son D.B. Cooper; o que en su lecho de muerte confiesan ser el secuestrador. Esto en gran parte se debe a que este es el caso del único secuestro aéreo sin solución en la historia de los Estados Unidos, y hay personas que incluso escriben libros donde admiten ser este criminal por fama.

Lo absurdo e interesante de este caso es como pareciera que Cooper desapareció por completo de la faz de la tierra. Y aunque muchos dicen que murió en el aterrizaje debido a que nunca se gastó el dinero del secuestro, otros se aferran a los $5,800 que se recuperaron y al hecho de que nunca se encontró un cuerpo.

Indudablemente, esta es una historía fascinante de un desaparecido. Si quieres leer otro caso de personas que desaparecieron del planeta, te recomiendo nuestro artículo sobre Roanoke: Colonia Perdida y Cierva Blanca.

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