ARTÍCULO

Apoteosis: De Mortal a Deidad

Puede que estés familiarizado con la historia de "zero to hero" de Hércules. Pero hay muchas maneras de volverse un Dios en la mitología griega.

Todo el mundo conoce el mito de Hércules. Después de todo, Disney le hizo una película. Hijo abandonado de Zeus con una mortal, la sangre de los dioses lo hace inhumanamente fuerte, pero sigue siendo… mortal. Tras doce arduas labores prueba su poder ante el Olimpo, y asciende para tomar su trono en el panteón griego.

Definitivamente que para muchos puede ser una historia inspiradora para alcanzar tus límites e incluso sobrepasarlos. Y con canciones en su soundtrack como «Llegaré A Mi Meta» (que hasta llega a interpretar Ricky Marty en el cd de la película), no los culpo en lo absoluto. Pero uno de los aspectos más particulares del mito de Heracles, que en el Imperio Romano se traspasó a Hércules y de ahí se populariza, es la historia de mortal a deidad por la que pasa este chico.

Al fin y al cabo, no es todos los días que un humano se vuelve Dios, ¿cierto? Heracles debió ser especial por ser hijo del Rey de los Dioses. Pues no, en la mitología griega hay muchas formas de volverse un Dios. Desde hazañas imposibles hasta contracción del poder por matrimonio, esto es la Apoteosis. Apo: «idea de intensidad», theo: «Dios», osis: «formación, impulsión».

El concepto es simple, en múltiples culturas existe la idea de una figura humana tan importante y relevante que se puede contar entre los dioses. A esto se le conoce como Apoteosis, o la deificación de una persona. En la antigua República Romana, solo había un caso aceptado: el del dios Quirino, quienes muchos teorizan fue originalmente Rómulo, uno de los fundadores de Roma. Esto cambio con el paso al Imperio Romano, cuando el Emperador Augusto deífico a Julio Cesar.

Se cree que este cambio estuvo inspirado en sus vecinos griegos, para los cuales era bastante normal que un mortal se volviera Dios. Y cuando digo Dios no hablo de mitos, estas personas, que en algún momento caminaron entre los griegos, tienen templos a su nombre; se hacen sacrificios en estos y todo. Déjame contarte, pues, cuatro ejemplos de humanos que se ganaron un asiento en el Olimpo.

Heracles

Empecemos por el más conocido. No es nada extraño que este haya sido el escogido para protagonizar una película de Disney. Para los griegos, Heracles el Superman de la época. Más allá de Perseo y su triunfo sobre Medusa o Teseo y el Minotauro, este es el verdadero «niño de oro» de la mitología. Después de todo, ni Perseo ni Teseo se convirtieron en dioses, aunque si hablaremos de ellos más adelante. Pero bueno, esta es la historia de Heracles, no de aquellos dos:

Hijo de Zeus en una de sus múltiples aventuras carnales y Alcmena, una de las nietas de Perseo, la mera concepción de Alcides (como se llamaba originalmente Heracles) fue especial. Zeus se disfrazó del esposo de Alcmena, Anfitrión, e hizo que Helios, Dios del Sol, no saliera por tres días, haciendo que su noche de pasión se extendiera. Anfitrión se encontraba en la guerra, pero volvió justó después de que Zeus se hiciera pasar por él. Tras consumar el amor con su esposa, Alcmena queda con un embarazo particular: Ificles y Alcides, gemelos de la misma madre, pero solo uno llevaba la sangre de los dioses. (Por cierto, este es un fenómeno real llamado Superfecundación; específicamente la heteropaternal, o de padres distintos)

Cuando Hera, Reina de los Dioses y esposa de Zeus, se enteró de en lo que se andaba su marido, evidentemente se enfadó. Confrontó a Zeus y le hizo jurar que el próximo descendiente de Perseo sería el héroe que traería gloria al Olimpo, dándole fin a las criaturas que aún existían de la Era de los Titanes. El Rey de los Dioses aceptó, pensando que su esposa hablaba de Heracles, pero Hera sabía que Euristeo, otro de los nietos de Perseo y primo segundo de Heracles, estaba pronto a nacer.

Hera obligó a Ilitía, Diosa del Parto, a retrasar el nacimiento de Heracles lo más que pudiera. Euristeo nació y se ganó un lugar entre los dioses y Alcmena solo pudo dar a luz cuando uno de sus sirvientes logró engañar a Ilitía. Aterrada de que Hera los siguiera atormentando, la madre de Heracles decide abandonarlo en medio de un campo. Algún Dios (en algunos mitos el mismo Zeus, en otros Helios o Atenea) lleva al infante a Hera, quien se compadece y lo amamanta sin conocer su identidad. Heracles muerde el seno de Hera, haciendo que esta lo aparte y en el proceso se derrame un chorro de su leche. He ahí, pues, la creación de la Vía Láctea.

Atenea le devolvió su hijo a Alcmena, prometiéndole que sería un gran guerrero, por lo que era vital que lo criara. Heracles creció junto a Ificles y a los ocho meses, la Reina del Olimpo mandó dos serpientes para acabar con los gemelos. Heracles simplemente estranguló una con cada mano y cuando su madre entró a la habitación lo encontró jugando con los cuerpos. Anfitrión, impresionado con los poderes de sus hijos y sin saber de la infidelidad de su esposa con Zeus, lleva a Heracles ante Tiresias, el profeta ciego de Tebas, región a donde huyeron Anfitrión y Alcmena poco antes del nacimiento de sus hijos. (Dato curioso, Tiresias es el profeta que Odiseo busca en el Inframundo en la Odisea)

Tiresias pronosticó un futuro inusual para el niño, en el que derrotaría a las más temibles criaturas. Así creció Heracles con la mejor educación que unos mortales le pudieran brindar. Según una parábola, a Heracles se le presentó las figuras del Vicio y la Virtud para darle a elegir entre una vida de placer y facilidad o una de dificultad y gloria. El prototipo de superhéroe evidentemente escogió la última. Ya en su adultez, Heracles se llegó a casa con Megara, la princesa de Tebas, y tuvieron hijos.

La mayor diferencia entre la película de Disney y el mito es el motivo por el que Heracles emprende sus Doce Labores. Similar al origen de Kratos en God of War, Hera hace enloquecer por completo a Heracles, haciendo que use su fuerza inhumana para matar a su esposa e hijos. Cuando por fin sale del hechizo de la Reina de los Dioses, Heracles huye al oráculo de Delfos. Este le dice que para pagar la deuda de sus pecados, deberá servirle diez años a Euristeo, quien ahora era Rey de Tirinto. Euristeo le pone diez labores imposibles a su primo segundo, pero para Heracles lo imposible no era más que un desafío:

La primera Labor de Heracles fue matar al León de Nemea. El cuero de esta bestia era impenetrable por cualquier arma, lo que obligó al héroe a aplicar (y probablemente inventar) la mítica mataleón. Tras tumbar a la criatura al piso, usa sus propias garras para degollarla y ponerse su piel de abrigo.

Después debería vencer a la Hidra de Lerna, una serpiente venenosa de nueve cabezas. Cada vez que Heracles cortaba una, dos más crecían. Con la ayuda de su sobrino, Jolano, quien quemaba los cuellos una vez Heracles cortaba la cabeza, pudieron acabar con la bestia. El Héroe de Grecia agarró la sangre de la Hidra e introdujo sus flechas en ella, cubriéndolas de un veneno capaz de acabar con cualquier criatura.

Ahora debía capturar viva a la Cierva de Cerina. Este animal era extremadamente ágil, pues era sagrado para Artemisa, Diosa de la Caza. Tras una incansable persecución, la Cierva de Cerina se detuvo a tomar agua y Heracles logró enredarla en una red. Artemisa y Apolo se aparecieron frente a él, para pedirles explicaciones. Nuestro héroe logró convencerlos de que no lo actuaba con mala intención ni quería matar a la cierva, por lo que los dioses lo dejaron ir.

Otra vez debía capturar a una bestia, esta vez al Jabalí de Erimanto, un enorme macizo montañoso nevado. Heracles persiguió al animal hasta que este cayó en nieve profunda, lo encadenó, se lo montó al hombro y lo llevó frente a Euristeo. A este punto el rey estaba tan aterrado de Heracles y sus habilidades sobrehumanas que se escondió en un jarrón de bronce.

Viendo que no había criatura que pudiera acabar con Heracles, Euristeo intentó algo distinto. La quinta labor del héroe fue limpiar Los Establos de Augías, el Rey de Élide, en un solo día. Como este monarca era hijo de Helios, contaba con un ganado de más de tres mil vacas que no enfermaban y eran protegidas por doce toros sagrados. Como su rebaño era esencialmente inmortal, Augías nunca se molestó en limpiar sus establos, lo que hacía la tarea de Heracles parecer más imposible que matar a la Hidra. Sin embargo, la absoluta bestia que era Heracles no se dejó vencer y redirigió dos ríos para realizar su labor.

Euristeo trató de deshacerse del hijo de Zeus por sexta vez. Heracles debía acabar con una bandada de aves carnívoras con picos de bronce y alas de metal en el lago Estínfalo en Arcadia. El héroe las espantó y simplemente procedió a tumbarlas del cielo con su arco y flechas cubiertas de la sangre de la Hidra.

Ahora, Heracles tendría que capturar al Toro de Creta. Esta majestuosa criatura había sido enviada al Rey Minos por Poseidón para que lo sacrificara a su nombre. El monarca de Creta se creyó muy listo, y mandó al toro a su ganado para sacrificarle uno inferior a Poseidón. Enfurecido, el Dios de los océanos mandó a que Afrodita maldijera a Pasífae, la esposa de Minos, para que se enamorara del toro. De esta relación nació el mítico Minotauro (lit. Toro de Minos en griego), y el toro se escapó a causar estragos por todo el reino. La intención de Euristeo era que Heracles lo capturara para sacrificarlo en nombre de Hera y aunque el semidiós logró su cometido, el Toro de Creta se le escapó a Euristeo y huyó a Maratón. Tiempo después, Teseo emprendería a capturar a la bestia y sacrificarla a Atenea (o Apolo en otros mitos) antes de volver a Creta para matar al Minotauro.

Heracles fue mandado a robar las Yeguas de Diomedes, cuatro equinos come hombres del Rey Gigante de Tracia. Otra vez, el héroe llevó a cabo su labor, esta vez matando a Diomedes y alimentándolo a sus propias yeguas para calmar su hambre y llevárselas a Euristeo.

Su penúltima labor lo llevaría a la tierra de las amazonas, para robarle el cinturón a Hipólita, la hija de Ares y Reina de las Amazonas. Sin embargo, Heracles no era un ladrón, por lo que invitó a Hipólita a su barco. Esta, impresionada con el guerrero que tenía en frente, le entregó su cinturón sin protesta (y probablemente hicieron otras cosas esa noche, si captan lo que quiero decir). A pesar de esto, la misión no fue del todo sencilla. Hera, quien aún mantenía rabia con el producto de la infidelidad de su esposo, convenció a las amazonas que Heracles estaba intentando matar a su reina para quitarle el cinturón. El héroe tuvo que huir para evitar derramar la sangre de las amazonas, y consiguió llegar a salvo donde Euristeo, quien le regaló el Cinturón de Hipólita a su hija.

Para su última labor, Heracles tenía que capturar el Ganado de Gerión, un hombre de tres cabezas que vivía en la isla de Eritea, en el actual Cádiz. El semidiós no solo acabó con Gerión, también con su perro de dos cabezas, Ortro.

Espera, ¿no eran las Doce Labores de Heracles? Bueno, originalmente eran diez, que al terminarlas quedaría exento del pecado de matar a su familia. Sin embargo, Euristeo consideró que dos labores eran inválidas: la matanza de la Hidra, pues Jolano lo había ayudado; y la limpieza de los Establos de Augías, pues Heracles aceptó un pago del Rey. Puede que Euristeo estuviera aterrado de que Heracles fuera por el trono una vez saldada la deuda. Tal vez por eso las dos labores que le puso eran aún más ridículas que las anteriores:

Ahora Heracles debería robarse una manzana dorada del Jardín de las Hespérides, ninfas que cuidaban el huerto de Hera. La famosa Manzana de la Discordia era una de estas manzanas doradas, que se supone fueron un regalo de boda de parte de Gaia para Zeus y Hera. Para empezar, nadie más que ciertos dioses y titanes conocían la ubicación del jardín. Heracles tuvo que buscar a Prometeo y matar al águila que Zeus había puesto a picarle el hígado al Titán que se robó el fuego del Olimpo. A cambio del favor, Prometeo lo dirigió a su hermano, Atlas, el Titán que sostiene los cielos. Este logró engañar a Heracles para que lo relegara en su labor de sostener el domo celestial mientras que buscaba la manzana. Cuando Atlas volvió a Heracles, le dijo que él mismo llevaría la manzana a Euristeo. El hijo de Zeus le pidió que sostuviera el cielo un segundo para acomodarse la capa, le quitó la manzana y se fue.

Por último (esta vez sí), Euristeo le dio una labor a Heracles que podría ser descrita como la tarea más imposible en la mitología griega. Heracles debería bajar al Inframundo, pelear contra Cerbero, el perro de tres cabezas de Hades, y llevarlo de vuelta a Euristeo vivo. No solo es difícil pelear contra la bestia, pero pensar que el Dios del Inframundo y los Muertos dejaría que un mortal se lleve a su perro es difícil. Hades le dijo a Heracles que si podía someter a Cerbero sin armas ni escudo, se lo podría llevar. El semidiós se amarró el cuero del León de Nemea alrededor de una mano para usar de escudo y estranguló a la bestia hasta que se rindió. En algunos mitos, Heracles tuvo que pelear contra Hades para llevarse al can. Se dice que el Guardián del Inframundo fue paseado por Grecia por Heracles, se lo presentó a Euristeo y lo regresó a su hogar.

Una vez completadas sus labores y saldada su deuda con Euristeo, Heracles disfrutó al máximo su libertad. Peleo en múltiples guerras, se volvió un Argonauta, entro en una competencia de beber vino con Dionisio, Dios del Vino, rescató a Prometeo, mato a Escila, etcétera. Por algo digo que es el Superman de la mitología griega. 

Su fin llegó poco después de que matara al Dios del Río Aqueloo y se casara con su tercera esposa, Deyanira, Princesa de Calidón. Mientras viajaban de vuelta a Tirinto, Heracles y Deyanira se encuentran con un río caudaloso en su camino. Mientras que eso no era un obstáculo para el semidiós, definitivamente lo era para su esposa mortal. De repente se les apareció Neso, un centauro, que se ofreció para cruzar a Deyanira mientras que Heracles nadaba. Una vez el héroe piso tierra, el centauro huyó con su esposa, para secuestrarla y hacerla suya. Heracles sumergió la punta de su lanza en la sangre venenosa de la Hidra, apuntó a Neso y la aventó, penetrando el corazón de la bestia sin tocar a Deyanira.

Justo antes de morir, Neso le dio a Deyanira su túnica cubierta de sangre. Le dijo que si en algún momento sentía que Heracles la dejaba de amar, se la diera para que se obsesionara con ella. Tiempo después, Heracles parecía estar buscando su cuarta esposa, por lo que Deyanira le envía la Túnica de Neso. La verdad es que no era sangre de centauro, pero de la Hidra, tan venenosa que ni el mismo Heracles podía resistirla. El semidiós cortó un bosque entero, se hizo una pira funeraria para él mismo y le pidió ayuda a Peante, otro de los Argonautas, y su hijo Filoctetes para que la encendieran con él encima. Ahí se dice que solo se quemó el cuerpo de Heracles, y su espíritu ascendió al Olimpo a través de la Apoteosis. 

Filoctetes heredó las Flechas de Heracles tras la deificación de este, y se ganó el favor del nuevo Dios. Durante la Guerra de Troya, Filoctetes usa esta flechas venenosas para matar a Paris, príncipe de Troya y esposo de Helena. Según algunos de los mitos, Filoctetes solo contaba con cinco flechas del Héroe de Grecia. Desafió a Paris a un duelo de arcos: su primer disparo falló, el segundo le dio a Paris en la mano que sostenía el arco, el tercero en el ojo derecho y el cuarto en el talón. No hizo falta disparar la quinta flecha. De ahí, fue uno de los guerreros que estuvo en el mítico Caballo de Troya.

Asclepio

Uffff… Creo que no hay duda de que Heracles se ganó el puesto de Dios del Olimpo. Las Doce Labores que llevó a cabo son cosas que genuinamente ningún otro humano logró en la mitología. Muchos personajes notables mataron a criaturas temibles, tal vez una o dos, ¿pero cinco? (si no cuentas cada ave del Estínfalo por separado). A eso súmale que peleó contra Cerbero puño limpio y ganó y que no mató a las criaturas de las otras labores únicamente porque Euristeo se las pidió vivas. Hijo del Rey de los Dioses, por supuesto que Heracles estaba destinado a grandes cosas. A pesar de esto, no siempre es necesario hacer Doce Labores; a veces una hazaña que rompe las leyes de la naturaleza es suficiente. Así va la historia de Asclepio:

Hijo de Apolo (nunca dije que la sangre de Dios no fuera importante) y Coronis, princesa de Tricca, una ciudad de la región de Tesalia, Asclepio también nació de forma inusual. Coronis se acuesta con Apolo, queda embarazada, pero nunca le dice, y le es infiel con un joven llamado Isquis. No es buena idea intentar engañar al Dios de la Verdad y las Profecías, y Apolo mata a Isquis. Artemisa, Diosa de la Caza y gemela de Apolo, mata a Coronis por traicionar el amor de su hermano. 

Coronis con su último aliento le confiesa a Artemisa que está embarazada de Apolo, que también es Dios de la Curación (y la Música, Luz, Conocimiento, Rebaños y Protección de los Jóvenes porque al parecer le iba muy bien el multitasking). Apolo logró rescatar al bebé del vientre de Coronis, el cual nombró Asclepio. Durante su niñez creció aprendiendo medicina de su padre inmortal, pero la educación formal de Asclepio fue con Quirón, «el más sofisticado de los centauros». Quirón había sido estudiante de Apolo, y aprendió esencialmente todas las disciplinas de la que el último es Dios. De ahí el centauro se volvió un mentor importante para varias figuras de la mitología, como Asclepio, Aquiles y Patroclo, Jason el Argonauta y otros.

Asclepio se volvió todo un maestro de las artes médicas. En un mito, fue encarcelado en una prisión secreta de Creta hasta que encontrara una forma de resucitar a Glauco, el príncipe e hijo de Minos. Mientras Asclepio ponderaba cómo lograr lo imposible, mató por accidente a una serpiente mientras pegaba su bastón contra el piso repetidamente, perdido en pensamiento. Poco tiempo después apareció otra serpiente con una hierba en la boca, la cual untó en la primera y la revivió. Asclepio consiguió esta hierba y logró curar el malestar definitivo: la muerte.

En otro mito, Asclepio salvó a una serpiente moribunda. Esta, a manera de agradecimiento, le limpió las orejas al curandero. En la mitología griega las serpientes eran las poseedoras de los secretos de la vida. Que una te limpiara la oreja significaba que te estaba enseñando conocimientos más allá de lo que podían lograr los humanos. En cualquier caso, Asclepio está indudablemente vinculado con las serpientes. Uno de los símbolos relacionados con este humano vuelto Dios (diría que es un spoiler, pero eso trata el artículo) es el Báculo de Asclepio, un bastón con una serpiente enrollada a través de ella. (Dato curioso, este es el símbolo de la medicina, una vara con una serpiente. Si piensas que es una vara con dos serpientes enrolladas y alas, pues no. Ese es el Báculo de Hermes, Mensajero de los Dioses. Se cree que esta confusión proviene de que en 1902, el Cuerpo de Médicos del Ejército Estadounidense usó el Báculo de Hermes en vez del de Asclepio en su logo)

Después del descubrimiento que hizo Asclepio, se volvió famoso por poder curar cualquier enfermedad y traer a los muertos de vuelta a la vida. Entre los personajes que resucitó se encuentran el rey de Esparta, el de Nemea e incluso en algunos mitos el Dios del Matrimonio. Se supone que también revivió a Hipólito, el hijo de Teseo y una amazona (probablemente Hipólita por el nombre), después de la fatídica caída de su carreta. La repentina desaparición de almas del Inframundo enfureció a Hades, quien mandó a su hermano, Zeus, a que investigara qué estaba pasando.

Cuando Zeus ve los milagros que estaba realizando Asclepio, temió que los humanos aprendieran a desafiar a la muerte misma. El Dios de los Cielos recogió su rayo y aniquiló al curandero. Enfurecido por la muerte de su hijo, Apolo va a matar a los cíclopes que forjaron el rayo de Zeus y lo confronta. Tras una larga discusión, Apolo convenció a su padre de que inmortalizara a Asclepio como Dios de la Medicina.

Aunque no tuvo que realizar Doce Labores como Heracles, descubrir la cura de la muerte no es nada de que burlarse. De hecho, el mito de Asclepio toma lugar antes del de Heracles. En «Diálogos de los Dioses», un escrito satírico del siglo II, se ven relatados veintiséis diálogos breves que se burlan de la concepción homérica de los dioses griegos. En el Diálogo XIII, Asclepio y Heracles se están peleando por ver quién se merece el lugar más alto de la mesa de los Dioses del Olimpo. Zeus acaba con la discusión diciendo que se la ganaba Asclepio; por tener más tiempo siento un dios.

Sémele, Dionisio y Ariadna

Mientras que los casos de Heracles y Asclepio son claramente apoteosis, los orígenes de Dionisio, Dios del Vino y la Fertilidad, están cubiertos de especulación. Para empezar, no se sabe bien quienes son sus padres, en la mayoría de los mitos es hijo de Zeus, pero su madre cambia entre autores. En algunas historias es Deméter o su hija Perséfone, en otras son las diosas Ío o Dione, o la ninfa Arge. De hecho, hay muchos mitos que plantean a Dionisio como el hijo de la deidad egipcia Amón y Amaltea, una de las nodrizas de Zeus. Amón, atemorizado de lo que haría Rea, madre de Zeus, Poseidón y Hades, por engendrar un hijo entre dos mitologías, abandonó al joven Dionisio en el Monte Nisa. Aquí se supone que lo criaron las ninfas de la lluvia, y se ganó el apodo de «Zeus de Nisa».

La cantidad de versiones del origen del Dios del Vino hizo creer a muchos historiadores que existieron múltiples figuras identificadas como Dionisio. Cicerón identificó cinco Dionisios distintos; y Diodoro Sículo, tres. Una característica que comparten muchos Dionisios es que o son hijos de figuras mitológicas ajenas a Grecia o nacieron producto de una de las aventuras de Zeus en Egipto. Esto le da a este Dios la particularidad de ser una especie de vínculo entre varias regiones históricas de la época precristiana, como lo fue el vino en sí. Sin embargo, las dos versiones más comunes del mito de Dionisio lo plantean como un griego de nacimiento, con la particularidad de que nació dos e incluso tres veces.

En una de las versiones nace primero como Zagreo, hijo de Zeus y Perséfone. Mientras su hijo era apenas un infante, el Rey de los Dioses decidió que Zagreo sería heredero de los cosmos y reinaría sobre el Olimpo. Hera, enfurecida por la infidelidad de su marido, incita a los titanes a que rapten el niño, lo piquen en pedazos y lo hiervan en un estofado. Por suerte, Atenea rescató el corazón de Zagreo y se lo entregó a su padre. Esto permitió que Zeus reengendrara a su hijo con Sémele, princesa de Tebas, esta vez como Dionisio. Otra versión del mito es que Dionisio y Zagreo existieron a la vez. En esta interpretación del cuento, Zagreo era hijo de Hades y Perséfone, y Príncipe del Inframundo (si has jugado Hades, el videojuego de 2020, de aquí se inspira el protagonista, añadiendo elementos de los mitos de Orfeo y Eurídice, la Granada de Perséfone, y otros). Dionisio era un mortal nacido de Zeus y Sémele que en algún punto de la historia se fusionó con Zagreo para volverse Dios. 

En cualquier caso, el origen más compartido por los mitos de Dionisio es que es hijo de Zeus y Sémele, sea o no reencarnación de Zagreo. Sin embargo, su historia de muerte prematura se replica en esta versión. Hera (cuya aparición en la mayoría de los relatos de la mitología tiene que ver con cobrar venganza por la infidelidad de su marido) se le presenta a Sémele, ya embarazada con Dionisio, en la forma de una anciana y la convence de que le pida a Zeus que se aparezca ante ella con la majestuosidad con la que se le aparece a su esposa. El Dios de los Cielos se manifestó en forma de truenos y relámpagos, lo que espantó a su amante y causó su muerte. Zeus sacó a Dionisio del vientre de Sémele, y se cosió al bebé prematuro a la pierna. De esta manera, Dionisio pudo terminar de desarrollarse y nació por segunda vez (o tercera si es reencarnación de Zagreo) como un Dios.

Tras el nacimiento de su hijo, Zeus se lo entregó a Hermes y le ordenó que lo llevara ante Ino, hermana de Sémele, y su esposo Atamante, Rey de Beocio. Para evitar atraer la furia de Hera, los reyes criaron a Dionisio como una mujer. Esto solo aplazó lo inevitable, y la Reina de los Dioses lanzó un hechizo de locura a Ino y Atamante para que mataran al niño. Zeus salvó a su hijo transformándolo en carnero y llevándolo al Monte Nisa a que lo críen las ninfas de la lluvia. Aquí es donde Dionisio descubre la vid de la uva, inventa el vino y empieza a crear la «cultura de la viña«. Una vez el joven Dionisio creció, fue encontrado por Hera, quien lo maldijo a vagar por el mundo. Aquí es donde se empiezan a ver similitudes entre los mitos de los griegos y los de las otras civilizaciones de la época.

Dionisio empezó su peregrinaje en Egipto, donde fue recibido por el Rey Proteo. De allí fue a Siria, donde mató al rey por oponerse a la introducción del vino a Damasco. En Mesopotamia, cruzó el río Éufrates construyendo un puente, y el río Tigris montado en un tigre blanco que le envió Zeus (sorprendentemente, no tiene nada que ver con el nombre del río). Siguió por Asia, donde pasó entre 3 a 52 años en India. Eventualmente llegó al Reino de Frigia, aquel del Rey Midas, donde se encontró con Rea, madre de Zeus. La abuela de Dionisio le tuvo compasión, lo curo de la maldición de Hera y le enseñó sus ritos religiosos. Algunos historiadores plantean que primero fue sanado en Frigia y después viajo por India y el resto de Asia para esparcir el vino.

Hay miles de historias sobre Dionisio una vez volvió a Grecia. Como es de esperarse del Dios del Vino, está vinculado a festividades que duraban días, cultos que se tornaban violentos ante alucinaciones producto de la bebida, y un sinfín de cuentos que harían palidecer al mismísimo perro Diógenes. Pero para efectos de este artículo, siento que se entiende un poco los orígenes del Dios. Se debate mucho sobre si Dionisio fue mortal en un principio y pasó por una apoteosis o simplemente siempre fue inmortal como su padre. Algunos dicen que ganó la inmortalidad tras morir como Zagreo y renacer como Dionisio, otros que la obtuvo cuando fue cosido a la pierna de Zeus, y otros que siempre fue inmortal y nunca murió realmente. En cualquier caso, la que sí pasó por una clara apoteosis fue la esposa de Dionisio: Ariadna.

Ariadna era la hija del Rey Minos, y fue la que le dio una espada a Teseo para que matara al Minotauro y un ovillo de hilo para que pudiera salir del laberinto donde habitaba la bestia. Esto fue considerado como una traición a su padre y a Creta, y Ariadna fue exiliada junto a Teseo. La antigua princesa fue abandonada por su amante en la isla de Naxos, donde es descubierta por Dionisio y contraen matrimonio. Ariadne tuvo cinco hijos (u ocho en otros mitos) con el Dios del Vino, pero fue convertida en piedra por Perseo usando la cabeza de Medusa. Perseo, el Rey de Argos, veía la proliferación del vino y las fiestas bacanales como un problema a su reinado; por lo que entra en guerra contra Dionisio y mata a su esposa.

Sorprendentemente, el Dios del Vino no se vengó contra el Rey de Argos (bueno, en algunos mitos si lo hizo, pero en la mayoría no). Simplemente bajó hasta el Inframundo, buscó las almas de Ariadna y Sémele y las llevó a la cima del Monte Olimpo. Una vez allí, la madre y la esposa de Dionisio pasaron por una apoteosis. Ariadne se volvió la mujer inmortal del Dios del Vino y compartieron labores, mientras que Sémele se volvió la Diosa del Frenesí Báquico (Báquico de Baco, nombre romano de Dionisio). Me imagino que fue un poco incómoda la reunión entre Zeus, Hera y Sémele en el Olimpo. Pero sí, a veces no necesitas hacer Doce Labores o descubrir la cura de la muerte, simplemente con madre de un Dios o casarte con dicho Dios basta. Aunque supongo que tendría que ser el Dios correcto, porque Zeus no salvó a Sémele del Inframundo.

En conclusión, ¿qué hace a un mortal digno de sentarse entre los Dioses del Olimpo? Ehhhhh… Bueno, puedo decir que ser hijo de uno de esos Dioses ayuda. A veces eso es suficiente, a veces tienes que conseguir lo imposible, a veces lo tienes que hacer doce veces, y a veces tienes que casarte con uno de esos Dioses y morir a manos de un enemigo de tu marido. La verdad es difícil decir que hay que definitivamente te haga digno de ser inmortal. Al parecer ni Perseo, ni Aquiles, ni Teseo se ganaron un puesto en el Olimpo. Los Campos Elíseos son la tierra prometida en el más allá para los justos y heroicos, pero el Olimpo es más como un club privado para los que se ganaron un ticket VIP. A veces te toca, otras no. Pero bueno, en otra oportunidad veremos más casos de Apoteosis para ver si empieza a surgir un patrón en común.

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