Por allá por los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Aliadas lograron engañar a los Nazis con su arma secreta: el cadáver de un vagabundo.
Puede que hayas oído de la máquina de Turing, que logró decodificar la mensajería Nazi y les permitió a las Fuerzas Aliadas conocer los movimientos de sus enemigos. Sin embargo, otro factor que jugó un rol en la derrota del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial fue la Operación Mincemeat (picadillo o carne picada en inglés).
Dos miembros del Servicio de Inteligencia Británica lograron hacer que Hitler creyera que los Aliados iban a atacar Grecia. La realidad es que estaban por invadir a Sicilia. Lo que se suponía sería una campaña de 90 días, con más de 10,000 muertos en la primera semana, tomó 38 días con apenas 1,500 bajas en total.
¿Cómo lo lograron? Hablaron con un médico forense para que les encontrara un cuerpo que nadie fuera a buscar, lo vistieron de capitán de las Fuerzas Aéreas y le dieron un maletín con «documentos confidenciales» que hablaban de las preparaciones para invadir Grecia. Si esto te suena como algo que haría el mismo James Bond, pues algo de inspiración tiene el creador de las novelas del agente secreto más famoso de la historia.
Inspirado por 007
El vicealmirante John Godfrey, nombre con el que se divulgó el Memo de la Trucha.
Aunque la mente detrás de esta operación fue Charles Cholmondeley, un agente del servicio de contrainteligencia de Inglaterra, él no fue el primero en pensar en engañar al enemigo con un cadáver con información falsa. Cuatro años antes de que se llevara a cabo la Operación Mincemeat, se empezó a circular lo que llamaron el «Memo de la Trucha». Esta especie de «manifiesto» comparaba el engaño en tiempos de guerra con la pesca, y señalaba 54 maneras de, valga la redundancia, entruchar al lado contrario.
La táctica 28 sugería que un cuerpo no identificado podía ser usado como decoy vistiéndolo como un general y dejándolo ir a las costas del enemigo con documentación falsa. El problema «sería encontrar un cadáver fresco sin familia que lo reclame». Este truco había sido usado desde la Gran Guerra, antes de que se circulara el Memo de la Trucha, con resultados variados.
Lo más curioso del memo es que aunque se circulaba bajo la autoría del contraalmirante John Godfrey, los investigadores e historiadores modernos consideran que el texto tiene todas las características de haber sido escrito por su asistente: Ian Fleming. Si no te suena su nombre, puede que te suene el nombre de la novela que escribió siete años después de la guerra, Casino Royale. O su famoso protagonista: Bond, James Bond.
Ian Fleming, escritor de las novelas de James Bond y supuesto creador del Memo de la Trucha.
En agosto de 1942, se utilizó el cuerpo de un soldado con las supuestas localizaciones de los campos de minas británicos para que los tanques alemanes se fueran por rutas arenosas y se quedaran estancados. Poco menos de un mes después, se estrelló un avión inglés cerca de la costa de Cádiz, España. El cuerpo del teniente británico James Turner y un agente francés no identificado quedaron en posesión de los militares de Franco, que se eran «neutrales».
Las autoridades de España entregaron los cuerpos de los agentes a Inglaterra y no se encontró que se hubieran abierto las cartas de Turner. Sin embargo, los británicos se dieron cuenta de que una libreta que traía el francés fue copiada por los españoles y se estableció que estos le hacían llegar este tipo de información confidencial a los alemanes.
Un mes después de este incidente, aparece Charles Cholmondeley con un plan inspirado por el memo del creador del Agente 007, con el nombre en clave «Caballo de Troya». Charles había sido nombrado como el secretario del Comité Veinte, un equipo de contra-inteligencia militar y uso de agentes doble. Aquí le presentó a las cabecillas del gabinete de inteligencia británica su idea de utilizar un cadáver sacado del Hospital de Londres, llenarle los pulmones con agua salada y soltarlo en la costa de un país del Eje con información falsa.
En un principio no le tuvieron mucha confianza al «Caballo de Troya», pero tras el éxito de la Campaña de África del Norte a finales de 1942, Winston Churchill consideraba que esta era la oportunidad perfecta para atacar la «barriga suave de Europa». Las dos opciones que tenían las Fuerzas Aliadas eran invadir Sicilia, en Italia, o entrar por Grecia y encerrar a los Alemanes entre los Rusos y los Aliados en la península balcánica.
La opción más obvia era Sicilia, pero tal vez era demasiado obvia. Churchill decía que «cualquiera excepto un imbécil sería capaz de ver venir la invasión». Sin embargo, los estrategas de los Aliados vieron una oportunidad dorada. Verán, Hitler ya mostraba cierto miedo a que lo atacaran por los Balcanes y entre los estadounidenses y los ingleses idearon la Operación Barclay, donde moverían recursos a lo que haría parecer a los Nazis como un ataque a Grecia.
El plan era que los países del Eje sacaran tropas de Sicilia y las movieran a Grecia para poder invadir la isla de Italia en julio de 1943. Y bajo este contexto, el plan de Charles Cholmondeley parecía encajar perfectamente. A Charles le asignaron a Ewen Montagu como compañero para desarrollar más el plan. Montagu era abogado en los tiempos de paz, pero se ofreció como voluntario en la División de Inteligencia Naval de Gran Bretaña. Es aquí donde estas dos mentes se unieron para crear lo que se convertiría en la Operación Mincemeat.
"El hombre que nunca fue"
Aunque nadie veía malo engañar a los nazis con documentación oficial falsa, la parte más dudosa del plan, a nivel moral, era la primera: conseguir el cadáver. Sin duda, durante los finales de la Segunda Guerra Mundial no había una escasez de cuerpos, lo contrario. El problema es que estos eran en su mayoría de soldados caídos cuya familia evidente querría que fueran enterrados con su identidad correcta. O peor aún, de inocentes que murieron en los ataques de los Nazis.
Cholmondeley y Montagu con el auto que llevó el cuerpo de Michael.
Definitivamente que Cholmondeley y Montagu tenían una tarea muy difícil por delante. Primero, Montagu contactó a un patólogo, Sir Bernard Spilsbury, para entender mejor las condiciones en las que tendría que estar el cuerpo para no alarmar al forense español que lo estudiara. Spilsbury comentó que no haría falta llenarle los pulmones de agua, ni ninguna de las extravagantes técnicas que habían pensado los servicios de Inteligencia Secreta.
Para empezar, muchos de los pilotos de guerra que moría estrellados lo hacían a causa del shock del impacto, no por ahogamiento. Y aparte de esto, los españoles, al ser católicos tan fervientes, no tendían a abrir un cadáver en una autopsia a no ser que fuera vital determinar la causa de muerte exacta. Con tal que el «capitán» no mostrara evidencia obvia de no haber muerto en un accidente aeronáutico, el gobierno de España no se molestaría en buscar tantos detalles.
Sabiendo que la «población de cadáveres útiles» era más alta de lo que esperaba, Montagu habló con el médico forense del Distrito Norte de Londres, Bentley Purchase, sobre la posibilidad de utilizar un cuerpo de la morgue. Purchase le comentó de las dificultades prácticas y legales de lo que el MI6 planeaba hacer para llevar a cabo Mincemeat. A pesar de esto, para el 28 de enero de 1943 el forense le consiguió el «cuerpo perfecto» a Montagu y Cholmondeley: un vagabundo de origen galés que falleció a causa del consumo de veneno para ratas, probablemente un suicidio.
Aquí quiero hacer un alto en el relato para explicar otro aspecto de esta operación, especialmente a nivel moral y ético. La identidad original del cuerpo que sirvió para ser usado en la Operación Mincemeat no se conoció sino hasta 52 años después de que se llevara a cabo la maniobra militar. Montagu nunca quiso revelar este detalle tan crucial y lo único que escribió sobre el cadáver es que se trataba de un «bueno para nada, y lo mejor que pudo hacer en su vida lo hizo después de su muerte».
La tumba de Glyndwr Michael en Huelva, España.
Fue en 1996 que un historiador amateur de Londres, Roger Morgan, encontró en los registros públicos evidencia de que se trataba de Glyndwr Michael. Posteriormente, los historiadores militares consiguieron los récords de la Operación, donde si se discutía la identidad de Michael junto a su causa de muerte. Y sin entrar en muchos «spoilers» de como termina Mincemeat, desde 1998, la tumba de Michael tiene su nombre de nacimiento, junto a su identidad falsa. Este pequeño paréntesis va a salir a relucir cuando hablemos de las adaptaciones literarias, de cine y hasta teatrales de esta operación más adelante.
Puede que Montagu no haya querido humanizar mucho a Michael para no tener que pensar en las implicaciones morales. O simplemente lo veía desde una perspectiva utilitarista: «si esta operación ayuda a terminar la guerra, ¿qué más da que se pierda el nombre de un cadáver?» En cualquier caso, lograron resolver el problema de que alguien fuera a reclamar a su familiar, pero surgieron otros.
Evidentemente, un vagabundo no tenía la musculatura como para hacerlo pasar por un oficial de guerra. Ante esto, a Cholmondeley y Montagu se les ocurrió que podían hacer que la nueva identidad de Michael fuera un capitán de los Marines Reales que estuviera actuando como Comandante ante las necesidades de la época. No era descabellado que debida a las constantes bajas en el campo de batalla, un oficial que estaba más acostumbrado al trabajo de oficina tuviera que tomar misiones de entrega de documentos oficiales de alto rango, sobre todo si este sabía volar.
La otra ventaja de que fuera de los Marines Reales era que los uniformes eran estandarizados y no tendrían que mandarlo a hacer para el cadáver. El rango que le dieron era perfecto para que fuera creíble que tuviera información confidencial, pero no lo suficientemente alto y en una organización bastante grande como para ser reconocido. Se escogió el nombre de William Martin porque había varios comandantes apellidados Martin en los Marines y William es un nombre común.
Para que fuera creíble la identidad de Martin, Cholmondeley y Montagu crearon lo que en la época le decían «basura de bolsillo»: recibos de compras, fotos de familiares, cartas de una amada; cualquier artículo que le dieran una identidad al cuerpo. Lo que incluyeron en el cuerpo del supuesto comandante incluían:
Foto de la supuesta amada del capitán Martin.Llaves.
Un libro de estampas de correspondencia.
Una caja de cigarros y fósforos.
Una factura de compra de una camisa nueva.
Una carta de su padre.
Una solicitud de pago por un sobregiro de 79 libras en su banco.
Una cruz de plata y un medallón de San Cristóbal.
Un talón de boleto (la parte que se queda el comprador de los antiguos boletos de teatro) para una obra en Londres.
Una factura por cuatro noches en el Naval and Military Club, una especie de hotel y club frecuentado por los soldados que estaban de viaje en Londres.
Una foto de su novia Pam (en realidad se trataba de una foto de una secretaria del MI5 llamada Jean Leslie)
Dos cartas de amor de Pam.
El recibo de un anillo de compromiso de diamantes por 53 libras, 10 chelines y 6 peniques. Casi 5,000 dólares en la actualidad. .
Todos estos documentos eran falsos, evidentemente. De hecho, Montagu trabajó con los científicos del MI5 para utilizar una tinta que fuera común en el mercado, pero que no se fuera a difuminar demasiado con el agua salada del mar. La «basura de bolsillo» evidenciaban a un hombre que se fue de su hogar para luchar por su país, esperando regresar a casa para ver a su prometida y que estaba dispuesto a sobre girar su cuenta para que esta tuviera un buen anillo.
Los boletos de teatro y las distintas facturas de compra le permitiría a los españoles hacer un itinerario del viaje de William Martin, ubicándolo entre el 18 y 24 de abril en Londres, justo antes de partir al vuelo en el cual «moriría». La cruz y el medallón de San Cristóbal ayudaría a que el forense no quisiera investigar mucho el cuerpo para poder darle un funeral cristiano propio de la época.
Lo único que faltaba era la documentación oficial del comandante Martin. Cholmondeley y Montagu intentaron fotografiar el cadáver de Glyndwr Michael cuando lo vieron por primera vez, pero era evidente que la foto no era de un ser vivo. Por ello, empezaron a buscar empleados del Servicio de Inteligencia que se parecieran con Michael, hasta que dieron con un capitán del MI5, Ronnie Reed. La cartilla naval que se le hizo a William Martin era una de reemplazo provisional, para que no se notara que era muy nueva. Además, Montagu la tuvo en su bolsillo por tres semanas para darle un desgaste natural.
Es así como finalmente se transforma a Glyndwr Michael en el comandante interino William Martin, con un pasado y documentos de identidad que comprueban su rol en las Fuerzas Aliadas. También es en este punto que la operación se nombra Mincemeat, como especie de chiste negro hacia el oscuro origen del decoy que usarían. Mientras Cholmondeley y Montagu creaban la identidad de Martin, y en este proceso de finiquitar detalles con las distintas autoridades, el cuerpo de Michael se encontraba en un refrigerador de la morgue de Purchase a 4° C; temperatura exacta en la que no se descompondría, pero no se congelarían los músculos, lo cual sería evidente en un análisis superficial del forense español.
Cartilla naval de William Martin, con la foto del capitán Ronnie Reed.
La ejecución del plan
Teniente general Archibald Nye.
Ahora lo único que necesitaban para llevar a cabo el plan era la parte más importante. Necesitaban documentos falsos que lograran convencer a los Nazis de que los Aliados iban a avanzar a Grecia. La idea era una carta escrita por el teniente general Archibald Nye, el vicejefe de Estado y segundo al mando de la armada británica, hacia el general Sir Harold Alexander, comandante del Grupo 18 de la Armada Anglo-Americana.
Aunque originalmente Cholmondeley y Montagu intentaron redactar esta carta, el resultado no era lo suficientemente creíble. Si tenían miedo de «molestar» a Nye, eran sin fundamentos, pues el vicejefe aceptó inmediatamente. Hacía pequeños chistes internos, hablaba de quejas genuinas dentro de los rangos militares y soltaba los planes para atacar Grecia de una manera tan casual que parecía una genuina operación que llevaban a cabo desde hace un rato.
Sir Alexander se encontraba entre Tunicia y Argelia bajo el comando del Comandante Supremo Dwight D. Eisenhower (quien después fue presidente de los Estados Unidos). Esta información era sabida por los Españoles y Alemanes, y el comentario casual de Nye sobre apoyar a las Divisiones 5 y 56 en Cabo Araxos y Kalamata, respectivamente, estaba ideado para jugar con el miedo de Hitler de ser invadido por los Balcanes.
La otra carta que se iba a incluir dentro de un maletín que soltarían junto al cuerpo de Martin era una recomendación de su jefe al almirante de la Flota Mediterránea Británica. Se supone que William Martin era «un experto en guerra anfibia que les prestaré hasta que el asalto haya acabado», haciendo referencia a la supuesta invasión de Grecia.
Para evitar que el maletín fuera llevado por las corrientes marinas, escogieron ponerle una cadena que va a una esposa, como la de los viejos maletines de los que movían el dinero de los bancos para evitar que se los arrebataran de las manos. La justificación de tanta seguridad, es que se supone que una de las labores de Martin era investigar información para hacer un panfleto sobre las operaciones unidas de Inglaterra con Estados Unidos.
Con todos los efectos del capitán William Martin recolectados, solo quedaba dejarlo ir en la costa de España. Los Aliados escogieron Huelva, una municipalidad al sureste de Andalucía. Allí convergían un agente de la inteligencia alemana que se la pasaba metido en los asuntos del Estado español comprando información y el vicecónsul inglés en la ciudad que era un hombre muy inteligente y cooperativo con los esfuerzos de los Aliados.
Como se supone que Martin había fallecido en un choque aéreo, Cholmondeley y Montagu pensaron en recrearlo de verdad. Sin embargo, tras considerarlo con delicadeza se dieron cuenta de que era más probable que descubrieran la operación si hacían muchos movimientos. La solución fue utilizar un submarino que llevara el cadáver hasta cierto punto para que de ahí las corrientes lo llevaran a la costa.
El 13 de abril de 1943 aprobaron que se llevara a cabo la operación, pero tuvieron que esperar la respuesta de Argelia por parte del gabinete de Eisenhower, la cual llegó justo a tiempo para el supuesto viaje de Martin. El 17 de abril por la mañana, Cholmondeley y Montagu fueron a buscar el cuerpo de Glyndwr Michael y lo vistieron con el atuendo de los Marines Reales.
La tripulación del HMS Seraph.
Lo metieron en un contenedor que sellaba al vacío, y lo llenaron con hielo seco, el cual cuando sublimara en dióxido de carbono, reemplazaría el oxígeno del tanque y prevendría que se siguiera descomponiendo el cuerpo. De ahí lo llevaron con la tripulación del HMS Seraph y metieron el tanque sellado al submarino dejando el resto de la operación en manos del comandante Bill Jewell. Él era el único que conocía los verdaderos contenidos, a la tripulación se le presentó la excusa de que «llevaban equipo meteorológico confidencial».
El submarino partió el 19 de abril y llegaron a la costa de Huelva el 29. Después de un día para ver si había moros en la costa, a las 4:15 am del 30 de abril de 1943, el Seraph emergió. Jewell mandó a la tripulación a que le llevaran el contenedor y lo dejaran solo para soltar el «aparato». El comandante leyó el Salmo 39 mientras dejaba el cuerpo de William Martin flotando en el agua y después ordenó que se fueran en dirección contraría a la costa, para que la propulsión del submarino llevara el cuerpo a España.
A las 9:30 am del mismo día, un pescador de la zona encontró el cadáver y se le entregó a la Marina Española. Le avisaron al vicecónsul inglés, Francis Haselden, quien hizo todo el teatro de mandar los telegramas correspondientes a Gran Bretaña. Por su lado, los oficiales en Inglaterra se encargaron de responder sobre la importancia de que le entreguen los efectos de Martin lo antes posible, sabiendo que los alemanes estaban espiando las líneas de comunicación.
La única foto que existe de Glyndwr Michael, su cuerpo a punto de ser metido en el contenedor.
La autopsia se llevó a cabo al mediodía siguiente, y Haselden convenció a los forenses españoles de que la hicieran rápido para «poder ir a comer». Declararon la muerte como asfixia a causa de sumersión en el mar y le dieron un funeral católico con honores el 2 de mayo. Parecía que se habían tragado la historia, ahora solo quedaba ver que hacían con las pertenencias de Martin.
La Marina Española se quedó con el maletín hasta el 5 de mayo, cuando fue trasladado hasta San Fernando, cerca de Cádiz. Aquí fotografiaron los contenidos de este y lo enviaron a Madrid para que de ahí lo hicieran llegar a Londres. Los Nazis se hicieron con las fotos de los contenidos, y al ver las cartas mandaron al comandante de la Inteligencia Alemana, Wilhelm Canaris, a que presionara a los españoles para que abrieran las cartas.
Los militares españoles lograron sacar la carta del sobre sin romper el sello de cera, las secaron, fotografiaron y las dejaron remojando 24 horas en agua salada para que no se notara la diferencia. El problema es que los ingleses habían metido una pestaña en cada sobre, algo que los españoles no notaron y nunca devolvieron a su lugar.
El 14 de mayo, el gran almirante Karl Dönitz, segundo al mando del Tercer Reich, volvió a Alemania de reunirse con Mussolini en Italia y le fue a contar lo discutido a Hitler. Mussolini consideraba obvio que los Aliados atacarían por Sicilia, pero Hitler había comprado el cuento que le vendió la Operación Mincemeat y mando a que Dönitz moviera tropas de Francia y toda Europa a Grecia.
El plan funcionó tan bien que aun después de empezar la invasión contra Sicilia el 9 de julio de 1943, Hitler mandó a mover 21 aviones a Sardonia pensando que esto solo era una distracción al verdadero ataque a Grecia. Los Aliados lograron tomar la isla italiana en 38 días, lo que llevó a la destitución de Mussolini como Primer Ministro por el Rey de Italia el 25 de ese mes para intentar aplacar la invasión mostrando que se rendían.
Muchos historiadores consideran que no se le puede poner todo el peso de esta victoria militar a la Operación Mincemeat. Después de todo, esta solo era uno de los operativos de la Operación Barclay. Además, también consideran clave la falta de confianza de Hitler hacia los italianos y su «obsesión congénita con los Balcanes«. Sin embargo, el mismo Dönitz hace referencia a las «órdenes anglosajonas descubiertas días antes», lo que hace difícil creer que no esté hablando de las cartas del supuesto capitán Martin.
Del papel a la pantalla al escenario
Montagu recibió la Orden del Imperio Británico en 1944 por su participación en la Operación Mincemeat, mientras que Cholmondeley fue condecorado con la misma orden en 1948. Sin embargo, los detalles no llegaron al público hasta 1950, cuando Duff Cooper, un exministro de gabinete inglés, escribió Operación Heartbreak. Aunque esta era una novela de espías con aspectos ficticios, parte del plot incluía un cadáver con identidad falsa (aquí se llama William Maryngton) y documentos clasificados para engañar a los alemanes. Cooper había sido informado sobre los detalles de la operación durante la guerra, y era evidente que esta trama estaba basada en la Operación Mincemeat.
Viendo estos, la Inteligencia Secreta de Inglaterra decidió que valdría la pena sacar un libro con los detalles de la operación, para evitar que se mezclara la ficción con la realidad militar. Montagu escribió, supuestamente durante un fin de semana, El Nombre que Nunca Fue en 1953. El libro vendió dos millones de copias, y fue tan exitoso que en 1956 lo adaptaron a una película del mismo nombre.
Aunque esta versión de la historia es más real y cuenta los detalles verídicos de la operación. Muchos han criticado que Montagu redacta que el gobierno y los familiares del cadáver (que les recuerdo nunca dio el nombre del fallecido) dieron permiso para utilizar el cuerpo, algo que obviamente falso. Además, comenta que la causa de muerte fue una pulmonía, no el posible suicidio que se descubrió en 1996. Aparte de este aspecto, hubo otros que Montagu no pudo tocar por temas de «seguridad nacional». En 1977, Montagu publicó Beyond Top Secret U, su autobiografía de guerra que relata detalles que no pudo revelar sobre Mincemeat antes, junto a otras operaciones de la Inteligencia Británica.
En 2010, el periodista y escritor inglés Ben Macintyre publicó Operación Mincemeat: La Historia de Espías que Cambió el Curso de la Segunda Guerra Mundial. Este libro se considera como la versión más completa y entendible de los hechos de la operación, pues recopila los detalles que publicó Montagu junto a los que se descubrieron de los registros públicos y militares. De hecho, basada en este libro se hizo una película británica titulada Operación Mincemeat, publicada en 2021. Este film fue distribuido por Warner Brothers y Netflix, y cuenta con todas las libertades artísticas de una película de «ficción histórica» de Hollywood. Desde una supuesta hermana en búsqueda del cuerpo de su hermano hasta un triángulo amoroso entre Cholmondeley, Montagu y la secretaria que hizo de Pam.
Curiosamente, esta historia tuvo bastante éxito en el teatro, a través de distintas adaptaciones. En 2001, Adrian Jackson y Farhana Sheikh escribieron una obra llamada Operación Mincemeat, que fue realizada en vivo y publicada en libro posteriormente. Esta versión de la historia se enfoca más en la historia de Glyndwr Michael, o más bien la falta de ella. Jackson le contó a la BBC que «empezamos la historia al revés: un tipo aparece en el cielo vestido de aviador con los papeles de William Martin, pero sin idea de quién es». Este enfoque sobre el humano verdaderamente detrás de este éxito militar, les permitió explorar «la dignidad y pathos de la vida de Michael».
También se ha adaptado la historia a tres musicales distintos. Muerto en el Agua, que fue presentado en los Festivales de Camden, Brighton y Guildford en 2014. El año siguiente, en Gales, se presentó Y dyn na fu erioed (El Hombre que Nunca Fue), que se enfocaba en la identidad de Glyndwr Michael y su posible infancia. El más reciente simplemente se titula Operación Mincemeat, y se realizó originalmente en 2019, pero ha mantenido fama y se siguen haciendo presentaciones en la actualidad.
Y si quieres conocer más historias de la época, te recomiendo nuestro artículo, Los Niños de la Vergüenza, que cuenta la historia de como los sueños de propagación de la raza vikinga de los Nazis dio como resultado al grupo ABBA.