ARTÍCULO

La Señal Wow! ¿Aliens o Hidrógeno?

La señal "6EQUJ5" fue vista cómo una prueba irrefutable de vida extraterrestre. Casi cinco décadas después parece que se encontró la respuesta, y no son aliens.

En agosto de 1977, en un cobertizo en la Universidad de Ohio se llevaba a cabo un sondeo de las frecuencias de radio del espacio en búsqueda de vida extraterrestre. Ya habían pasado cuatro años desde que la universidad les había brindado su radio observatorio, apodado Big Ear (Gran Oreja en inglés), a un grupo de científico para escanear las ondas espaciales.

Durante este tiempo, la rutina consistía en algún voluntario sentado en el centro de controles mientras una impresora de línea de la época y una computadora IBM 1130 expulsaban una lenta serie de números durante horas. Cada cierto tiempo, estos montones de papel se llevaban a un encargado del proyecto que procesaba manualmente esta información. Por lo general, se trataban de una cadena de unos y dos, tal vez algún tres. Se imaginarán la sorpresa del astrónomo Jerry R. Ehman el 15 de ese mes se encontró entre cientos de estas cadenas la combinación alfanumérica «6EQUJ5».

El asombro fue tal, que apenas la vio, subrayó la secuencia y escribió al lado «Wow!», accidentalmente poniéndole el título al que fue el metafórico Magnum Opus de la búsqueda de la inteligencia extraterrestre por décadas. Similar a los orígenes de esta frase, que hacen referencia a la búsqueda de la piedra filosofal de los alquimistas y la «Gran Obra» que les permitiría entender los secretos de la vida, para los astrónomos en búsqueda de vida más allá de nuestro planeta la Señal Wow! fue un enigma prácticamente irreplicable por casi medio siglo.

Parecía que la fuente de esta señal permanecería un misterio, pues cualquier intento de averiguar si se trataba de un satélite extraterrestre se conseguía que no podía encontrar una señal similar, sin importar si fuera en los 80, 90 o en el nuevo milenio. Sin embargo, el 16 de agosto de 2024, a exactamente 47 años y 1 día de su descubrimiento, un grupo de científicos dirigidos por el Profesor Abel Méndez, un astrobiólogo planetario y director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, publicó una investigación que parece responder definitivamente los orígenes de la Señal Wow!.

El Setup

Para entender bien lo que encontró Ehman en los 70, hay que comprender cómo estaba construido el Big Ear y cómo pasaron las señales de 1 y 2 a Q y U. Tradicionalmente cuando hablamos de radio o de ondas electromagnéticas en general, pensamos en antenas parabólicas con su distintivo platillo que rebota las ondas al sensor. El Big Ear no funcionaba de esta manera. 

La «Gran Oreja» consistía de un enorme plano de aluminio, de 104 metros de largo y 21 metros de ancho. En las puntas de esta lámina había un reflector parabólico fijo y otro plano que se inclinaba. Las ondas de radio que venían del espacio rebotaban del reflector plano, se dirigían al reflector parabólico y ahí se movían de vuelta a lo largo de la lámina de aluminio hacia dos «cuernos de alimentación»; estructuras delgadas y cónicas que enfocaban las ondas hasta los sensores.

Sé que suena complejo, pero lo importante que hay que saber de este tipo de radiotelescopio versus los tradicionales es que:

  1. El único movimiento que había en la configuración del telescopio era el reflector inclinable y los cuernos de alimentación que estaban montados sobre un riel que recorría lo ancho de la lámina de aluminio. Esto significaba que solo podían escanear dos zonas estrechas del espacio, permitiéndoles moverse de arriba a abajo con la inclinación del reflector plano.
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  2. Los cuernos de alimentación sobre el riel que los desplazaba.
    Eran dos zonas distintas del espacio porque la señal que se recibía venía de uno de los dos cuernos a la vez, y este cambio se hacía aproximadamente 79 veces por segundo. Esto les permitía a los científicos medir la cantidad de ondas electromagnéticas en una zona, pasar a la otra y determinar si había una diferencia sustancial.
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  3. Por muchas leyes de la física y de rebote de ondas (que les ahorraré los detalles), la configuración del Big Ear le permitía a la Universidad de Ohio recibir unas señales bastantes precisa y sin mucho «ruido», lo cual era un beneficio que justificaba de más el limitado rango de escucha.
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Muchos pensaron en su momento que «6EQUJ5» era una especie de mensaje encriptado de las estrellas, pero simplemente se trataba de la manera particular que se tenía en esa época de mostrar la intensidad de las ondas recibidas. Hoy en día, hay miles de maneras de visualizar cualquier tipo de onda, desde histogramas hasta waveforms, pero en 1977 solo tenían lo que esencialmente era una máquina de escribir que plasmaba en papel caracteres alfanuméricos que le daba una computadora, avanzada para la época, pero que hoy en día no compite con nuestros relojes.

Los científicos se las ingeniaron. Si con un cuerno de alimentación podían medir la radiación base de una zona del espacio (es decir, la cantidad de ondas electromagnéticas que existen inertemente), con el otro podían medir cuantas veces más intenso eran las ondas que el baseline. A esto le dicen «Relación Señal/Ruido», que hoy podemos ver fácilmente en una gráfica, pero en ese momento solo podían medir con número.

Gráfica que representa la Señal Wow!

Si la señal era igual al ruido (las ondas que detectaban era simplemente las que existen de por sí en el espacio), la computadora marcaba que era 1. Un 2 o 3 significaba que la señal era dos o tres veces mayor al ruido. Así sucesivamente hasta el 9, pero cómo estaban limitados a un solo carácter, el 10 se convirtió en A. Esto quiere decir que en el momento de mayor intensidad de la Señal Wow!, la U, la señal era treinta veces mayor al baseline que habían determinado. De hecho, cuando se grafica «6EQUJ5», obtenemos una simple parábola, no un mensaje oculto de los aliens.

Pero el punto no era recibir mensajes, era descubrir que podía haber pasado por ese pequeño cuadrante que generara una señal de 30 cuando por años solo tenían un 3 a lo mucho. Aquí entra la última curiosidad del Big Ear, estaba calibrado específicamente para recibir ondas con una frecuencia de 1420 Megahertz. ¿Por qué esta frecuencia? Pues es la que naturalmente emite el hidrógeno cuando irradia ondas electromagnéticas. La teoría es que si existe una civilización en el espacio, lo más probable es que usen el hidrógeno para trasmitir radio, pues es el elemento más común en el universo, constituyendo el 74% de la materia conocida. Una señal tan intensa de hidrógeno solo podía significar una cosa: las teorías eran ciertas y hay seres emitiendo radio por hidrógeno.

¿Estámos solos en el universo?

Es difícil explicar lo que la Señal Wow! significó para los que creían en la vida más allá de nuestro planeta. Dicen que si el SETI tuviera una mitología, esta señal sería su mito principal. Este acrónimo es el término colectivo para cualquier proyecto relacionado con la «búsqueda de inteligencia extraterrestre» (Search for Extra Terrestrial Intelligence en inglés). Durante décadas, los científicos del mundo buscaron encontrarle una explicación a este enigma. 

En un artículo de Supercluster, un sitio web especializado en noticias e historias del espacio, Keith Cooper cuenta la historia de vida de Robert H. Gray, un analista de data, astrónomo y escritor que dedicó la mayor parte de su vida a buscar el origen de la Señal Wow!

Bob Gray nació el 7 de marzo de 1948 y para cuando se descubrió la Señal Wow! estaba persiguiendo una maestría en desarrollo urbano y análisis de política. A pesar de que terminó la maestría en 1980 y se dedicó al análisis de datos, Bob tenía ese bichito en la parte de atrás de la cabeza que lo llevaba a querer averiguar más sobre este misterio. Para 1983, el astrónomo de patio había construido un radiotelescopio con una antena parabólica de 12 pies que había comprado en una subasta de una compañía telefónica y una base motorizada para poder rastrear las señales de las estrellas.

Esto llamó la atención de una serie de científicos de SETI, que lo invitaron a un workshop en el Telescopio de Green Bank, en Virginia, para que diera una presentación. Entre las brillantes mentes que se encontrarían en aquel seminario en 1985 estaban uno de los entonces líderes del programa de búsqueda de inteligencia extraterrestre de la NASA, Barney Oliver, y el director del programa de Harvard, Paul Horowitz. 

Aunque la presentación de Bob aún estaba muy verde para la Nasa, Horowitz lo invitó a participar en el proyecto de Harvard «Ensayo Extraterrestre de Megacanal», abreviado META por sus siglas en inglés. Ahí comenzó la travesía de Gray, saltando de radiotelescopio en radiotelescopio empezando con la antena de 26 metros de diámetro del Observatorio de Oak Ridge, donde operaba el Centro para la Astrofísica Harvard-Smithsonian. 

De ahí saltó al Very Large Array, en Socorro, Nuevo México, un radiotelescopio de 27 antenas de 25 metros de diámetro y que cada una pesa 209 toneladas. Sin embargo, ni el META ni el VLA dieron resultados, Gray no podía encontrar la Señal Wow! ni nada parecido. Bob no se rindió. Para él, el problema era que la señal había sido encontrada cerca de la constelación de Sagitario, en el hemisferio celestial del sur, por lo cual no tenía el tiempo suficiente desde el hemisferio norte para investigarla bien.

Eso llevó a Gray a Australia, donde conoció al astrónomo Ray Norris. El afamado científico intentó usar sus contactos para darle la oportunidad de utilizar el Observatorio Parkes, la antena más grande de la isla, pero este era de uso exclusivo de la milicia. Lo que pudo hacer Norris fue enviar a Bob a Tasmania, donde se encontraba uno de sus alumnos, Simon Ellingsen, que estaba a cargo del radiotelescopio de 26 metros de diámetro de la Universidad de Tasmania, en el Radio Observatorio de Mount Pleasant.

Las 14 horas de observación no fueron suficiente para captar una «Señal Wow!», lo que hizo que Bob pensara que si se trataba de un satélite extraterrestre, el tiempo que rotaba alrededor del planeta de origen era mayor a 14 horas terrestres. Ya habían pasado tres décadas desde su participación en META, y su última observación fue en el Instituto SETI, con la Matriz de Telescopios Allen de 42 antenas. Pudieron observar la constelación de Sagitario por 40 horas y seguían sin encontrar la misteriosa señal.

No era loco pensar que se podía tratar de un satélite que tarda más de 40 horas en orbitar su planeta. Después de todo, un día en Venus toma 243 días terrestres. Pero la irreplicabilidad de la Señal Wow! hizo que muchos científicos pensaran que se trataban de fenómenos naturales. En el 2017, el Profesor Asistente de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de San Petersburgo, Antonio Paris, sugirió que la señal se trataba de dos cometas que habían pasado por la constelación de Sagitario en esa época.

Paris había encontrado registros del paso de los cometas 266P/Christensen y 335P/Gibbs habían pasado cerca de la zona de la Señal Wow! en los 70, y la gráfica sugería que se trataba de algo que ocurrió brevemente, 72 segundos para ser exactos, y salió del rango de observación del Big Ear. Los cometas suelen dejar una estela de gas hidrógeno, por lo que no era descabellado pensar que se podía tratar de esta estela moviéndose a través del espacio irradiando más ondas electromagnéticas de lo que emite el espacio vacío.

Sin embargo, la comunidad astrónoma en general desacreditó la hipótesis de Paris, pues la trayectoria de los cometas estaba mucho más lejos del rango de Big Ear. Además, la cantidad de hidrógeno que emana un cometa no es suficiente para generar esa señal. La inexistencia de otras Señales Wow! hicieron que los científicos se empezaran a olvidar de ella. En 2019, ocho años después de haber publicado El Elusivo Wow: En Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, Bob Gray comentó en una entrevista con Supercluster que su entusiasmo empezaba a desaparecer por la falta de avances en su investigación.

Ese mismo año, el astrónomo, astrofísico y profesor de la Universidad de Columbia, David Kipping, empezó a investigar sobre la Señal Wow! y decidió contactar a Gray para aliarse en la publicación de un ensayo. La teoría de Kipping es que se podía tratar de un satélite usado por una civilización alienígena para encontrar otros seres inteligentes, solo que no enviaban la señal a la misma hora del día. Después de todo, no podían asumir que otra vida inteligente tuviera que venir de un planeta con un determinado diámetro (lo que determina cuanto tarda en ocurrir un «día» en un planeta). Por ende, los aliens podrían estar enviando la señal en distintos momentos; lo que haría mucho más difícil captarla en un momento determinado de la Tierra.

Kipping y Gray armaron simulaciones de la probabilidad de que Big Ear pudiera haber captado una «señal repetida estocásticamente», y encontraron resultados de 33% de probabilidad. La emoción de los científicos se desvaneció cuando añadieron a la ecuación las tres décadas de observaciones de Gray, y se dieron cuenta de que las probabilidades bajaban a 1.8%. Improbable, mas no imposible. Lastimosamente, seis meses antes de que pudieran publicar la investigación, el 6 de diciembre de 2021, Robert Gray falleció por complicaciones con un cáncer de pulmón.

Fue... ¿Hidrógeno?

Abel Méndez

Es aquí donde volvemos a agosto de 2024, donde el Profesor Abel Méndez, director del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria en la Universidad de Puerto Rico, junto con Kevin Ortiz Ceballos del Centro para la Astrofísica Harvard-Smithsonian, y Jorge Zuluaga de la Universidad de Antioquia, analizaron la data archivada del Observatorio de Arecibo.

Lo que los tres astrónomos encontraron fue que entre febrero y mayo del 2020, ocurrieron múltiples instancias de señales similares a la Wow!, solo que eran más débiles. Las señales correspondían a locaciones de nubes de hidrógeno frío. En ese momento, Méndez empezó a pensar en qué podría hacer que esas señales fueran más fuertes. ¡Eureka! Si las nubes de hidrógeno fueran calentadas por las emisiones de un magnétar (una estrella de neutrones con un campo magnético extremadamente cargado), la señal podría llegar a la magnitud de Wow!

Magnétar

Los cálculos le dan a los científicos, y su investigación fue publicada en el servicio de distribución arXiv 47 años después del descubrimiento de la Señal Wow! y fue recibida con bastante aceptación de la comunidad de astrónomos. Otros que siguen en la búsqueda de vida extraterrestre rechazan esta conclusión, pues nunca se ha registrado una nube de hidrógeno frío siendo calentada por un magnétar. Aunque la Señal Wow! no haya venido de inteligencia más allá de las estrellas, esta conclusión puede guiar los próximos proyectos SETI a identificar las falsas señales y prevenir la persecución de fenómenos naturales (¿o espaciales?) que solo ocurren una vez cada siglo.

Si te gusta la astronomía, te recomiendo nuestros otros artículos sobre el espacio. En Los aliens que SÍ nos visitaron: Según los astrónomos, exploramos el viaje de Oumuamua cerca de la Tierra. Y en Vida Espacial, hablamos de las posibles primeras colonias extraterrestres, ya sea la Luna o Marte.

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