La idea de una Guerra Nuclear es aterradora si te pones a pensarlo, pero no es algo en lo que pensemos todos los días, al menos no en la actualidad. Durante la Guerra Fría, no solo los habitantes de Estados Unidos o la Unión Soviética temían las consecuencias del uso de las bombas nucleares. Entre 1947 (dos años después del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki) y 1991, el mundo entero era el campo de batalla de estas dos potencias.
El motivo de esta forma de ponerlo es simple. Ya fueran los americanos o los rusos los que lanzaran la primera bomba, el otro seguramente respondería de la misma manera, lo que probablemente generaría un Invierno Nuclear. Este concepto parte del planteamiento de que si 100 ciudades en el mundo fueran incendiadas a causa de estas armas de destrucción masiva, el humo producido sería tan masivo que al acumularse en la atmósfera taparía por completo el Sol. Esto ocasionaría, como el nombre sugiere, un invierno sobre largas regiones del planeta que podrían durar meses e incluso años. También se hipotetiza que el calentamiento de esta nube de ceniza y gases combustibles haría que, tras uno a tres años de enfriamiento, vendría un «Verano Nuclear» causado por el efecto invernadero.
Aunque tal vez la cifra de 100 ciudades suene como una cifra alta, los Estados Unidos tenían poco más de esta cantidad de ciudades con al menos 100,000 personas, mientras que la Unión Soviética tenía más de 300. Además, el número de armas nucleares se elevó masivamente durante la Guerra Fría, pasando de 3,000 en todo el mundo en 1955 a más de 60,000 a finales de los 1980. Un estudio presentado en la Unión Americana de Geofísica en 2006 estimó que con tan solo 50 bombas usadas en un conflicto regional, las consecuencias serían catastróficas para la producción de comida en el mundo entero.
Esta idea de que si un país ataca a otro con armamento atómico, este respondería con la misma severidad, causando secuelas para toda la humanidad, es conocida como Destrucción Mutua Asegurada, y fue la que mantuvo a la Guerra Fría, pues, fría. Afortunadamente, nunca se atacaron ninguno de los países involucrados en esta lucha sin confrontamientos directos, pero esto no quiere decir que no hubieran estado cerca de presionar el metafórico enorme botón rojo.
Aunque, por motivos que deberían ser evidentes, es difícil saber con exactitud cuantas veces alguna de estas dos potencias mundiales estuvieron a punto de desatar la temida Guerra Nuclear, hay aproximadamente más de treinta casos de las denominadas «close nuclear calls» en la historia de la humanidad. Sí, dije en la historia de la humanidad, pues aunque la mayoría de estos casos ocurrieron durante la Guerra Fría, hay un par de hace poco más de diez años.
Los motivos de estos close nuclear calls son variados, desde sistemas de advertencia que se equivocaron hasta fallas en protocolos básicos de seguridad. Sin embargo, la mayoría de estos eventos ocurrieron durante las décadas de 1950 y 1960, y muchos provienen del mismo problema raíz. Antes de 1957, los misiles nucleares no podían cubrir más de 25 Km, así que la única opción era usar aviones cargados con bombas nucleares cómo las de Hiroshima y Nagasaki. Esto significaba que para poder estar constantemente alerta y preparado para contraatacar, los Estados Unidos tenía los nuclear bombers en permanente vuelo (obviamente por turnos para que pudieran cargar combustible).
Era bastante común que estos aviones fueran derribados, o sufrieran distintas afectaciones que resultaban en la caída súbita de la peligrosa carga que llevaban. Y fue después de muchos (y créanme cuando digo muchos) incidentes que pudieron ser catastróficos que, en 1968, los Estados Unidos sacaron a sus naves de alerta aérea. Esto ocurrió un día después de que uno de estos, cargado con cuatro bombas atómicas, cayera cerca de la base aérea de Thule, Groenlandia, y contaminara el área con plutonio. Por suerte, los mecanismos anti-detonación funcionaron; pero este es solo uno de tantos ejemplos de momentos que pudo haber causado la Guerra Nuclear. Aquí abajo les dejaré otros cinco eventos donde, por distintas causas, estuvimos a una orden mal dada del posible fin del mundo.

El 24 de enero, un Boeing B-52 Stratofortress cargado con dos bombas de hidrógeno Mark 39 de 3.8 megatones, 260 veces más potentes que Little Boy (la bomba utilizada en Hiroshima), sufrió una fuga de combustible que hizo que se quedara sin energía volando sobre Golsboro, Carolina del Norte. El piloto ordenó a la tripulación eyectar la nave a 2,700 metros de altura. Cinco miembros pudieron escapar a tiempo y sobrevivir, uno murió en la caída y dos no alcanzaron a salir del bombardero y fallecieron en el choque.
En algún punto entre la expulsión de la tripulación y la colisión con el piso, ambas bombas se separaron del avión. Para entender lo cerca que estuvieron ambos explosivos de detonar les tengo que explicar como serían normalmente desplegadas (sin entrar en mucho detalle, no se preocupen).
Una vez se estuviera sobre el objetivo, ambas bombas serían preparadas sobre las bahías de despliegue y la tripulación tendrían que sacar cinco pines de seguridad (similares a el de una granada) que armarían un temporizador y un detonador barométrico. Este último enviaría una señal eléctrica a la Unidad X, que empezaría a cargar los capacitores que detonarían la bomba una vez el temporizador llegara a 42 segundos. El mecanismo es un poco más complejo que esto, pero lo que tienen que entender es que:
- Hay seis mecanismos de seguridad (o failsafes) para evitar la detonación accidental de estas bombas: los cinco pines físicos y un switch que corta la conexión entre el detonador barométrico y la Unidad X hasta que el piloto presione un botón a la hora de desplegar.
- Como tiene un temporizador de 42 segundos, estas armas tenían que ser desplegadas a 1,700 metros de altura con paracaídas u 11,000 metros si se pensaba detonar a caída libre. Esto era lo que le daba tiempo al bombardero de salir del radio de la explosión.
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Según análisis posteriores, una de las bombas cayó poco después de que eyectara la tripulación, a 2,700 metros de altura, y la otra entre 610 y 1,500 metros. Gracias a los testimonios de los locales, se determinó que probablemente fueron distintas explosiones que combustible en medio del aire lo que hizo que los explosivos cayeran a destiempo. Por algún motivo, los cinco pines de seguridad de ambos explosivos fueron removidos durante la caída, pero solo se desplegó el paracaídas de la primera bomba.

Como la segunda bomba cayó a baja altura y sin paracaídas, el temporizador solo corrió por 12 a 15 segundos y lo capacitores no se cargaron lo suficiente para causar la explosión y simplemente se desarmó con el impacto. Por el otro lado, la primera arma nuclear sí pasó por todos los procesos de detonación, pero afortunadamente el switch entre el barómetro y la Unidad X funcionó debidamente y los capacitores no se descargaron, evitando el estallido.
Hay dos formas de ver este hecho. Por un lado, se podría decir que el mecanismo de seguridad funcionó como debería y se evitó una catástrofe que hubiera acabado con gran parte de Carolina del Norte. Por el otro, el secretario de Defensa de los Estados Unidos en ese momento, Robert McNamara, lo puso de la siguiente manera en una entrevista con oficiales del Pentágono dos años después:
“Por el más mínimo margen de casualidad, literalmente el posible cruce de dos cables, se evitó una explosión nuclear”
Robert McNamara
Cinco de los seis failsafes fallaron por completo. Los componentes eléctricos de la época no eran nada complejos y un simple cortocircuito en medio del caos pudo haber hecho que el switch pasara de Safe a Armed. Los americanos aprendieron de esta lección, y empezaron a implementar mecanismos de seguridad más confiables para evitar volver a estar tan cerca de la destrucción masiva de una bomba nuclear. Aunque eso no hizo que dejaran de haber Nuclear Close Calls, al menos disminuyó radicalmente la cantidad que ocurrían por el derrumbe de bombarderos.
Durante el momento de mayor tensión de la Crisis de Misiles de Cuba los Estados Unidos estaban preparados para una Guerra Nuclear. Los soviéticos habían creado una base miliar en Cuba, y tenían múltiples submarinos cargados con torpedos nucleares cerca de la costa americana. El presidente John F. Kennedy estaba en conversaciones con el primer secretario de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov, para desescalar el conflicto. Sin embargo, todas las bases militares americanas estaban en máxima alerta, y esperaban que los spetznaz, las fuerzas especiales soviéticas, intentaran sabotear las armas nucleares estadounidenses.
La noche del 25 de octubre, un oficial del Centro de Comando de la Base Aérea de Duluth, Minnesota, vio como una figura extraña escalaba la cerca que rodeaba el perímetro de la base y empezó a dispararle pensando que era un spetznaz. Los disparos activaron la «alarma de sabotaje», que a su vez le avisaba a las otras bases militares de la región para que estuvieran alerta.
Por algún motivo, en la Base Aérea de Volk Field, Wisconsin (estado vecino de Minnesota), se activó fue el claxon que avisaba a los militares del comienzo de la Guerra. Los jets Convair F-106 Delta Dart fueron cargados con misiles nucleares, y se prepararon para hacer valer su apodo de «Interceptor Definitivo». No pasó por la cabeza de nadie que pudo ser una falsa alarma, pues se le avisaron a los pilotos que no habría simulacros de ningún tipo hasta que se desescalara el conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.
Afortunadamente, el comandante de la Volk Field decidió contactar a la base de Duluth para confirmar la alerta. El centro de comando de esta última le avisó del terrible error. Nunca hubo ningún spetznaz, el intruso no era más que un oso negro. Al enterarse de que estaban a segundos de empezar la Tercera Guerra Mundial por culpa de una serie de eventos desafortunados manejaron a toda marcha a la pista de despegue e hicieron cuanto ruido y señales con luces pudieron hasta que los pilotos detuvieron sus jets.
Dos días después del incidente del oso de Volk Field, la flota de los marinos estadounidense descubrió y empezó a rodear a cuatro submarinos soviéticos de Clase Foxtrot, que estaban cargados con misiles nucleares y tenían permiso de la Unión Soviética para dispararlos de ser necesario. Uno de estos submarinos, el B-59, se sumergió, tratando de evitar ser detectado por los americanos, más no pudo evadirlos.

Un buque destructor empezó a soltar cargas de profundidad de práctica, intentando señalarle al submarino que emergiera y se identificara. El capitán de la nave solo podía ver una señal de detonación en su radar, y pensó que los estadounidenses los estaban atacando y que ya había iniciado la guerra (muy parecido al incidente anterior). Sin forma de contactar a Moscú ni al resto de la flota a esa profundidad, el comandante del B-59 junto a otro de los oficiales superiores ordenaron que se disparara el misil nuclear.
El segundo al mando, Vasily Arkhipov, se opuso radicalmente a esta decisión, y logró convencer al capitán de calmarse, emerger e identificarse ante los Estados Unidos para esperar las órdenes de Moscú. Arthur M. Schlesinger Jr., el «historiador de la corte» del presidente Kennedy, dijo que este fue «el momento más peligroso de la historia de la humanidad». Posteriormente, en 2002, Thomas S. Blanton, entonces director del Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, acreditó a Arkhipov como el «Hombre que Salvó el Mundo».

El 26 de septiembre de 1983, el centro de comando de Oko (literalmente «ojo» en ruso), el sistema satelital de alerta temprana de la Unión Soviética, detectó un misil intercontinental americano con dirección a la URSS, seguido por otros cuatro misiles. La disputa entre las dos potencias estaba más tensa que nunca, pues el primero del mes los soviéticos habían derrumbado el Vuelo 007 de Korea Air Lines que iba de Nueva York a Seúl, acabando con la vida de los 268 pasajeros, entre los que se encontraba un miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.
Stanislav Petrov, un teniente coronel de las Fuerzas de Defensa Aérea Soviética, era el oficial a cargo de notificarle a la milicia de las notificaciones de Oko, pero consideraba que esta era una falsa alarma. Petrov consideraba que si los Estados Unidos estaban listos para arrojar la primera piedra en esta Guerra Nuclear, lo harían con mucho más de cinco misiles. En contra de todas las órdenes que había recibido en su carrera, el soviético decidió esperar a más alertas a lo largo del trayecto de la supuesta «bomba nuclear inminente», nunca llegaron y se confirmó que era una falsa alarma.

Al tiempo se pudo establecer el motivo de la falla en el sistema de alerta: el sol se alineó de manera perfecta con nubes de gran altitud y el reflejo logro hacer que los satélites enviaran la señal de un ataque nuclear. En 2004 y 2006, Petrov recibió dos Premios al Ciudadano del Mundo en «reconocimiento a la parte que jugó evitando una catástrofe mundial». Basado en su historia se estrenó un documental en 2014 en el Festival de Cine de Woodstock, titulado «El Hombre que Salvó el Mundo», que ganó la «Mención Honorífica: Premio del Público a la Mejor Película Narrativa».
Ni siquiera la disolución oficial de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991 y el fin de la Guerra Fría pudieron detener los close nuclear calls. El 25 de enero de 1995, los sistemas de alerta temprana de la ahora Rusia detectaron lo que parecía un misil Trident a una altitud de 1,453 Km. La teoría de las autoridades era que se trataba de un misil lazando desde un submarino americano equipado con un pulso electromagnético con el objetivo de deshabilitar los radares rusos y empezar un verdadero ataque.

Las noticias escalaron la cadena de mando hasta llegar al primer presidente ruso, Borís Yeltsin, quien recibió y activo el Cheget, el maletín atómico que daba la ordenes a los submarinos de prepararse para un contraataque a los Estados Unidos. Yeltsin tenía 10 minutos para dar las órdenes de lanzar las bombas; el tiempo que le tomaría al misil americano llegar a Moscú. Con tan solo 2 minutos restante en el reloj, los observadores de las torres de control de los radares lograron determinar la dirección del misil: se estaba alejando de Rusia con rumbo a la costa de Noruega. Yeltsin decidió que no se trataba de un ataque de los americanos y ordenó bajar la guardia a la milicia.
Al tiempo del caos, se logró confirmar que se trataba de un cohete sonda lanzado por un equipo de científicos americanos y noruegos para estudiar la aurora boreales sobre el archipiélago Svalbard. Los científicos habían notificado a más de treinta países de su experimento, incluyendo a Rusia, pero debido a una confusión del Ministro de Relaciones Exteriores no se le avisó a los operadores de radares de alerta temprana. Un general ruso anónimo notificó al tiempo a los medios de comunicación que el error había sido que se tomaron muy literal las palabras de los noruegos, que habían enviado cartas para «notificar a los marinos el próximo lanzamiento de un cohete meteorológico». Los oficiales burócratas del ministerio hicieron exactamente lo que decía la carta: le avisaron a la marina, más no a la milicia.
En Wikipedia existe una lista bastante comprensiva de los más de treinta casos de close nuclear calls, unas más documentadas que otras, que nos dan una idea de lo cerca que hemos estado de una Guerra Nuclear, ya sea entre los Estados Unidos y la Unión Soviética o cualquiera de los otros nueve países que tienen armas nucleares, de acuerdo con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP por sus siglas en inglés).
A pesar de que este tratado existe desde los 1960, y está firmado por la mayoría de los países del mundo, no todos se tienen que apegar de la misma manera. Existen los denominados Estados Nuclearmente Armados (NWS) y los Estados No Nuclearmente Armados (NNWS). Con este tratado se les permitió solo a cinco países permanecer como NWS: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia, quienes se comprometen a desmantelar gran parte de sus reservas atómicas y no transferir tecnología nuclear a otros países.
Al César lo que es del César, tratados como el TNP han logrado que países como Rusia y Estados Unidos bajen la cifra de ojivas nucleares de 31,000 durante la Guerra Fría a 5,000 según las cifras del 2024, alojando cada año entre 1,000 y 2,000 para desmantelar. El problema es que los estados que no han firmado el TNP (cómo India o Pakistán), no quieren tener que adjuntarse a las restricciones de ser NNWS, desmantelando todas sus armas nucleares mientras que las grandes potencias pueden mantener miles de ellas.
Los otros tres países que se encuentran fuera del tratado son Israel, Corea del Norte y Sudán del Sur. Corea del Norte estuvo en su momento dentro del TNP, pero renunció en 2003 (creo que todos nos podemos imaginar porque). Por su lado, Israel no ha querido exponer la existencia y cantidad de ojivas nucleares que posee. Sudán del Sur es uno de los países más nuevo del mundo, con 19 años de autonomía y solo 13 de reconocimiento internacional a la escritura de este artículo.
La idea de este tratado y otras propuestas similares es disminuir la cantidad de armas de destrucción masivas en el mundo. Sin embargo, lo que nos enseña estos caos históricos y los análisis hechos por científicos es que no se necesitan más de 50 bombas para ocasionar una catástrofe que afectaría el mundo entero. A veces ni se necesitan dos países en guerra, la burocracia del caso del Maletín Atómico del Yeltsin o un simple efecto meteorológico como el del caso de Stanislav Petrov pueden ser lo que nos lleve a un Invierno Nuclear.
Lo mejor que podemos hacer es seguir avanzando hacia un desarme nuclear mundial, aunque creo que no hace falta explicar por qué esta idea puede parecer improbable. Esperemos que ese día llegue, y que no sea debido a un Close Nuclear Call que cruzó la línea y se volvió un ataque atómico.
Cuando hablamos de accidentes nucleares, muchos pensamos de inmediato en Chernóbil, así que te invito a leer nuestro artículo donde hablamos un poco sobre Ciudades Fantasma. ¿Quién sabe? Puede que le dediquemos un artículo entero a incidente de la ciudad ucraniana.
Y aunque el desarme nuclear mundial es un tema que ha permanecido en la palestra desde la Guerra Fría, también te invito a aprender un poco de cómo podemos colaborar contra el hambre mundial en nuestro artículo Despilfarro vs. Hambre.