ARTÍCULO

H. H. Holmes: El Fraude de Chicago

Dijo nacer con Satán en él. Su último deseo fue que cubrieran su ataúd con cemento para que no escapara el mal. Pero, ¿fue la Bestia de Chicago un fraude más?

Nació como Herman Webster Mudgett el 16 de mayo de 1861, en New Hampshire, pero tenía miles de apodos y seudónimos. Popularmente lo conocen como el Dr. Henry Howard Holmes, la Bestia de Chicago, el Demonio en la Ciudad Blanca o el Doctor de la Tortura. Le dicen «el primer asesino en serie de América» y algunos piensan que es la verdadera identidad de Jack el Destripador. Dicen que el número de sus víctimas puede rondar las 133 o 200. Aparte de homicida era estafador y hasta asaltaba tumbas para vender los esqueletos a hospitales. Probablemente la parte más infame de su historia es el hotel de tres pisos que construyó en Chicago, apodado el Castillo del Homicidio.

Se supone que lo construyó en vísperas de la Exposición Mundial Colombina de 1893; con las esperanzas de atraer turistas para matarlos. Con más de 50 habitaciones, estaba repleto de trampas, escotillas, pasillos secretos, cuartos sin puertas, puertas sin cuartos y pasillos que no llevaban a ningún lado. Abajo del castillo que opacaría a la Mansión Winchester se encontraba un sótano con un crematorio y baldes de ácidos y químicos para procesar los cadáveres y vender los esqueletos como modelos de anatomía.

Sin dudas Holmes era un hombre temible, cuyos crímenes dejaron el primer récord de un pánico moral que paralizó a todos periódicos de la época en Estados Unidos. Pero, ¿qué tanta verdad había detrás de la leyenda de la Bestia de Chicago? Hoy en día los medios de comunicación y la policía saben que es mala idea ponerle un apodo a un asesino en serie. Después de todo, muchos comienzan un killing spree en búsqueda de notoriedad. En otro artículo exploramos cómo el Night Stalker era más violento y audaz mientras más famoso se hacía. Ahora nos adentraremos en la cómo lo que el periodismo amarillista hizo pasar como el mismo demonio, no era más que un con man.

El Demonio en la Ciudad Blanca
The Devil in the White City, que se supone iba a ser adaptada a una serie producida por Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese.

Empecemos primero por la «mitología»; los aspectos de la historia que han inspirado a la cultura popular. Un ejemplo es la novela de Erik Larson, The Devil in the White City, cuyos derechos fueron comprados por Leonardo DiCaprio en 2010 y desde entonces se encuentra en el infierno de producción. Otro puede ser el videojuego The Dark Pictures Anthology: The Devil in Me, en el cual aparece el infame Murder Castle de Holmes. Hasta su fantasma es el villano principal de un episodio de Supernatural.

Herman Webster Mudgett, nombre real de Holmes, era hijo de dos descendientes directos de los peregrinos que llegaron a América desde Inglaterra. Creció en una devota familia metodista de granjeros, y reportó en su autobiografía que su padre era alcohólico y le pegaba. En la escuela le hacían bullying y fue precisamente en uno de estos incidentes que, según el mismo Holmes, empezaron sus fascinaciones oscuras. Cada vez que pasaba frente a la oficina del doctor del pueblo, al joven Herman se le revolvía el estómago por el olor a químicos. Sus bullies vieron esto y decidieron arrastrarlo adentro, donde se encontraron con un esqueleto humano y pensaron que sería gracioso taparle la cara a Herman con las manos del modelo.

Desde esta ocasión se volvió rutina para Holmes escaparse de su hogar para ir a disecar animales en un bosque cercano. Su primer acercamiento con la muerte humana fue cuando tenía 11 años. Se hizo amigo de un chico mayor llamado Tom y mientras exploraban una casa abandonada, Herman vio a su compañero caerse por las escaleras y fallecer desangrado. Algunos sospechan que él mismo lo empujó.

En 1882 entró al departamento de Medicina y Cirugía de la Universidad de Michigan, de donde se graduó como doctor dos años después. Mientras estaba estudiando, trabajaba en el laboratorio de anatomía de la universidad, donde comenzó a robar cementerios con su supervisor para poder disecarlos. En la época estaba estrictamente prohibido, siendo visto como un sacrilegio por la sociedad.

Se mudó a Chicago en agosto de 1886, donde empezó a utilizar el nombre de H. H. Holmes y consiguió trabajo en la droguería del Dr. E. S. Holton. Es un mito común que Holmes envenenó y mató al Dr. Holton para comprarle el local a la esposa una vez esta se vio hasta el cuello en deudas. La verdad es que «Dr. E. S. Holton» era la doctora Elizabeth Sarah Holton (recordemos que en inglés, «doctor» no tiene genero, por ende se usa para hombres y mujeres), quien no fue asesinada y simplemente le vendió el local a Holmes para mudarse con su esposo al campo.

En cualquier caso, un año después compró el terreno de enfrente para construir un edificio de dos pisos; el primero para rentar locales y el segundo para apartamentos. Nunca pagó a los arquitectos ni a los contratistas: los despedía antes de que pudieran completar el trabajo por razones descabelladas, firmaba contratos con nombres falsos para que no pudieran ser usados en la corte y todo tipo de triquiñuelas. Este sería un patrón que mantendría Holmes para hacer proyectos «gratis».

En 1892 repitió este proceso para añadir un tercer piso, que sería un hotel para los visitantes de la Exposición Mundial Colombina del año siguiente. Aquí utilizó a varios contratistas a los que nunca le daba los planos completos, para crear un laberinto para las pobres almas que se quedaran en su Castillo del Homicidio. Después de la construcción, Holmes le hizo todo tipo de arreglos a las habitaciones. Algunas las hizo cámaras de gas, en otras creo pasadizos para tirar los cuerpos al sótano; donde pasaría los cadáveres por ácido para remover la carne y químicos para blanquear los esqueletos y venderlos a universidades y oficinas de médicos. En un artículo escrito en 1937, el periódico Chicago Tribune describió el Murder Castle así:

¡Oh, qué casa tan extraña! En toda América no había otra igual. Sus chimeneas sobresalían donde nunca deberían sobresalir. Sus escaleras no terminaban en ningún sitio en particular. Pasadizos tortuosos traían a los no iniciados, con una sacudida aterradora, de vuelta al punto de partida. Había habitaciones sin puertas. Había puertas sin habitaciones. Era, en efecto, una casa misteriosa: una casa torcida, reflejo de la mente distorsionada del constructor. En esa casa ocurrieron hechos oscuros y espeluznantes.

Benjamin Pitezel.

A pesar de tener una guarida tan extravagante, lo que lleva a la captura de Holmes es un fraude de seguro de vida. Un par de años antes de construir el tercer piso de su castillo, la Bestia de Chicago conoció a Benjamin Freelon Pitezel, un carpintero con pasado criminal que se volvió su mano derecha. El Igor de su Frankenstein, se podría decir. Pitezel y Holmes llevaron a cabo varias estafas juntos: el doctor enamoraba a una mujer de dinero y la convencía de poner propiedades a nombre de un «abogado», que resultaba ser Pitezel; o tal vez convencían a algún pobre bastardo de adquirir un seguro de vida con Holmes como beneficiario y Pitezel se encargaba de ayudar a desaparecer al asegurado para cobrar la indemnización.

En julio de 1984, Holmes fue arrestado en San Luis, Misuri, por vender bienes hipotecados. En la cárcel conoce a Marion Hedgepeth, un reconocido bandido del Viejo Oeste que estaba sirviendo 25 años. Holmes le cuenta a Hedgepeth que está planeando sacar una póliza de seguro por 10,000 dólares (casi $375,000 en 2025) a su nombre y fingir su muerte; y el bandido podría ganarse 500 dólares si le recomendaba un abogado de confianza. Aunque al licenciado Jeptha Howe le pareció una excelente idea, el plan no funcionó. A la aseguradora le resultó sospechoso el caso y rechazó pagar.

El Doctor de la Tortura no se rindió y decidió intentar su plan en otra empresa de seguros. Convenció a Pitezel de que esta vez él se hiciera pasar por muerto; para que fuera su esposa la que recogiera el dinero. La parte que Holmes no le dijo es que esta vez haría el caso más… convincente… Asesinó a su mano derecha el 4 de septiembre de 1984 y desfiguró el cadáver en una explosión para hacerlo parecer un accidente de laboratorio químico. Buscó a la esposa de Pitezel, Carrie Alice Canning, y le dijo que su marido ya había huido a Inglaterra. El plan era que Holmes y su esposa, junto a Carrie y los cinco hijos de los Pitezel escaparan a Canadá, «para después poder reencontrarse con Ben».

Holmes convenció a Carrie de dividirse en dos grupos, y que les dejara a tres de los niños para que fuera más fácil cruzar la frontera. Junto a su esposa se llevó a Alice, de 13 años, Nellie, de 9 años, y Howard, de 7 años. Carrie fue llevada por otra ruta paralela hacia Canadá por una serie de órdenes de supuestos colaboradores que resultaron ser pseudónimos de Holmes. Una vez en el país del maple, dejó de recibir instrucciones y quedó a la deriva sin tres de sus hijos. Mientras tanto, la Bestia de Chicago le haría honor a su nombre mientras viajaba al norte.

El 10 de octubre rentó una casa en el vecindario de Irving, Indianápolis, compró una serie de drogas en una farmacia y mató a Howard inyectándole el coctel químico. Después lo picó en pedacitos y lo cremó en su chimenea. Quince días después, el 25 de octubre, metió a Alice y Nellie en un baúl, le abrió un hueco, le conectó una manguera de gas y asfixió a las dos niñas. Holmes enterró los dos cuerpos en su casa rentada en Toronto. La policía ya se había percatado que el «accidente» de Pitezel había sido un homicidio y Carrie ya había reportado a sus tres niños perdidos, por lo que estaban siguiendo el rastro de Holmes.

Frank Geyer, el detective asignado al caso, primero encontró a Alice y Nellie. Fueron las pistas que se consiguió en la casa rentada por Holmes las que lo llevaron a Indianápolis, donde encontró dientes y un par de huesos en la chimenea. Un par de testigos dijeron ver al asesino saliendo de una tienda de repuestos después de afilar unos cuchillos. Con esto la policía tenía suficiente para perseguir a Holmes por el homicidio de Benjamin, Alice, Nellie y Howard Pitezel. Sin embargo, se le adelantó la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton (si has jugado Red Dead Redemption 2, sí, esos Pinkerton). Los agentes privados atraparon a Holmes en Boston el 17 de noviembre, después de que también lo rastrearan por la muerte de Pitezel. Como Marion Hedgepeth nunca recibió los 500 dólares prometidos por el doctor, fue a acusarlo con los Pinkerton. Eso los llevó a Filadelfia, donde ocurrió el  asesinato de Ben y de allí siguieron a Holmes.

En 1895 explotó oficialmente el caso, causando un pánico moral en Estados Unidos y dejando a los medios perplejos. Día tras días se hablaba de H. H. Holmes. La Bestia de Chicago, el Doctor de la Tortura, el Castillo del Homicidio. La prensa salía con noticia tras noticia hablando de los descubrimientos de la policía en la propiedad de Holmes. A esto se le sumó una tercera historia. El articulador M. G. Chappel llamó a la policía y dijo haber adquirido tres esqueletos de Holmes los cuales había vuelto modelos anatómicos y vendido. Así fue como la policía encontró el cuerpo de Emeline Cigrand, una chica de 23 años que había sido contratada como la secretaria del hotel de Holmes.

En octubre de ese año, Holmes fue a juicio por el homicidio de Benjamin Pitezel (en esos tiempos la justicia estaba relativamente joven y se perseguía un crimen a la vez). Fue declarado culpable y sentenciado a muerte. Hasta el final mantuvo que no asesinó a Pitezel ni a sus niños. Tras su sentencia le vendió su confesión al periódico Philadelphia Inquirer por 7,500 dólares. Admitió 27 asesinatos en distintas partes de los Estados Unidos y Canadá, pero al día siguiente de la publicación negó todo. Supuestamente le envió una confesión al periódico Philadelphia North American donde dijo su frase más famosa:

Sí, nací con el diablo dentro. No pude evitar ser un asesino, como tampoco un poeta puede evitar la inspiración para cantar, ni la ambición de un intelectual por alcanzar la grandeza. Nací con el maligno como mi protector junto a la cama donde nací, y ha estado conmigo desde entonces.

Portada del periódico donde se publicó la confesión de H. H. Holmes.

Lo colgaron en una prisión del sur de Filadelfia el 7 de mayo de 1896. Supuestamente mantuvo hasta el final que «solo quiero decir que la magnitud de mi fechoría al quitar vidas humanas consiste en orquestar el asesinato de dos mujeres que murieron a mis manos como resultado de operaciones criminales». Ya hablaremos de estas dos víctimas, junto a otras confirmadas. Pero aquí es donde termina la historia de H. H. Holmes, el primer asesino en serie de los Estados Unidos y uno de los más brutales. Bueno… hay un detalle. Análisis contemporáneos y modernos de la leyenda de la Bestia de Chicago han determinado que hay mucho cuento en la historia. 

Más Fraude que Asesino

Claramente H. H. Holmes era un asesino, el problema es que también era un mitómana por naturaleza. Estuvo en tres matrimonios al mismo tiempo con tres nombres distintos. Se presentó como esposo de una cuarta mujer para comprar un apartamento. Contrataba constructores y nunca les pagaba. Compraba muebles a crédito y nunca los pagaba. Falsificaba muertes y accidentes para cobrar pólizas de seguro. Convencía a mujeres de que pusieran propiedades a su nombre para después desaparecer con el título. Mucho antes de las supuestas aventuras de Frank Abagnale había un auténtico con man.

Este término es un abreviativo de Confidence Man u Hombre de Confianza, el apodo que le pusieron a William Thompson. A finales de la década de 1840 en Nueva York, Thompson se ganaba la confianza de gente de clase alta, le pedía prestado dinero o un reloj y desaparecía. Similar a Holmes, usaba nombres falsos y se movía constantemente para evitar ser atrapado. Se le empezó a conocer como el Con Man, y se popularizó el lenguaje que usaba. William llamaba a las posibles víctimas «marks« y tenía el concepto de planes a corto y largo plazo, a los que se le empezó a decir «short con» y «long con«, respectivamente. Desde entonces es común escuchar decirle a personas que usan ingeniería social y otra clase de trucos para llevar a cabo estafas o fraudes «Con Artists«.

Hice este paréntesis porque creo que es la definición perfecta para H. H. Holmes; un con man. Los dos aspectos que hacen más complicado este caso para historiadores modernos es la época en la que ocurrió y lo mentiroso e incongruente que era el mismo Holmes. Admitía homicidios que después negaba, decía ser inocente para después expresar estar poseído y después volver a decir que era inocente. Incluso confesó el homicidio de los niños Pitezel, dando fechas que concordaban con los hallazgos policiales, y antes de su ejecución dijo no haberlo hecho. Lo más increíble fue su defensa sobre el asesinato de Benjamin Pitezel.

Asfixió a Pitezel e introdujo cloroformo en su sistema post mortem para hacerlo pasar por un suicidio. Argumentó que la noche antes del incidente estaba acompañando a Ben a casa cuando este empezó a decir que era un peso para su familia. Al día siguiente lo fue a buscar después de que no se presentara a una reunión y lo encontró colgado en su closet. Decidió que al menos debía «honrar a su amigo y hacer que su muerte no fuera en vano» y falsificó un accidente para cobrar un seguro y poder «ayudar a su familia». Todo esto fue desmentido por testigos que oyeron la verdadera conversación entre Pitezel y Holmes la noche antes del homicidio, la cual no tenía nada que ver con lo que decía el acusado. 

Nada de lo que dijo Holmes se podía tomar como cierto sin verificarlo. De los 27 homicidios que admitió en la confesión que le vendió al Inquirer por $7,500; solo 8 fueron confirmados y 1 se considera probable. Muchos de sus crímenes eran completamente falsos. El Dr. Robert Leacock, Kate Durkee  y L. Warner fueron tres nombres de supuestas víctimas que dio Holmes y resultaron estar vivas. Otras veces decía nombres de personas de las que no había registros; o simplemente «confirmaba» rumores que decían los periódicos, los cuales después se descubrían eran falsos e infundados. 

Julia y Pearl Conner.

De nuevo, no estoy diciendo que Holmes no sea un asesino. Era uno de los más inescrupulosos de la época. En 1890, Julia Smythe y su esposo Ned Conner, se mudaron a uno de los apartamentos del edificio de Holmes, quien no tardó en empezar un amorío con ella. Cuando Ned se enteró, renunció a su trabajo en la droguería de Holmes y se largó de Chicago, dejando a Julia en custodia de su hija de 5 años, Pearl. Ambas desaparecieron en vísperas de Navidad de 1891. Holmes terminó admitiendo que había embarazado a Julia, quien murió en un aborto fallido. Dice que después murió Pearl envenenada, y aunque no admite culpa es fácil pensar que quiso «atar los cabos sueltos». Un esqueleto parcial de un niño se encontró en el sótano del castillo de Holmes. Se cree que se trata de Pearl Conner, pero no se pudo reconocer por la falta de tecnología forense moderna.

Poco más de un año después, a comienzos de 1893, Wilhelmina «Minnie» Williams, quien fue actriz en una sola ocasión, se mudó a Chicago. Holmes dice que la conoció en una oficina de empleos de la ciudad, donde le ofreció trabajo como estenógrafa del hotel. Sin embargo, algunos historiadores afirman que Minnie interactuó con un «Harry Gordon» en Boston (o Texas, según otros), de quien se enamoró. Williams visitó a su tía en Misisipi con una foto de su prometido, con quien se iría a vivir en Chicago. Gordon era en realidad Holmes. El doctor convenció a la joven de 24 años de poner el título de una propiedad que heredó de su tío a nombre de «Alexander Bond», un amigo que la manejaría para generar un ingreso adicional. Bond era otro alias de Holmes. Se supone que, junto a Pitezel, utilizó esta propiedad en Fort Worht, Texas, para alguno de sus fraudes. 

Minnie y Nannie Williams.

En julio de 1893, la hermana menor de Minnie, Anna «Nannie» Williams, fue a visitarla en Chicago. El 5 de ese mes le escribió a su tía que se quedaría con su hermana y «el hermano Harry» (quien en verdad era Holmes). En la carta, Nannie le asegura que «el hermano Harry dijo que no se tendría que preocupar por nosotras, financieramente ni de ninguna otra manera».  Después de ahí nunca se supo más de Minnie o Nannie. Holmes confesó haber asesinado a Minnie en Illinois; envenenándola y enterrándola en el sótano de una casa. Dijo que Nannie murió a manos de su propia hermana, en un acto de celos, pues la hermana menor se enamoró de Holmes.

Un detective consiguió las huellas de Nannie en una de las bóvedas del Castillo del Homicidio. La teoría más aceptada es que Holmes asesinó a Nannie el 5 de julio de 1893, después de enviar la carta a su tía. Después se llevó a Minnie a Illinois, escondiéndole la muerte de su hermana, donde estuvo con ella varios días antes de envenenarla. En 1919 se encontraron dos cuerpos en el condado Lake de Illinois. Algunos dicen que uno de estos se trata de Nannie Williams, pero no hay evidencia confiable de ello. 

Los otros homicidios confirmados de Holmes son:

  • Emeline Cigrand, a quien contrató como secretaria del hotel por seis meses antes de matarla. Algunos creen que también fue víctima de un aborto fallido a manos de Holmes. Su esqueleto fue encontrado gracias a M. G. Chappel, quien le confesó a la policía haberlo articulado para Holmes. 
    .
  • «Rosine Van Jassand», a quien Holmes conoció en una de sus tiendas. De ahí dice haberse ganado su confianza hasta tal punto que la convenció de vivir con él en esa tienda. Después dice que la asesinó con cianuro. Aunque no hay registros de esta persona, su descripción concuerda con Emily Van Tassel, quien desapareció en 1892 y cuya madre asegura haberla visto con Holmes.
    .
  • Algunos periódicos de la época afirman que Charles (a veces referido como Milford) Cole fue asesinado por un cómplice de Holmes en 1894, tal como lo confesó la Bestia de Chicago. Investigadores modernos consideran que no hay evidencia suficiente para decir que está confirmado del todo, pues el supuesto Cole es difícil de ubicar en espacio y tiempo alrededor de Holmes.
    .
  • El último homicidio que se considera posible es el de un visitante sin nombre que se hospedó en el hotel de Holmes para la Exposición Mundial Colombina en 1893. Algunos dicen que fue John Davis, quien desapareció ese año tras visitar la feria, y se asume es el otro cuerpo que se encontró en el condado Lake. Otros aseguran que Harry Walker, quien también desapareció tras la exposición, pero que se supone que adquirió un seguro de vida con Holmes como beneficiario. No hay evidencia suficiente como para confirmar cualquiera de los casos.
    .

Contando a Ben Pitezel y sus tres hijos, a quienes Holmes no incluye en su confesión, Julia y Pearl Conner, Minnie y Nannie Williams, Cigrand, Van Tassel, Cole y el visitante sin nombre; H. H. Holmes tiene 12 homicidios confirmados, algunos con menos evidencia que otros. Aunque esto no es poco, es menos de la mitad de los que confesó; y mucho menos de los supuestos 200 que algunos le acreditan.

La Bestia del Amarillismo
The Yellow Kid.

Ya hablé de cómo la mitomanía de H. H. Holmes complica saber el verdadero número de personas que asesinó. El otro detalle en este caso es la forma en la que los periódicos de la época reportaban a «La Bestia de Chicago». Casualmente el mismo año que capturaron a Holmes empezaría la famosa batalla periodística entre el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst. Lo que empezó como una disputa entre dos diarios por un ilustrador de comics llevó a los demás medio a darse cuenta de que, tanto el World como el Journal, estaban inventando titulares para llamar la atención y vender más. A comienzos de 1897 se acuñó el término «periodismo amarillista» en honor a The Yellow Kid, el personaje caricaturesco por el que se estaban peleando los periódicos.

Curiosamente, Hearst era dueño también del Philadelphia Inquirer, el diario al que Holmes le vendió su confesión. $7,500 en 1896 son $287,022.32 en 2025. Es impensable en la actualidad que un periódico le pague tres ciento mil dólares a un asesino en serie por su confesión; especialmente para que al día siguiente la niegue por completo. Cada detalle de la investigación se publicaba casi de inmediato, algo que Holmes usó para «confirmar» supuestos homicidios. Y dónde de verdad brillaba el amarillismo era cuando se hablaba del Murder Castle.

Portada del The World de Pulitzer donde se presenta un supuesto plano del Murder Castle, es completa ficción.

Mucho de lo que decían los diarios sobre el laberinto de Holmes era simplemente conjeturas, exageraciones e incluso inventos. Sí había un sótano con dos tanques enterrados a más o menos dos metros bajo el suelo; uno con ácido y el otro con químicos para blanquear huesos. Sí había habitaciones secretas y pasadizos, pero dentro de ellas lo que había eran muebles a crédito que Holmes escondía para negar haberlos recibido. El detalle es que la idea de un laberinto con cámaras de gas y más de 50 habitaciones es simplemente imposible por las dimensiones del edificio. A esto no ayudó la publicación de varias novelas que mitificaban los actos de Holmes, agarrándose de los periódicos sensacionalistas para presentar una «biografía» del Doctor de la Tortura.

Otro ejemplo de mi punto es que H. H. Holmes se ganó el título del «Primer Asesino en Serie de América» (América refiriéndose a los Estados Unidos porque… bueno, USA). Esto simplemente es apodo sensacionalista que empezaron a adjudicarle para vender más copias. Los que se le consideran como los primeros asesinos en serie de Estados Unidos (o al menos los primeros de los que se tiene registros) son los Hermanos Harpe. Micajah «Big» Harpe y Wiley «Little» Harpe eran dos hermanos leales a la Corona Inglesa tras la Revolución de las Trece Colonias. Entre 1797 y 1799 cometieron una serie de crímenes y atrocidades como bandidos de camino, piratas de río y asesinos en serie. Confesaron el homicidio de 39 personas, todos confirmados por la policía, pero la cifra podría llegar a las 50. Big Harpe murió en una confrontación contra un posse (un grupo de ciudadanos que se reúnen para capturar a un criminal) en agosto de 1799. Little Harpe logró escapar y se unió a otra banda criminal y apareció cuatro años después como la mano derecha del líder, Samuel Mason. Después se presentó en la policía tratando de reclamar la recompensa por la cabeza de Mason, pero lo reconocieron y lo sentenciaron. En enero de 1804 fue ejecutado.

Foto del arresto de Holmes junto a su calavera exhumada.

Es curioso que aunque los Hermanos Harpe cometieron más crímenes que están mejor documentados que los de H. H. Holmes, fue este último el que ganó notoriedad hasta la actualidad. La Bestia de Chicago definitivamente fue una creación del periodismo de la época. Dire nuevamente que no niego que sea un caso particular, ni que Holmes haya sido especialmente brutal en el homicidio de niños como los de Alice, Nellie y Howard Pitezel o Pearl Conner y Nannie Williams. Sin embargo, también considero que es un buen ejemplo de porque no hay que darle la atención y relevancia que estos asesinos en serie buscan, pues los medios le terminan causando satisfacción a con men como H. H. Holmes. Los rumores alrededor de este personaje llegaron hasta el punto que en 2019 tuvieron que exhumar su cuerpo para refutar a los que pensaban que había logrado escapar su sentencia. 

Aquí podría entrar en un debate más profundo sobre si en la actualidad estamos romantizando mucho el true crime y los asesinos en serie, pero esa conversación sería muy larga. Por el momento los dejo con esto: H. H. Holmes no nació con el demonio en él, no es una bestia ni una mente maestra. Holmes era un mitómana y un estafador por excelencia. Cuando mataba lo hacía para cobrar un seguro de vida o encubrir un crimen anterior. No creo que la glorificación que parece recibir le hace justicia a los nombres de sus víctimas, pero cuénteme que opinan ustedes.

P. S. Mi investigación me llevó a este rompecabezas del Castillo de Holmes que les compartiré porque me pareció cool. Pueden hacer clic aquí para comprarlo.

¿Te gustó? Compártelo

Los más vistos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

te da la bienvenida a este
universo de información