Más de 600 participantes acreditados —entre profesionales de la industria, estudiantes y prensa— participamos en este programa del Festival Internacional de Cine de Panamá. La jornada, celebrada el 9 de abril de 2026 en la Ciudad de las Artes, marcó el inicio de la décimo cuarta edición del festival, que se extendió hasta el 12 de abril en ciudad de Panamá.
Al cierre, la conclusión fue clara: el IFF Panamá avanza hacia un modelo más integral, donde la formación, la estrategia y la articulación institucional adquieren un peso creciente.
Como comunicadora social, valoré especialmente el impulso a una mirada crítica orientada al desarrollo del cine panameño y regional. La programación reunió a especialistas que aportaron herramientas concretas para fortalecer capacidades, generar redes y proyectar contenidos hacia mercados internacionales.
La agenda fue intensa y bien estructurada. Participamos en talleres —como el enfocado en construcción de audiencias— y en paneles sobre políticas públicas, sostenibilidad, distribución y circulación del cine latinoamericano. También accedimos a claves sobre el funcionamiento de festivales y sus criterios curatoriales, mientras los conversatorios internacionales ofrecieron una lectura práctica del mercado global.
Más que una actividad paralela, el Día de Industria funcionó como un punto de conexión entre creación y mercado, integrando a cineastas emergentes, productores, instituciones públicas y actores internacionales. Aunque el ritmo fue exigente, cada espacio contribuyó a acortar la brecha entre la producción y su inserción en circuitos globales.
A continuación, comparto un resumen de las actividades, junto con un video que recoge algunos de los momentos más relevantes de la jornada.
Fue una cobertura intensa, con contenido valioso tanto en lo informativo como en lo formativo. Este día confirmamos que el cine, más allá de la pantalla, es un sistema en constante construcción.
Tu audiencia ya existe: Cómo explotar la identidad de tu película para conectar con su público real
Este taller funcionó como un punto de arranque estratégico para el Día de Industria. El enfoque, directo y poco habitual: la audiencia como punto de partida, no como consecuencia. Es decir, en el cine de hoy la relación con los espectadores es una decisión de diseño, no un resultado aleatorio. En consecuencia, la estrategia para llegar al público no se construye al final del proceso, sino desde el desarrollo mismo del proyecto.
En un entorno saturado de contenidos, la diferencia no está solo en lo que se cuenta, sino en cómo se construye el puente entre la obra y su audiencia. La premisa fue clara desde el inicio: las películas no deben intentar llegar a “todo el mundo”, sino identificar con precisión a quién ya está dispuesto a conectarse con ellas.
El espacio propuso un cambio de paradigma frente al enfoque tradicional de distribución y comunicación. En lugar de pensar en audiencias masivas, se planteó trabajar desde lo específico, lo identitario y lo estratégico.
Entre los ejes principales:
- Identidad de la película como núcleo estratégico
- No basta con tener una historia; es necesario definir con claridad qué representa el proyecto, qué tono maneja y qué universo construye.
- Segmentación real de audiencias
- Identificar comunidades concretas que puedan apropiarse del contenido.
- Diseño de materiales y narrativa de comunicación
- Desde el afiche hasta los contenidos digitales, todo debe responder a una lógica coherente con la identidad del proyecto.
- Conexión antes que alcance
- Es más relevante generar vínculos sólidos con públicos específicos que aspirar a una difusión amplia pero superficial.
El experto en marketing cinematográfico y posicionamiento de audiencias Will Khouri, vinculado a Litoral Casa Creativa (México), fue el ponente del taller. Su enfoque combina branding, narrativa y análisis de audiencias, situando el cine no solo como obra artística, sino como producto cultural que requiere posicionamiento claro.
Durante el taller, Khouri estructuró su intervención en tres niveles:
- Definición de identidad
- Qué hace única a una película.
- Cómo traducir esa identidad en un discurso coherente.
- Lectura de audiencias
- Identificación de nichos reales.
- Comprensión de hábitos de consumo y conexión emocional.
- Sistema de comunicación
- Construcción de piezas y mensajes alineados con el proyecto.
- Coherencia entre contenido, estética y estrategia.
Su planteamiento fue directo: las películas que logran posicionarse no son necesariamente las más grandes, sino las que entienden con precisión a quién le hablan y cómo hacerlo.
Políticas públicas y cine
¿Cómo se construye una industria sostenible?
Este conversatorio operó como un marco conceptual. La interacción entre las participantes estableció que el desarrollo del cine en Panamá no depende únicamente del talento o la producción, sino de la existencia de un ecosistema estructurado, coherente y sostenido en el tiempo. El desafío no es definir qué hacer —eso está relativamente claro—, sino cómo ejecutar de forma consistente y medible una política pública que convierta al cine en industria.
En esta discusión sobre el rol del Estado como arquitecto de condiciones habilitantes para el desarrollo del sector se abordaron cuatro vectores críticos: incentivos, financiamiento, formación y circulación; entendidos no como elementos aislados, sino como un sistema interdependiente. Se enfatizó que la sostenibilidad del sector no depende exclusivamente de la producción de contenidos, sino de la capacidad de estos para insertarse en mercados, generar retorno y consolidar tejido industrial.
El diálogo permitió identificar una línea clara: Panamá se encuentra en una fase de estructuración institucional del sector audiovisual, donde la política pública aún está en proceso de consolidación, pero ya muestra instrumentos concretos. Entre los puntos más discutidos:
- La necesidad de marcos regulatorios estables que generen confianza en la inversión.
- El fortalecimiento de fondos de apoyo y mecanismos de coproducción internacional.
- La urgencia de desarrollar audiencias locales, no solo exportar contenido.
- La articulación entre formación académica y demanda real de la industria.
En términos de enfoque, el conversatorio evitó lo declarativo y se orientó hacia una visión operativa: cómo convertir al cine en un sector económico funcional, más allá de su dimensión cultural.
La dinámica estuvo moderada por Pituka Ortega Heilbron, directora, productora y una de las figuras más influyentes del cine panameño contemporáneo. Ella imprimió al conversatorio una lectura desde la práctica profesional, tensionando el discurso institucional con preguntas orientadas a la realidad del sector. En su esfuerzo, Pituka se mantuvo en un nivel técnico, evitando generalidades.
Las respuestas estuvieron a cargo de dos mujeres con mucho peso en la industria local. Por un lado, Arianne Benedetti, viceministra del Ministerio de Cultura de Panamá con trayectoria previa como actriz, productora y gestora cultural. Su perfil combina experiencia creativa con responsabilidad institucional, lo que le permite operar en la intersección entre política pública y práctica audiovisual. En la otra esquina, Sheila González, directora de la Dirección Nacional de Cine de Panamá, entidad clave en la ejecución de políticas públicas para el sector. Su rol es eminentemente técnico y operativo, vinculado a la implementación de fondos, convocatorias y estrategias de desarrollo audiovisual.
La intervención de Benedetti reflejó un enfoque pragmático: el Estado como facilitador, no como sustituto del mercado. Ella proyectó una visión centrada en la construcción de condiciones estructurales, destacando la importancia de:
- Incentivos fiscales como herramienta de atracción.
- Programas de formación alineados con estándares internacionales.
- Integración del cine dentro de una política cultural más amplia.
Por su parte, la intervención de González subrayó un punto crítico: sin continuidad en las políticas, no hay industria, solo esfuerzos aislados. Ella aportó una perspectiva centrada en la ingeniería institucional del cine, abordando:
- El diseño de instrumentos de financiamiento.
- La articulación con fondos internacionales.
- La necesidad de medir impacto y retorno de inversión en políticas culturales.
El cine en tiempos de cólera
Este conversatorio funcionó como un contrapunto ideológico: ¿para qué hacer cine? En contextos latinoamericanos, el Séptimo Arte no solo circula en mercados, también circula en disputas. Y en ese terreno, su valor no se mide únicamente en la taquilla o festivales, sino en su capacidad de incidir en la memoria, cuestionar estructuras y abrir posibilidades de transformación social.
El eje de discusión fue explícito: cómo el cine opera en contextos de conflicto, tensión política y fractura social. No solo como representación, sino como acto de memoria, resistencia y reconfiguración simbólica.
A diferencia de un enfoque industrial o técnico, este espacio se estructuró sobre una tensión más profunda: ¿qué implica filmar cuando la realidad es conflictiva o traumática?
Las intervenciones coincidieron en varios puntos críticos:
- El cine como archivo vivo de lo que otros sistemas intentan borrar (memoria histórica).
- La responsabilidad ética del cineasta frente a comunidades y realidades sensibles.
- La necesidad de construir narrativas que no solo denuncien, sino que propongan nuevas formas de entender el presente.
- El lenguaje cinematográfico como herramienta política, incluso cuando no se declara como tal.
El conversatorio planteó que, en América Latina, el cine no puede desligarse de su contexto: filmar es posicionarse. Esta es una de las opiniones de Cristian Carretero, director vinculado al proyecto Esta Isla, producción centrada en la realidad contemporánea de Puerto Rico. El trabajo de Carretero se inscribe en una línea de cine que examina identidad, territorio y tensiones sociales derivadas de contextos coloniales y económicos complejos.
En el conversatorio, Carretero aportó una mirada sobre el cine como espacio para redefinir narrativas nacionales y la importancia de trabajar desde lo local sin perder proyección internacional.
Su colega, Lorraine Jones, codirectora de Esta Isla, complementó el enfoque desde una sensibilidad que prioriza lo humano y lo cotidiano dentro de contextos estructuralmente tensos. Su intervención enfatizó la construcción de personajes como vía para entender conflictos mayores; así como la necesidad de una ética de representación, especialmente cuando se trabaja con comunidades reales.
También fue parte del panel Jayro Bustamante, reconocido cineasta por obras como Ixcanul y La Llorona. Su trabajo aborda de forma directa temas como racismo estructural, memoria histórica y violencia política en Guatemala. En este espacio, Bustamante reforzó una idea central: el cine puede funcionar como contrapeso a los discursos oficiales, generando relatos que incomodan, pero son necesarios. La estética no es neutral: es parte del posicionamiento político de la obra.
Junto a ellos estuvo además Augusto Zegarra, director de Runa Simi, proyecto vinculado a la lengua quechua y a las identidades indígenas en Perú. Su trabajo se orienta hacia la preservación cultural y la representación de comunidades históricamente marginadas. Su participación puso sobre la mesa al cine como herramienta de rescate lingüístico y cultural. Para él es urgente narrar desde dentro de las comunidades, no sobre ellas.
La moderación estuvo a cargo de David Hernández Palmar, comunicador del pueblo Wayuu y director de MulluTV, con una trayectoria enfocada en medios comunitarios y narrativas indígenas. Su intervención fue estructural para el tono del conversatorio. Lejos de una visión académica distante, llevó la conversación a un plano experiencial.
Inside the Deal
Este segmento introdujo un componente crítico dentro del Día de Industria del IFF Panamá: el momento de transacción, donde los proyectos dejan de ser únicamente obras creativas para convertirse en activos negociables dentro del mercado global.
Si los bloques anteriores definieron por qué hacer cine y cómo estructurar el ecosistema, este conversatorio explicó cómo las producciones se insertan efectivamente en la economía global. Y aquí la conclusión es precisa: sin estrategia de adquisición y distribución, incluso el proyecto más sólido queda limitado. El valor del cine, en términos industriales, se materializa en su capacidad de convertirse en acuerdo.
El eje estratégico fue desmitificar un proceso que implica riesgo, posicionamiento y timing. La conversación dejó en evidencia que no basta con tener una buena película; es necesario que el proyecto sea legible para el mercado. La adquisición responde a criterios como:
- Potencial de audiencia.
- Identidad clara del proyecto (género, tono, territorio).
- Capacidad de circulación en festivales y plataformas.
- La negociación implica entender el valor real del contenido en diferentes ventanas (festivales, streaming, ventas territoriales).
Leslie Cohen, especialista en curaduría y adquisición de contenido, con experiencia en la identificación de proyectos con potencial de circulación internacional, dejó claro que en la industria global la estrategia de salida de una película es tan determinante como su proceso de creación. Desglosó el proceso en tres capas:
- Identificación
- Qué hace que un proyecto destaque en mercados saturados.
- La importancia de una propuesta clara y diferenciada.
- Evaluación
- Análisis de viabilidad comercial.
- Lectura del proyecto en función de audiencias específicas y territorios.
- Negociación y posicionamiento
- Cómo se estructuran los acuerdos.
- Estrategias para maximizar visibilidad y retorno.
Esta intervención se desarrolló bajo la conducción de Pituka Ortega Heilbron, quien mantuvo una visión práctica estableciendo puentes entre la experiencia de Cohen y la realidad de los cineastas de la región. Al final del encuentro quedó claro que el mercado no opera sobre intenciones, sino sobre claridad estratégica y capacidad de ejecución. Su moderación permitió traducir conceptos de mercado a decisiones concretas para productores.
Personas & Personajes:
hiperrealismo y artificio en el cine documental
Después de atravesar discusiones sobre políticas públicas, mercado y función social del cine, esta masterclass introdujo una capa crítica necesaria: volver al acto esencial de filmar documentales. Hoy, este formato no se define por su cercanía a la realidad, sino por cómo se decide construirla. En ese proceso, el cineasta deja de ser un observador y se convierte en un agente activo que modela la experiencia del espectador. Desde mi óptica, a pesar de todo el desarrollo que se ha dado en esta industria, el lenguaje sigue siendo el núcleo irreductible.
El eje del encuentro fue la construcción del personaje, con un planteamiento de fondo claro: en el documental conviven lo real y lo artificiado. Manuel Abramovich, cineasta argentino con trayectoria en circuitos internacionales, desmontó la idea de objetividad absoluta y propuso una práctica donde la cámara no solo observa, sino que interviene y redefine la realidad filmada. Resumido en una idea inspiradora: La intimidad no se captura: se negocia, se construye y se diseña.
En esa lógica, el personaje deja de ser únicamente una persona real para convertirse en una construcción narrativa que emerge en la relación con el director. Uno de los conceptos más relevantes fue el de hiperrealismo, entendido no como fidelidad total a lo real, sino como una intensificación de ciertos elementos para revelar capas más profundas de verdad.
Abramovich estructuró su intervención en tres dimensiones:
- Relación director–personaje. El vínculo no es pasivo ni invisible, sino una dinámica activa que condiciona el resultado final. El personaje se construye como presencia cinematográfica a partir de esa interacción.
- Construcción de la intimidad. La cercanía emocional no ocurre de forma espontánea; responde a decisiones de encuadre, manejo del tiempo, repetición y a la generación de confianza dentro de un entorno controlado.
- El artificio en el documental. Lejos de ser una manipulación negativa, el artificio se plantea como una herramienta expresiva legítima, capaz de revelar aspectos de la realidad que el registro directo no alcanza.
Su enfoque se distancia del documental observacional clásico y se acerca a una práctica autoral donde asume su intervención dentro de lo real. No es casual que su trabajo haya circulado en festivales como la Berlinale, IDFA y Locarno, consolidando una trayectoria enfocada en la exploración de la imagen, el cuerpo y la representación.
Nuevas voces en la Academia:
caminos hacia los Oscars
Esta charla fue a la única que no logramos entrar, pero conversando con los asistentes conocimos que resultó en un ejercicio para comprender cómo una obra se inserta en el sistema de reconocimiento más influyente del cine global. La sesión funcionó como un puente entre la producción regional y los estándares internacionales de validación y visibilidad. Y es que, definitivamente, llegar a los Oscars no es un evento fortuito. Es el resultado de una ingeniería de cumplimiento, visibilidad y relaciones dentro de un ecosistema altamente estructurado.
Para el contexto panameño y regional, la sesión resultó particularmente relevante: reflexionó que el acceso a estos circuitos no está restringido por origen, sino por capacidad de alinearse con los estándares y procesos de la industria internacional. Así que, el enfoque fue eminentemente operativo: desmontar la percepción de la Academia como una entidad distante y poco accesible, para presentarla como un sistema con reglas claras, procesos definidos y oportunidades concretas de participación.
La exposición estuvo a cargo de Angelica Cervantes, Senior Director de Member and Industry Relations en la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, con responsabilidad directa en la gestión de relaciones con miembros y profesionales de la industria a nivel global. Su intervención se caracterizó por una aproximación clara y estructurada, desglosando procesos que suelen percibirse como opacos. Entre sus aportes más relevantes:
- Explicación detallada del ciclo de vida de una película dentro del sistema de premios.
- Clarificación de requisitos que frecuentemente generan confusión en productores independientes.
- Enfoque en la apertura progresiva de la Academia hacia mayor diversidad geográfica y cultural.
Cervantes posicionó a la Academia no solo como un ente de premiación, sino como una red profesional con capacidad de incidencia en carreras cinematográficas.
El futuro nos alcanzó:
La circulación del cine latinoamericano hoy
La charla abordó uno de los puntos más críticos del ecosistema audiovisual contemporáneo: cómo circula hoy el cine latinoamericano en un entorno global en transformación. El futuro ya no es una proyección, sino una realidad en curso. Comprender sus dinámicas dejó de ser opcional: es una condición para que el cine de la región pueda sostenerse, expandirse y competir en el escenario internacional.
Lejos de una visión tradicional centrada únicamente en festivales o salas, la sesión planteó la circulación como un sistema complejo y en acelerada reconfiguración. En ese contexto, el cine latinoamericano enfrenta el reto de redefinir sus rutas de visibilidad y acceso.
La charla ofreció una lectura actualizada del panorama, analizando factores como la concentración de plataformas, la fragmentación de audiencias y las nuevas dinámicas de consumo. A esto se suman las tensiones geopolíticas, que también inciden en la manera en que las películas se distribuyen y posicionan a nivel global.
Carlos A. Gutiérrez, cofundador de Cinema Tropical y curador en instituciones como el Museum of Modern Art, Film at Lincoln Center y el Museo Guggenheim, condujo la reflexión desde su experiencia en la programación y promoción internacional del cine de la región.
Durante la sesión, expuso estrategias concretas para:
- Aumentar la visibilidad de las obras latinoamericanas en circuitos globales.
- Diseñar modelos de sostenibilidad más allá del circuito tradicional de festivales.
- Identificar nuevas ventanas de exhibición y formas de conexión con públicos diversos.
La conclusión fue clara: en un entorno donde las reglas están cambiando, la circulación ya no depende únicamente de acceder a espacios, sino de entender y anticipar las dinámicas que los definen.
Lo que querías saber de festivales y nadie te dijo
Este panel funcionó como el cierre operativo del Día de Industria y nos dejó una conclusión precisa: los festivales no son un destino, sino un sistema de navegación. Su valor no reside en su prestigio, sino en su capacidad de conectar una obra con audiencias, crítica y mercado.
Por otra parte, entender la lógica de los festivales no garantiza la selección. Sin embargo, ignorarla reduce significativamente las probabilidades de que una película encuentre su lugar en el ecosistema global.
El eje central de esta conversación fue desmontar percepciones erróneas sobre los festivales mostrando sus filtros de validación, visibilidad y circulación. Son ecosistemas con identidades, agendas y criterios diferenciados. Es decir, no existe la homogeneidad en sus procedimientos.
Entre los puntos claves discutidos estuvieron:
- Curaduría como identidad: cada festival responde a una línea editorial específica; no existe un estándar universal de selección.
- Estrategia de ruta: la circulación de una película depende de cómo se diseña su recorrido (estreno mundial, regional, circuitos especializados).
- Coherencia proyecto–festival: no todas las películas son adecuadas para todos los festivales; el encaje es determinante.
Errores frecuentes:
- Enviar proyectos sin entender el perfil del festival.
- No definir una estrategia de estreno.
- Subestimar el rol del contexto en la programación.
El panel estuvo conformado por Diana Cadavid, Itzel Martínez y Lester Rivé; bajo la moderación de Karla Quintero, directora ejecutiva de la Fundación IFF Panamá y del Festival Internacional de Cine de Panamá.
Sobre Diana Cadavid: está vinculada al Toronto International Film Festival, uno de los más influyentes del mundo en términos de industria y premios. Su intervención aportó una visión desde un festival de alto impacto, explicándonos que la selección responde tanto a calidad artística como a potencial de conversación global. Destacó la importancia del estreno en la estrategia de programación, así como las plataformas que conectan el cine con mercado, prensa y premios.
Itzel Martínez de Ambulante, una iniciativa centrada en el cine documental con enfoque social y comunitario, brindó una perspectiva que enfatizó el valor del cine como herramienta de impacto social y construcción de audiencias. Puso sobre la mesa el tema de los modelos alternativos de exhibición más allá de salas tradicionales y la curaduría como acto político y cultural.
Por su parte, Lester Rivé, director del Puerto Rico Film Festival, se centró en estos ecosistemas como plataformas de descubrimiento y desarrollo de talento regional. Al ser él la cabeza visible de un espacio clave para el cine caribeño y latinoamericano emergente, tuvo mucho sentido la importancia que él le da a los circuitos intermedios en la construcción de carrera de una película.
La moderación de la comunicadora y gestora cultural panameña Karla Quintero permitió traducir criterios curatoriales a decisiones estratégicas concretas. Gracias a ella, se mantuvo el diálogo en un plano operativo, evitando abstracciones.
A continuación, le presentamos este material audiovisual que, en la cámara de nuestro compañero Julio Neto, recoge algunos momentos destacados de esta intensa y extraordinaria jornada.