Bajo el hechizo de los Viajeros Estelares

Desde el más famoso, el Halley, hasta el que recién nos visita, el Neowise, exploremos en los próximos minutos la ciencia, la historia, las leyendas y lo más impactante que nos han dejado estos cuerpos celestes que regularmente pasan cerca de nuestro hogar, la Tierra, en su recorrido indetenible por nuestro vecindario solar.

Aquí te dejamos el podcast de nuestro programa a través de CICA Radio Online Internacional. Luego encontrarás una recopilación de datos, reseñas, fotografías y hasta vídeos que te sumergirán en el fantástico universo de los Viajeros Estelares.

Para cerrar con broche de oro, como siempre, te dejamos el vídeo de la transmisión en vivo a través de la plataforma de CICA. 

Para conocer más

A continuación, verás una serie recuadros interactivos para mostrar seis tópicos torno a este apasionante tema: La ciencia detrás de los cometas (que ya está desplegada), Cometa Halley, El gran cometa de 1680, Comera Hale-Bopp, Cometa Shoemaker-Levy 9 y Cometa Neowise. Solo debes hacer clic sobre el título, para que te despliegue la información uno a uno. Esta distribución de contenido, que incluye fotos y vídeos, se aprecia mucho mejor si la ves en tu computadora de escritorio. Pero si decides interactuar desde tu celular, toma en cuenta que cuando pulses sobre un título, la página da un brinco y te lleva al final del artículo. Entonces te toca desplazarte hacia arriba en tu pantalla hasta llegar al texto que te interesa. Lo sabemos, es un poco fastidioso, pero aún no damos con el error para corregirlo. Pedimos disculpas por este detalle. Sin embargo, créenos que vale la pena la exploración. 

Fue después del invento del telescopio, especialmente con el uso que le dio Galileo Galilei en 1610, cuando los astrónomos comenzaron a estudiar los cometas con más detalle. Pronto descubrieron que la mayoría tienen apariciones periódicas. El primero en darse cuenta de esto fue Edmund Halley en 1705. Él pronosticó que para 1758 seríamos visitados por un comenta y dijo además que lo haría regularmente, cada 76 años. Aunque él no pudo comprobar su predicción, tuvo toda la razón. Por eso, en honor a este extraordinario astrónomo, matemático y físico inglés, ese peregrino celestial fue bautizado como “Halley”.

Una definición simple de los cometas sería que son cuerpos sólidos, constituidos por agua, hielo seco, amoníaco, metano, hierro, magnesio, sodio y silicatos, que siguen diferentes trayectorias: Elípticas, parabólicas o hiperbólicas de gran excentricidad, acercándose al Sol por periodos considerables. Los cometas, junto con los asteroides, planetas y satélites, forman parte del sistema solar. Pero, a diferencia de los asteroides, en los cometas se activa un mecanismo de exaltación de sus materiales de composición en la medida que se aproximan al astro rey. Entonces, mientras más expuestos están al viento solar, se desarrolla una atmósfera que envuelve su núcleo, llamada coma o cabellera, que está formada por gas y polvo. Eso es lo que genera la cola característica de estos viajeros estelares.

Dicen los científicos que los cometas provienen principalmente de dos lugares, la nube de Oort, situada entre 50.000 y 100.000 UA (unidades astronómicas) del Sol, y el cinturón de Kuiper, localizado más allá de la órbita de Neptuno. Esas franjas supuestamente están repletas de rocas y otros fragmentos del material que surgió muy cerca de nuestro Sol, cuando el sistema solar todavía estaba en sus primeras etapas de desarrollo. Por eso algunos dicen que son como el basurero que quedó después de la formación de los planetas.

Ahora bien, ¿cómo es que esos icebergs del espacio dejan de ser objetos flotantes en el sistema solar exterior y se convierten en peregrinos, en viajeros caprichosos? Bueno, esto ocurre porque ellos están muy propensos a ser afectados o perturbados por la órbita de los planetas mayores. Entonces, esa fuerza de atracción que les causa Júpiter, Saturno y Urano los pone en movimiento, bien impulsándolos a acercarse al Sol, ocasionando que muchos de ellos se destruyan cuando se aproximan; o bien haciendo que inicien su viaje fuera del sistema solar y se pierdan para siempre.

De este hecho surge entonces la diferenciación de los comentas: Si su órbita es elíptica y de período largo o muy largo, mayor a 200 años terrestres, provienen de la hipotética nube de Oort. Pero si su órbita es de período corto o medio-corto, menor a 200 años terrestres, provienen del cinturón de Edgeworth-Kuiper. Sin embargo, hay excepciones como la del Halley, con un período de 76 años (corto), que proviene de la nube de Oort.

El núcleo de un comenta no es tan grande como podríamos pensar. En realidad, es pequeño, entre 1 y 10 kilómetros. Por eso, cuando se descubre un cometa se lo ve aparecer como un punto luminoso, con un movimiento perceptible sobre el fondo de estrellas llamadas fijas; pues lo primero que se ve es el núcleo o coma. Pero, en la medida que se va acercando al Sol, el choque de los fotones que recibe como una lluvia hace que se calienten sus componentes y entonces aparece la cola. Esta puede llegar a desarrollar un tamaño fantástico: ¡Hasta 30 millones de kilómetros! Y justo esto es otro elemento que también se toma en cuenta para su clasificación.

Las colas más comunes son la de gas, que se dirigen siempre en el sentido perfectamente contrario al de la luz del Sol; y las de polvo, que retiene parte de la inercia orbital, alineándose entre la cola principal y la trayectoria del cometa.
Pero la belleza que le aporta la luz solar a nuestros amigos del espacio es a la vez su condena a muerte. Y es que, en la medida que van cumpliendo sus órbitas, pierden su material y en consecuencia disminuye su magnitud. Se espera que, en promedio, un cometa pase unas dos mil veces cerca del Sol antes de que se acaben sus materiales volátiles y se “apague” al no poder reponerlos. Entonces, se convertirá en un asteroide normal y corriente, como le ocurrió al 7968-Elst-Pizarro y al 3553-Don Quixote.

Volvamos a su composición. El agua, hielo seco, amoníaco, metano, hierro, magnesio, sodio y silicatos son sustancias que están congeladas, debido a las bajas temperaturas que existen en los lugares de donde provienen los cometas. Pero, como ya dijimos, en la medida que se acercan al calor del sol, se van desprendiendo, dejando a su paso una estela de todo ese coctel de elementos. De ahí surge la teoría de que las partículas que cayeron de los comentas que pasaron cerca de la Tierra se combinaron con el reservorio orgánico nativo y produjo, con el tiempo, la extraordinaria explosión de vida que vemos en esta hermosa bolita azul.

Irónicamente, por siglos la cultura popular ha sido incapaz de ver esa cara noble de estos peregrinos del espacio. Por el contrario, generalmente se les ha catalogado de mensajeros de la fatalidad, de presagios de muerte y fin del mundo, tanto que incluso en la era moderna fueron la excusa para suicidios masivos como ya les vamos a contar. En las contadas excepciones de esta pervertida percepción podría estar la leyenda de la Estrella de Belén. Sí, esa que, según la tradición cristiana fue la que guio a los Reyes Magos al lugar donde nació Jesús. Algunos han especulado que se trató de un cometa, ¿quizá el Halley?

Dicho esto, pasemos ahora a intentar hacer un ranking de cometas que han causado sensación en la humanidad. La lista es larga y por eso nosotros escogimos los cinco más famosos, destacando para cada caso la ciencia detrás de ellos, el contexto histórico en el momento de su aparición y por supuesto la leyenda o circunstancia insólita que se generó a partir de su presencia.

Oficialmente denominado 1P/Halley, es de los más grandes, brillante y mejor conocido de “periodo corto” proveniente, como dijimos, de la nube de Oort. Su período orbital alrededor del Sol oscila entre 74 y 79 años. Cuando nos visita, es uno de los pocos que se pueden ver a simple vista desde la Tierra. También es el único cometa que podría ser visto por una persona dos veces, lo que ha permitido el desarrollo de una impresionante documentación en torno a él.

Halley retratado por Richard Phillips (c. 1722)

El regreso del Halley al interior del Sistema Solar fue observado y registrado por astrónomos desde por lo menos el año 240 a. C. Claras evidencias de sus apariciones fueron hechas por cronistas chinos, babilónicos y europeos medievales en 1069; pero no fueron reconocidas entonces como reapariciones del mismo objeto. Como ya les comentamos, el período orbital del cometa fue determinado por primera vez en 1705 por el astrónomo inglés Edmond Halley.

La lista de los años de observaciones del cometa es la siguiente, comenzando por el año 239 A.C., primer año en que se sabe que fue observado: 239 a. C., 164 a. C.,45 86 a. C. 11 a. C., 66, 141, 218, 295, 374, 451, 530, 607, 684, 760, 837, 912, 989, 1066, 1145, 1222, 1301, 1378, 1456, 1531, 1607, 1682, 1759, 1835, 1910 y 1986. La próxima aparición está prevista para el año 2061.

Durante su última visita, en 1986, Halley se convirtió en el primer cometa en ser observado con detalle por naves espaciales, proporcionando la primera información sobre la estructura de un núcleo cometario y del mecanismo de formación del coma y la cola. Esas observaciones apoyaron un número de hipótesis antiguas sobre la construcción del cometa, particularmente el modelo de «bola de nieve sucia» de Fred Lawrence Whipple, que correctamente predice que Halley estaría compuesto de una mezcla de hielos volátiles (como agua, dióxido de carbono y amoníaco) y polvo. Las misiones también proporcionaron informaciones que esencialmente reformaron y reconfiguraron esas ideas. Por ejemplo, ahora se entiende que la superficie de Halley está en gran parte compuesta por polvo, materiales no volátiles, y que solo una pequeña parte de ella está cubierta de hielo.

Cometa Halley en una de sus apariciones, en el año 1066, según el Tapiz de Bayeux.

Detrás de Halley hay varias leyendas de malos augurios. La más antigua data de 1066, año en que se predijo la caída del rey sajón Harold II ante la invasión normanda de Guillermo el Conquistador. El funesto vaticinio se representó en un tapiz, el de Bayeux. En él aparece bordado un cometa. Era el Halley (aunque nadie lo sabía entonces) en una de sus visitas. La profecía se cumplió. Harold murió en la batalla de Hastings. Años después, ya en el siglo XII, el papa Calixto III excomulgó a ese cometa al considerarlo un instrumento del diablo.

Comenzando el siglo XX, en 1910, su regreso provocó una ola de histeria colectiva tan intensa que hasta hubo suicidios. Pero no podía ser para menos, pues los científicos de aquel entonces dieron informaciones incorrectas. Uno fue el profesor Daniel Walter Morehouse, que dos años antes, en 1908, descubrió un cometa que ahora lleva su nombre. Él comenzó a realizar una serie de charlas y conferencias en las que hablaba de su hallazgo, enfocándose en decir que su cola contenía gas cianógeno, un elemento relacionado con el cianuro venenoso y que en consecuencia el contacto con las personas sería altamente tóxico. Luego de afirmar semejante asunto, pasaba a recordar que el Cometa Halley regresaría a la tierra entre el 18 y el 19 de mayo de 1910. La gente entonces terminaba mezclando las dos informaciones y en un abrir y cerrar de ojos se generó la confusión de que aquel experto había asegurado que la cola del Cometa Halley era poseedora de dicho gas mortal.

El rumor se fue extendiendo hasta que llegó a la prensa que, necesitada de noticias de impacto, comenzó a publicar todo tipo de conjeturas, viñetas y artículos periodísticos sobre la visita del cometa y el fin del mundo. Así fue como gran parte de la población a nivel mundial se convenció de que iba a morir.

Pero la rentabilidad del fin del mundo a causa del Cometa Halley no solo benefició a los periódicos de la época. Muchos empresarios comenzaron a comercializar todo tipo de elementos y souvenirs: Estampillas, tarjetas postales, cucharillas de plata e infinidad de objetos. ¡Locura total!

Acto seguido, ante el aumento de suicidios por culpa del Halley, la comunidad científica se vio obligada a asegurar a la población que el paso del cometa no tendría impacto alguno sobre el planeta o la salud de las personas. El esfuerzo fue en vano porque fue tan abrumadora la publicidad en torno al fin del mundo, que las explicaciones serias pasaron desapercibidas.

Cuando llegó el día señalado, millones de personas de todo el mundo esperaron atemorizadas el pasó del cometa con su cola venenosa. Allí fue cuando se registró el mayor número de suicidios. Todo volvió a la calma cuando fue obvio que no era el fin del mundo y la gente quedó extasiada con extraña una sensación de escarcha luminosa que impregnó la atmosfera.

Lieve Verschuier. El Gran Cometa de 1680 sobre de Róterdam

También conocido como cometa Kirch o cometa de Newton, está catalogado actualmente como C/1680 V1. Es uno de los más famosos de los últimos cuatro siglos, si ha de juzgarse por los numerosos escritos que suscitó. Es el primero en descubrirse sin ayuda de un telescopio, cosa que ocurrió el 14 de noviembre gracias al astrónomo alemán Gottfried Kirch. Llegó a ser tan brillante, que se le podía observar incluso de día. Estuvo tan cerca del Sol, a solo 0,006 unidades astronómicas, unos 900.000 km, que desarrolló una enorme cola que abarcó buena parte del cielo. Permaneció visible durante cuatro meses, hasta el 19 de marzo de 1681.

La imagen con la que abrimos esta reseña corresponde al cuadro contemporáneo del pintor neerlandés Lieve Verschuier, actualmente en el Museo de Róterdam, considerada la descripción más conocida de este peregrino estelar. En él se aprecia su paso por el perihelio, cuando la cola del cometa llegó a extenderse más de 70° en el cielo vespertino.

Retrato de Isaac Newton (1642-1727)

Enfocándonos en lo meramente científico, Isaac Newton, que en ese entonces tenía apenas 38 años, vio en este maravilloso viajero estelar su oportunidad para comprobar la veracidad de la tercera ley de Kepler y demostrar así las nuevas leyes de la mecánica celeste que siete años después publicaría en su Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica.

Como ya era costumbre, las leyendas y malos augurios estuvieron a la orden del día. Un colono de Esopus, en la actual Nueva York, lo describió así en una carta fechada el 1 de enero de 1681: “Había aparecido en el sudoeste el nueve de diciembre pasado, a las dos de la tarde, con tiempo soleado, un poco encima del Sol, siguiendo su curso más hacia el norte y se vio la noche del domingo, poco después del crepúsculo con una ardiente cola al oeste, para gran asombro de todos los espectadores, y ahora se ve todas las noches que está despejado. Sin duda Dios nos amenaza con terribles castigos si no nos arrepentimos”.

Increase Mather, un clérigo puritano de Boston y profesor en Harvard, publicó su Kometographia o discurso sobre los cometas en 1680. Aunque en ese documento afirmaba el origen natural de los cometas, también señaló que la aparición de uno era un mal presagio y más en concreto un castigo contra los impíos. Una idea suscitó la crítica del filósofo escéptico Pierre Bayle en sus Pensées diverses sur la comète.

Mientras, el jesuita Eusebio Francisco Kino, que observó el cometa en Cádiz, España, publicó a su llegada a México en 1681 uno de los primeros tratados “científicos” impresos por un europeo en el Nuevo Mundo. Este documento tuvo uno de los títulos más extenso que hemos visto: “La Exposición astronómica del cometa que el año de 1680, por los meses de noviembre y diciembre, y este año de 1681, por los meses de enero y febrero, se ha visto en todo el mundo y se le ha observado en la ciudad de Cádiz”. Menudo encabezado va acorde con el contenido: Un exhaustivo registro de las posiciones del cometa y de su aspecto. A lo largo de su trabajo Kino dejó claro que creía firmemente en el destino funesto que presagiaban estos viajeros cósmicos. Su posición causó fascinación en la poetisa sor Juana Inés de la Cruz, quien se inspiró en aquel libro para su soneto «Aunque es clara del cielo la luz pura«.

Pero, por otro lado, el jesuita fue combatido encarnizadamente por Carlos de Sigüenza y Góngora, quien sostenía la misma opinión que Bayle en su Manifiesto filosófico contra los cometas, despojados del imperio que tenían sobre los tímidos (1681). Y así, increíblemente, desde matemáticos, políticos, poetas y clérigos, comenzaron a surgir decenas de escritos, unos más polémicos que otros, en torno a este peregrino.

Su nombre oficial es C/1995 O1. Muchos aseguran que fue uno de los cometas más ampliamente observados en el siglo XX y uno de los más brillantes que se han visto en décadas. Pudo ser contemplado a simple vista durante 18 meses, casi el doble del tiempo que pudo observarse el Gran Cometa de 1811.

El cometa Hale-Bopp fue descubierto el 23 de julio de 1995 a gran distancia del Sol, creándose desde entonces la expectativa de que sería un cometa muy brillante cuando pasara cerca de la Tierra. Este es uno de los casos en los que hay que darles el crédito a dos personas. Por un lado, al astrónomo Alan Hale, de Cloudcroft, Nuevo México, que dio con el peregrino espacial cuando realizaba una búsqueda sistemática de cometas. Lo cerca de la agrupación globular M70, en la constelación de Sagitario. En simultáneo, el astrónomo aficionado Thomas Bopp observaba el cielo con el telescopio de un amigo, cuando percibió un objeto no catalogado que resultó ser el cometa.

Por aquel entonces, Internet era un fenómeno creciente. Así que numerosas páginas web se dedicaron a seguir el progreso del cometa, facilitando imágenes diarias que se volvieron muy populares a nivel mundial. En el verano de 1996 se hizo visible a simple vista y, aunque su brillo se redujo considerablemente en la última mitad de ese año, los científicos mostraron cierto optimismo sobre la posibilidad de que se volviera muy brillante un poco más adelante.

Para diciembre de 1996 se encontraba demasiado cerca del Sol como para que se pudiera observar; pero cuando reapareció en enero de 1997 era ya lo suficientemente brillante como para ser visto por cualquiera que lo buscase, incluso desde grandes ciudades con cielos contaminados lumínicamente. Para febrero, llegó a tener un brillo de magnitud dos, mostrando un creciente par de colas, con una formada por gas azul apuntando directamente hacia el Sol y la otra cola formada por polvo amarillo curvándose a lo largo de su órbita. El 9 de marzo, un eclipse solar en Mongolia y en el este de Siberia permitió a los observadores situados allí ver el cometa durante el día.

Durante su perihelio, el 3 de abril de 1997, el cometa fue espectacular. Brilló más que cualquier estrella del cielo, exceptuando Sirio, y sus dos colas se separaban entre 30 y 40 grados a lo largo del cielo. El cometa era visible bastante antes de que el cielo se oscureciese por completo cada noche y permanecía así durante toda la noche para los observadores situados en el hemisferio norte.

Podría haber sido más impresionante de lo que fue si hubiese pasado tan cerca de la Tierra como lo hizo el cometa Hyakutake (C/1996 B2) en 1996, su cola habría ocupado todo el cielo y habría sido más brillante que la luna llena. En cualquier caso, a pesar de que su aproximación máxima a la Tierra se produjo a una distancia mayor que 1 UA, el Hale-Bopp todavía copaba la mitad del cielo con sus dos colas, aunque el final de ésta fuese demasiado débil como para ser visible sin emplear ningún instrumento óptico.

Aunque no lo crean, a pesar de que la humanidad ya estaba a finales del siglo XX y la tecnología parecía que nos hacía un poco más sofisticado, el paso del Hale-Bopp incitó un cierto nivel de preocupación en la población. Lo primero que ocurrió, en noviembre de 1996, fue que se esparcieron rumores de que una gran nave extraterrestre estaría siguiendo su paso.

El responsable de esta teoría fue el astrónomo aficionado Chuck Shramek, de Houston, Texas. Él tomó una imagen CCD del cometa que mostraba un objeto borroso levemente alargado en sus proximidades. Cuando su programa de ordenador no identificó el objeto con ninguna estrella conocida, Shramek llamó al programa de radio Art Bell para anunciar que había descubierto un “objeto del estilo de Saturno” siguiendo al Hale-Bopp.

Entusiastas del fenómeno ovni, como el clarividente Courtney Brown, llegaron rápidamente a la conclusión de que había una nave espacial siguiendo al cometa. Más tarde, Art Bell dijo haber obtenido la imagen del objeto de un astrofísico anónimo, que estaba a punto de confirmar su descubrimiento. Sin embargo, los astrónomos Olivier Hainaut y David J. Tholen de la Universidad de Hawái indicaron que la foto a la que se hacía referencia era una copia alterada de una de sus propias imágenes del cometa.

Lo peor vino después, a finales de marzo de 1997, miembros de la secta Heaven’s Gate tomó la aparición del cometa como una señal para llevar a cabo su suicidio colectivo. Alegaron que dejaban sus cuerpos terrenales para viajar en la nave espacial que seguía al cometa.

Aunque no pasó cerca de la tierra, este cometa fue ampliamente observado por nuestros científicos y astrónomos aficionados. L9, como suele abreviársele, aunque es llamado formalmente D/1993 F2, chocó con Júpiter en 1994, proporcionando la primera observación directa de una colisión extraterrestre entre objetos del sistema solar. Esto generó una gran cobertura en los medios de comunicación hasta tal punto que el S-L9 transcendió su importancia a nivel científico a una increíble popularidad en el común de la gente. Estos impactos proporcionaron nueva información sobre Júpiter y destacaron su papel en la reducción de basura espacial del sistema solar interior.

Shoemaker-Levy 9 fue descubierto por Carolyn y Eugene Shoemaker y David Levy la noche del 24 de marzo de 1993 en una fotografía tomada con la cámara de Schmidt del Observatorio Palomar en California (EUA), convirtiéndose en el primer cometa observado girando alrededor de un planeta en lugar del Sol, algo bastante inusual. En julio de 1992, la órbita del SL9 pasó junto al límite de Roche de Júpiter y las fuerzas de marea presionaron hasta destrozar al cometa, que posteriormente fue observado como una serie de fragmentos de hasta 2 km de diámetro, los cuales terminaron chocando con el hemisferio sur de Júpiter entre los días 16 y 22 de julio de 1994 a una velocidad de aproximadamente 6·104 m/s (60 km/s). Cada choque generó una cicatriz, esto es, una mancha oscura, cada una de las cuales fue más visible que la Gran Mancha Roja y se mantuvieron allí durante varios meses, incluso hasta la llegada de la misión espacial Galileo.

El impacto de SL9 resaltó el papel de Júpiter como una «aspiradora cósmica» para el sistema solar interno. Estudios han demostrado que, por su influencia gravitatoria, el planeta atrae a muchos cometas pequeños y asteroides que terminan por chocar con él. Se piensa que la proporción de impacto de cometas contra Júpiter es entre dos y diez veces superior que la misma contra la Tierra.

Aunque está claro que es poco probable que algo similar ocurra en nuestro planeta, un ejercicio de especulación científica indica que si el SL9 chocase con la Tierra los efectos serían devastadores. «No estaríamos aquí hablando», según expresión de E. Shoemaker. Si Júpiter no estuviera presente, estos cuerpos pequeños podrían chocar con los planetas internos. Muchos creen que la extinción de los dinosaurios a finales del Cretácico ha sido causada principalmente por el impacto que creó el cráter de Chicxulub, y demuestra que estos son una seria amenaza para la vida en la Tierra. Los astrónomos creen que los acontecimientos de extinción podrían haber sido mucho más frecuentes aquí de no ser por Júpiter; y la vida compleja no podría haberse desarrollado.

Los posibles efectos sobre la tierra de un impacto directo de estos peregrinos celestiales no salen únicamente de las suposiciones. Hace 50.000 años un meteorito causó en Arizona el cráter Barringer. Fue precisamente Eugene Shoemaker quien desveló su origen. A principios del siglo pasado, en 1908, en Tunguska (Siberia) un cometa causó la destrucción de una amplia zona de bosque.

Afortunadamente, el L9 no originó en la cultura popular ninguna nueva locura apocalíptica. Lo único que surgió de toda la fascinación en torno al cometo fue que inspiró a Robert Smith, integrante de la banda británica The Cure, a escribir la canción «Jupiter Crash», incluida en el álbum Wild Mood Swings.

 

Neowise desde Oregón, Estados Unidos. Crédito Steve Peters

Y así llegamos al inspirador de todo este trabajo de recopilación. Oficialmente denominado C/2020 F3, fue descubierto por el telescopio espacial NEOWISE de la NASA el pasado 27 de marzo, en pleno confinamiento. Por eso, lo han catalogado como “la sorpresa del año” 2020. ¿Qué augurio traerá?

Este peregrino ha despertado gran interés científico porque se espera que llegue a unos niveles de resplandor de magnitud dos. En otras palabras, un brillo muy alto que nos permitirá verlo desde lejos sin necesidad de telescopio ni prismáticos. Del mismo modo, se trata de un cometa que proviene de la Nube de Oort. Este dato es importante porque estos cometas suelen contener material primigenio y sin procesar de la nebulosa que formó nuestro sistema solar.

El cometa no volverá antes de unos 7.000 años, por lo que los astrónomos señalan que hay que aprovechar del momento y el buen tiempo para avistar a un objeto tan espectacular como este, algo que no ocurría en nuestras latitudes desde el 1997 cuando pasó el cometa Hale-Bopp.

Nosotros preparamos un artículo muy completo con los detalles científicos de este comenta hace una semana. Incluimos los datos para visualizarlo desde algunos países de Latinoamérica. Haz clic aquí para ver este trabajo.

Ahora sí, el vídeo que corresponde a la transmisión EN VIVO a través del canal Youtube de CICA Radio Online Internacional. Nos reencontramos en una semana.

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