Zombificados: Del mito a la realidad

Los muertos vivientes existen y no sólo en Haití. Caminan entre nosotros, pero no te das cuenta porque van bien camuflados. Tanto que quizá eres uno de ellos y ni siquiera tú te has dado cuenta.

La posibilidad de que alguien retorne de los brazos de la muerte ha perturbado al ser humano desde tiempos ancestrales. Si nos fijamos en las creencias cristianas, la resurrección de Lázaro y la del mismo Jesús, hacedor del milagro, con todo y la fe que pudieron tener los testigos de estos eventos, generó desde temor, asombro e incredulidad, hasta esperanza y alegría. 

Si vamos más atrás, a los muy pero que muy lejanos días de la civilización egipcia, el mito de Osiris, asesinado por su hermano Seth y retornado a la vida por su esposa Isis, es otra de las historias que muestra el maremágnum de emociones que solemos tener ante esa peculiar idea de burlar a la muerte. 

Zombies

Todos quieren ir al cielo, pero nadie se quiere morir. Esta parece ser la verdad a lo largo de la historia de la humanidad. Se resume, en una palabra: Miedo. Bien porque poco o nada se conoce sobre lo que se siente cuando se te escapa la vida, o porque en realidad nadie tiene certeza de lo que hay en el más allá, o quizá porque es abrumador observar los efectos físicos de la podredumbre.

Justamente en esa incertidumbre es donde encuentra su asidero las leyendas de los muertos que caminan sin alma, esos que regresaron sin el consentimiento del Ser Supremo y que, en consecuencia, están condenados a vagar en la tierra como esclavos de la profunda maldad que los trajo a una vida sin la sustancia del aliento divino. Algo muy diferente a la esperanza que se imprime en las parábolas y los mitos como la de Lázaro o el de Osiris, quienes retornaron completos, con la consciencia de su ser y con una misión sagrada para enaltecer el milagro de la creación y la resurrección.

Ahora bien, es ampliamente conocido que la noción del zombie moderno proviene del vudú, religión ancestral de raíces africanas extendida ampliamente en Haití y otras islas del Caribe. Sin embargo, lo que pocos reconocen es que en el horror que causó por siglos la esclavitud y la opresión de los afrodescendientes está el génesis de las leyendas en torno a los zombies caribeños. En otras palabras, la sostenida denigración de la condición humana es la raíz el estereotípo de la vestimenta, los hábitos alimenticios y la pérdida de voluntad que caracterizan a esas criaturas de ultratumba.

Más que imaginación 

Luego de ver el pequeño vídeo que te dejamos al inicio de este artículo, es probable que pienses que la industria cinematográfica impulsó la cultura popular que ahora existe en torno a los muertos vivientes. Eso es correcto hasta cierto punto, pues en realidad fue la literatura quien habló por primera vez de la existencia de estos seres. Y la cosa comenzó en 1697 cuando el escritor francés Pierre-Corneille de Blessebois escribió la novela «Le Zombi du Grand Pérou» (El Zombi del Gran Perú).

Es importante aclarar que la obra no se refiere al país suramericano, sino a una plantación de caña de azúcar en el archipiélago de Guadalupe, en las Antillas Francesas. Apodado el Casanova del siglo XVII y también el poeta preso debido a una vida llena de amoríos y con varios encierros en prisión, Blessebois relata las aventuras que él vivió en ese lugar donde se hizo pasar por un brujo con poderes sobrenaturales, capaz de hacer aparecer zombies. 

Ciento veintiun años después la escritora inglesa Mary Shelley causó un prolongado revuelo – que se ha extendido hasta nuestros días – con Frankenstein o el moderno Prometeo. Su obra, publicada en 1818 como una novela de estilo gótico y sin ninguna intención de exponer la figura del zombie de Blessebois, aprovecha el estupor ante la posibilidad de que un cadaver sea reanimado para hablar de la moral científica, la creación y destrucción de vida, así como el atrevimiento de la humanidad en su relación con Dios. 

En tiempos más modernos, en 2006, de la mente surrealista de Stephen King salió «Cell», una novela que gira en torno a  una misteriosa señal emitida por la red de telefonía global y que transforma en zombies a todas las personas que en esos momentos usaban sus celulares. Anteriormente, el escritor estadounidense había expuesto otra clase de muertos vivientes en su famosa obra «Cementerio de Animales» (1983). En lo personal creo que en ese libro la reflexión giró en torno a lo difícil que nos resulta aceptar la muerte de nuestros seres más queridos; mientras que en «Cell» el enfoque está en la supuesta zombificación que las nuevas tecnologías y la evolución de las telecomunicaciones están causando a la humanidad.

Apocalipsis

¿En qué se nos está pasando el tiempo? ¿Hasta dónde estamos conectados con nosotros mismos? ¿Somos realmente conscientes del mundo que nos rodea? ¿Cuántas horas pasamos viendo nuestros celulares y computadoras? ¿Qué tanto creemos en las redes sociales? ¿En realidad compartimos con los nuestros? ¿Qué clase de ciudadanos somos? ¿Qué estamos aportando al mundo?

Mientras muchos van por allí como muertos en vida, sumergidos en sus particulares distracciones, otros tantos avanzan aferrados a lo que se ha llamado «darwinismo social». Sí, esa teoría que pretende aplicar los principios de la evolución al desenvolvimiento de la historia social.

De acuerdo con este enfoque, la supervivencia del más apto o la selección natural sería visible en los movimientos históricos, en los que las sociedades han competido entre sí para prevalecer. En la práctica esto no es otra cosa que una especie de canibalismo social en el que todos buscaran de comerse a todos para sobrevivir.

Mi visión personal de esto no es otra que una evocación de esas horribles criaturas que murieron hace tiempo y que inexplicablemente se mantienen en pie. Esos zombies sociales – que pueden ser personas, instituciones, sistemas políticos e incluso países – aparentemente no tiene idea de cómo o para qué están fuera de la tumba; aunque hace tiempo que se caen a pedazos por su podredumbre. Solo tienen un extraño instinto de supervivencia. Entonces, en su desesperación por aferrarse a un futuro que ya no tienen, buscan devorar la esencia de los que aún estamos vivos. Desean la energía de nuestros pensamientos y creatividad, la pasión de nuestros corazones y la fuerza de nuestro espíritu. 

En abril de 2020, el famoso filósofo francés Edgar Morin dio unas brillantes declaraciones que describieron muy bien el escenario actual de nuestro planeta:

«Vivimos en un gran mercado planetario que no ha sabido suscitar sentimientos de fraternidad entre los países. Ha creado, de hecho, un miedo generalizado al futuro. Y la pandemia del coronavirus ha iluminado esta contradicción haciéndola aún más evidente. Me hace pensar en la gran crisis económica de los años treinta, en la que varios países europeos, Alemania e Italia sobre todo, abrazaron el ultranacionalismo. Y, pese a que falte la voluntad hegemónica de los nazis, hoy me parece indiscutible este cierre en sí mismos. El desarrollo económico-capitalístico, entonces, ha desatado los grandes problemas que afectan nuestro planeta: el deterioro de la biosfera, la crisis general de la democracia, el aumento de las desigualdades y de las injusticias, la proliferación de los armamentos, los nuevos autoritarismos demagógicos. Por eso, hoy es necesario favorecer la construcción de una conciencia planetaria bajo su base humanitaria: incentivar la cooperación entre los países con el objetivo principal de hacer crecer los sentimientos de solidaridad y fraternidad entre los pueblos».

Esta reflexión de Morin corresponde a una entrevista que le hicieron en El País de España. Si quieres leerla completa haz clic aquí.

Seguramente encontrarás en esas líneas las principales claves para trascender este, digámoslo con ironía, apocalipsis zombie. Porque, tal y como ocurrió con los siglos de esclavitud y opresión a los afrodescendientes, muchos actores de la actual sociedad sostienen un sistema que denigra de diferentes formas la condición humana. Hoy como ayer, sus formas de manipulación se reflejan en la vestimenta, los hábitos alimenticios y la pérdida de voluntad de millones de ciudadanos. Y en la inquietud de estas realidades es que surgen ideas como «el despertar de la conciencia». Esperemos que ya estemos abriendo nuestros ojos para cerrar este perverso ciclo y empezar una nueva y mejor etapa de la humanidad.

The Walking Dead es una exitosa serie de televisión estadounidense basada en los cómics de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard. Tras la caída de la humanidad por un apocalipsis zombie, los sobrevivientes enfrentan la odisea de evitar ser devorados por los «caminantes» y los conflictos con otros sobrevivientes que formaron grupos y comunidades con sus propios conjunto de leyes y códigos morales.

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